EXTRATERRESTRE
Antonio
Francisco Rodríguez Alvarado
Amigos, por fin tengo que
decirles algo muy importante que siempre les he ocultado. En primer lugar, mi
nombre es Sol de Marzo, porque en ese mes llegué a la Tierra dentro de un haz
de luz emitido desde un sol o lejana estrella cuyo nombre es impronunciable.
Tardé varios años luz, por lo cual llegué ya viejo a este planeta, claro… con
un aspecto de niño porque la energía cósmica conserva toda molécula o célula
sin deterioro alguno. Todo mí código genético procede de hace más de un millón
de años, lo que me hace ser un gran conocedor de nuestra galaxia conocida por
ustedes como “Vía Láctea” o “Camino de Santiago”.
¿Por qué estoy aquí? Todo
tiene una explicación: Un millón de años antes alguien recorrió el mismo camino
que yo emprendí ahora, y tenía la orden de regresar a la estrella de la cual
vengo para hacerle un sinfín de estudios integrales con el propósito de
investigar la compatibilidad de nuestra estrella con su pequeño mundo. En este
tiempo que llevo de terrícola, he hallado a ese mensajero estelar, he platicado
con él, le he interrogado el porqué de su negativa de regresar y llorando me ha
dicho que él se ha enamorado de la niñez de México y que por nada en el mundo
piensa alejarse de ella, ni mucho menos abandonarla. Algo que me llamó
poderosamente la atención es que las radiaciones nocivas de este planeta no han
hecho mella en su organismo. Él se conserva incólume. Solamente ha cambiado su
nombre terrícola pues los niños de ayer, que por cierto la gran mayoría ahora
viven en asilos de ancianos cariñosamente le llaman: - “Chabuelo”.
Yo no pienso estar mucho
más tiempo con ustedes pues mi misión ha terminado y estoy obligado a regresar
“a casa”.
Fue un placer haber sido
su amigo, espero que ustedes me recuerden como yo los recordaré eternamente.
Así que… hasta siempre.
Antonio Fco. Rguez. A. en
efecto, este es mi nombre de terrícola.
21 de agosto del 2018.
Xalapa, Ver.







