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lunes, 6 de febrero de 2012

ESPANTO O SUSTO Nemouhtil

     ESPANTO O SUSTO
     Antonio Fco. Rodríguez Alvarado



      El susto es conocido en pipil como nemouhtil. Comenta Olavarrieta (1989: 83-86), es una enfermedad que afecta a personas de cualquier edad, a consecuencias de recibir un “susto” o impresión muy fuerte; se caracteriza por desgano y depresión, el individuo no habla, no come, sufre de insomnio, de fiebre en algunos casos, y muestra preferencia a permanecer en lugares oscuros: estos síntomas indican que su sombra lo ha abandonado. En general, existe consenso acerca de que el espanto es una enfermedad peligrosa que, si no se atiende a tiempo, puede llegar a ocasionar la muerte, y se piensa que los médicos modernos no pueden curarlo. Los principales tipos de espanto son: de chaneque, de muerto, de agua, de culebra y de causas diversas.
     Espanto de chaneque. Es producido por el encuentro con chaneques, los cuales según el lugar donde habiten, la gente los llama chaneques de río y chaneques de monte. Los primeros “encantan y pierden” a los niños que juegan cerca de los ríos, llevándoselos a sus residencias en las cuevas; los de monte se llevan muy lejos a los niños que ahí se pierden de la vista de los adultos, por lo que su recuperación resulta, por tanto, más difícil.
     El procedimiento mágico para “desencantar”, es decir, para recuperar a estos niños perdidos consiste en ir al río y encender ahí velas, golpeando rítmicamente latas y tambores redondos hechos de cuero de toro, al tiempo que se llama al perdido: “¡Juan, ven!”, pidiendo de esta manera la intercesión de San Juan Bautista. Para “desencantar” a los del monte se llevan cinco velas al lugar en donde el niño se perdió, o a donde se supone que debe estar.
     Los niños recuperados, presentan un síndrome de espanto. Vuelven tristes, distraídos y ausentes, sin responder ya normalmente a los estímulos de su medio ambiente habitual. Deben entonces llevarse con un especialista tradicional que los “limpia” con hierbas como la albahaca, y los sahúma con copal.
     Espanto de muerto. Es cuando una persona declara que un muerto se le aparece continuamente, en sueños o en vigilia, se dice que “le agarró la sombra”. Para curarla, el especialista debe ir al cementerio y efectuar el rito correspondiente en el lugar en donde se encuentra enterrado el muerto que está “espantando” al enfermo.
     Espanto de agua. Ocurre cuando una persona ha estado a punto de ahogarse o caer al agua, lo cual puede ser provocado por chaneques. Para curarla el especialista lo sahúma con copal, colocándole asimismo un poco del mismo en los “sentidos” (sienes). Otro procedimiento del especialista consiste en “chupar” –succionar con la boca, o con un carrizo, los “pulsos” del enfermo, localizados en las muñecas, sienes, codos, rodillas y tobillos. De aquí también los nombres de “chupador” y  de “pulseador”. El ritual completo, llamado “levantamiento de sombra” debe ser realizado en el sitio donde ocurrió la experiencia aversiva. Véase tlapoche.
     Espanto de culebra. Sucede cuando una persona se asusta a causa de que una víbora se cruza en su camino. La terapéutica requiere de una “limpia” con huevo y albahaca. Además se debe sahumar con copal, “porque la víbora es chaneca; es espíritu de la tierra”.


     Espanto por causas diversas. Pueden ser múltiples: caerle cerca un rayo, que un perro trate de morderlo, fobias, etc.
     Refiere Peredo (1993: 116) que entre los nahuas de  algunas zonas de la sierra de Zongolica, cuando alguien cae, la tierra se apodera de su tona y la aprisiona. Es necesario, para liberarla, depositar una cruz de flores en el lugar de la caída y poner tierra de ese mismo sitio en una botella de agua para rociar con ella al enfermo y luego pedir a la tierra con estas palabras: Señor del Tlalokan, Señora del Tlalokan, deja a mi hijo, dale fuerza. Cuando el enfermo no pude movilizarse, esta ceremonia se realiza en el lugar de la caída y en el lecho del enfermo.
     Nutini e Isaac (1989: 48, 86, 93) estudiando a los nahuas de Tlaxcala y Puebla, se refieren al espanto como un susto repentino, que dura de 10 a 20 minutos y puede sobrevenir en cualquier momento hasta el punto de perder el sentido. Se manifiesta por fríos y fiebre, no hay dolor físico, pero cuando la víctima recobra el conocimiento, tarda una o dos horas en ser nuevamente dueña de sí misma. Se cura echando humo de cigarro a la cara del paciente. El “ataque de espíritus” es un caso grave de espanto. La víctima puede estar inconciente de 3 a 4 horas, con confusión mental y ataques de locura que pueden repetirse en 5 o 6 días consecutivos. Es curada por los curanderos quemando chile, cerdas de puerco y de mula y echando el humo en la boca del paciente.
     Romero (70-71) refiere que entre los totonacos, cuando alguien se enferma de susto de agua comienza a sentirse débil, triste, tiene miedo, se siente peor cuando va a llover y en ocasiones sueña que está en el agua. Tiene fiebre, una tos parecida a granos en la garganta y que no se quita aunque tome medicina. La campanilla la tiene pegada al paladar, el enfermo pierde el apetito. El curandero tendrá que rescatar el espirítu del enfermo de susto, a cambio de una ofrenda que se hace a los dioses del agua y cuatro baños al enfermo con plantas medicinales y agua de donde se espantó.
     De la Fuente (1977:318) estudiando a los zapotecos de Yalalag, refiere que se reconoce el espanto, cuando es grave, por la sudoración intensa, el temblor, la falta de apetito, el decaimiento general, la palidez en el rostro, el erizamiento de vello y cabello, la somnolencia, los vómitos y el miedo o el terror, o cuando existe el cuadro de síntomas de la erisipela blanca. La aparición de granos en el cuerpo, en ciertos casos, y dormir con los ojos abiertos (fenómeno que es más común en los niños) también son considerados como síntomas de espanto.

     Extraido de mi libro Diccionario de Dioses, Demonios y Enfermedades del México Prehispánico. Inédito.

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