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viernes, 12 de octubre de 2012

ALUXES (CHANEQUES MAYAS)


ALUXES
(CHANEQUES MAYAS)
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Imagen de Internet

     ALUX  o ARUX. Reside donde hay montículos antiguos con restos de cerámica que usaron nuestros antepasados. En general, es creído que el arux procede de los viejos ídolos de barro que se encuentran frecuentemente en esos sitios arqueológicos y que, de vez en cuando, toman vida para andar por el mundo haciendo travesuras. Para evitar las exigencias y molestias de estos espíritus, el agricultor procura romper tales ídolos cuando los descubre. El arux es como un niño. Anda con alpargatas y sombrero; también tiene escopeta y perro. Este último es muy pequeño. En ocasiones, cuando un hombre va por el monte, suele oír disparos del arush y los ladridos de su perro; esto indica que está de caza. Los animales que mata son de “puro aire”, como él y como su perro.



     Constituyen una especie de duendes que andan por las milpas y los montes haciendo travesuras a los hombres con el propósito de que se fijen en ellos y les regalen su comida. De no conseguir sus deseos, pueden llevar sus travesuras hasta el punto de causar perjuicios en la milpa u ocasionar alguna enfermedad al través de los “vientos” que deja a su paso. Por lo contrario, si el milpero los atiende y les dedica algunas ofrendas, el alush se torna bueno y se convierte en guardián del maizal. Mientras cumple esta función nadie puede robar o dañar los frutos. Se ha dado el caso de que el arush arrebate al ladrón las sandías que se llevaba y las pegue de nuevo en la mata. Además, en caso de que la sequía se prolongue demasiado, el arush puede remediar la situación capturando a uno de los chacob (plural de chac, deidades que manejan las nubes y reparten las lluvias) que andan por el monte, obligándolo a que riegue la milpa a cambio de su libertad. Como buen vigilante, el alush no duerme nunca y, si lo hace, permanece con los ojos abiertos. Por otro lado, existe la versión de que el arush fue acabado por un rayo cuando se bañaba en la lluvia. Es por ello que en la actualidad, algunos nativos ya no creen en esos duendecillos, diciendo que fue cosa del pasado que terminó con su muerte. (Villa Rojas, 1992: 288, 297-298). Al parecer los aluxes, o más propiamente aluxoob, deben su esencia al rayo, porque los muertos por rayo se convierten en aluxoob, y estos a su vez son muertos por los mismos rayos. Se piensa que si vuelves tu amigo al alux éste puede ayudarte con su poder. Para pescarlo se le debe dar pozole (atole, a veces fermentado, de maíz). Se le construye una casita amarrada con una fibra especial de corteza de árbol y se amarra sobre una piedra. Si está bien hecha le va a gustar y va a entrar. Una vez en el interior pierde su poder y ya no puede escapar. “Ahí debes hacerlo tu amigo”. Él da poder para tirar (cazar), pero si descubre antes las intenciones, puede enviar calenturas hasta causar la muerte. Rodríguez (2004), López Austin (11, 2004: 288), Almanza (2009). 


   Tomado de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las cosmologías de las culturas mesoamericanas. Incluye un diccionario  de localismos y mexicanismos. Ediciones Culturales Exclusivas, 2007.


jueves, 11 de octubre de 2012

PUKUJ O H?IK´AL. DEMONIO NEGRO


PUKUJ O H?IK´AL
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Pintura de Rafael Nieto


     En la cosmovisión tzeltal y tzotzil es un hipersexuado demonio negro, el cual no solamente mató a “Nuestro Señor el Sol/Cristo” (divinidad asexuada), sino que fue el que enseñó a reproducirse a la humanidad realizando el acto sexual con la primera mujer “a modo de demostración”. Después ella enseñaría a copular a su marido. Los chamulas reconocen que no disfrutarían del sexo ni se reproducirían si este demonio barbudo y velludo no les hubiera enseñado en tiempos remotos. Pukuj (“tentación”, “demonio” en sentido amplio) también llamado h?ik´al (“hombre negro volador”), es la forma más común de los dioses de la muerte y de la maldad; le vinculan con la noche y con todas las perversidades y la oscuridad. Es proteico, enemigo de la alegría, de la felicidad y de la risa del hombre. Es concebido como “un hombre negro del tamaño de un niño de cuatro a cinco años, con cabello rizado, uñas largas, alas en los pies y con un pene de dos metros de largo”. Viste como ladino (pantalón negro, camisa, zapatos y sombrero de ala ancha); su ropa es muy sucia y huele a zopilote. Además es muy resistente, aguanta un toro llevándolo por el aire, y aunque no tenga alas (algunos informantes los describen con alas en los pies) vuela como pájaro, al lado de un cuervo. Carga machete y anuncia su presencia silbando desde la cima de la montaña. No lo hieren los machetes ni las balas. Vive en el monte, la montaña, las cuevas, los sitios oscuros; chupa la sangre a los hombres, come carne humana, la cual come cruda (“parece tener predilección por la cabeza y, por los pechos de las mujeres”) así como frutas, pozol y animales los cuales sazona con piloncillo. Las torres de las iglesias de Santo Domingo (en San Cristóbal) y en las de San Juan Chamula, son consideradas también, sus moradas. Acecha a los indígenas en los caminos menos frecuentados de la montaña y afuera de los pueblos; a las personas que no llega a matar o robar las vuelve locas al toparse con él y amanecen botadas en alguna parte.  Es más despiadado con los borrachos. Molesta a las mujeres, las ataca en el campo cuando buscan agua, una forma de protegerse las mujeres del pukuj es llevar puesto un collar, un anillo o aretes; puede también entrar a las casas para abusar de ellas aprovechando la ausencia de sus maridos. Más aún, le imaginan mágicamente en una vivienda, o entrar por el techo de ésta, entumeciendo a la gente, la que se quedaba sin poder hablar ni gritar y llevarse a la mujer que duerme junto al esposo. Si ella se resiste “él orina en una jícara y la obliga a beber sus meados, para calmarla y convencerla”, o peor aún, le arranca la cabeza para fabricar campanas de sonido claro, dada la agudeza de la voz femenina. Otras veces, ataca a las mujeres arrancándole los pechos para después devorarlos. Por otra parte, si la víctima es un hombre, le ordena cerrar los ojos y cuando los abre encuentra que el h?ik´al lo ha envuelto en un petate y lo lleva hasta las nubes para comérselo. Cuando el h?ik´al se aparea con una mujer robada puede procrear un hijo cada día, cada semana, cada mes, o hasta treinta hijos por año. Los niños nacen negros como su padre, crecen con mucha rapidez y pronto aprenden a volar en la cueva que habitan.
     Cuando el Pukuj entra a una casa, la persona se enferma, no puede recobrarse y se ve forzada a cambiar de lugar “porque la Tierra no quiere que esté bien”. Se dice también que las cabezas decapitadas a los hombres, las lleva a su ciudad, llamada Papasalenco, donde las colocan en estacas. Los esqueletos que hoy en día se encuentran en las cuevas dan testimonio de la existencia de los ´ik´aletik.
     Suele andar o volar por los caminos en la noche y dormir en su cueva durante el día. Se dice que cuando hay buen tiempo sale sólo por la noche, mientras que en la estación lluviosa lo hace de día; viaja con la protección de las altas nubes y de la bruma que le permite volar sin ser visto. Su época de mayor actividad son los meses de octubre y noviembre, ya en esa parte del año prevalecen las tormentas. Igualmente nefastos son los martes, los jueves y toda ocasión festiva.
     En tzeltal es llamado x-´lk´al (“negro afecto a las mujeres”) y Chopol pukuj. Entre los choles es llamado Nék (“tentación”).
     No se puede pronunciar su nombre “porque lo oyen y vienen luego”. Por tal razón debe llamársele con eufemismos como bisabuelo o Natil kaxlán (“Alto Señor”).
     Come en la cueva los restos de los hombres y mujeres que asesina, y con frecuencia vende la cabeza y el esqueleto a los ingenieros que construyen casas, puentes y edificios públicos. La cabeza se mezcla con el cemento de la construcción y tal cimentación permite que se levanten las paredes sin peligro de caer, o también se usa para fortalecer las paredes que tienden a caer. No vende a la mujer porque ella le sirve.
     Los tojolabales comentan que Pukuj, quien originalmente se desempeñó como curandero, logra controlar las influencias maléficas del medio y hacer daño gracias a su asociación con el dueño del inframundo. Su poder se ve mantenido y acrecentado por medio de la ingestión continua que hace del hígado de los brujos que vence en combate y el de los difuntos; ingestión que también viene a fungir como rito de iniciación. Los indígenas tratan de evitar esta práctica apisonando al máximo la tierra de la sepultura e incluso vigilándola durante algunas noches.
     Los tzotziles creen que el pukuj al seducir subrepticiamente a las mujeres dormidas los hijos de esta unión son los brujos por naturaleza, llamados ak’chamel, “el que arroja la enfermedad”. También se piensa que el pukuj introduce secretamente algunas gotas de su sangre en las venas de los niños y cuando estos crecen, se convierten en pukuj. 
     Morley, refiere que Pukuj  es indudablemente una cognada de Ah Puch, el dios maya de la muerte, que reinaba sobre el último nivel del inframundo.
     Este espectro negro, según Holmes, es una derivación de los sacerdotes de cara ennegrecida de la antigua religión maya. Según Núñez de la Vega, citado por Thompson, es Ikal Ahau, “Señor Negro”. Su terrible imagen cubierta de hollín en la iglesia de Oxchuc, ciudad tzeltal, sufrió la misma suerte que la de Pozlom (ver más adelante). A los bebés llorones se les amenaza con el ´Ik´al, que vendrá a llevárselos muy lejos.
     Los totilme´il (padres ancestros, espíritus protectores de la comunidad) luchan contra los h?ik´al que estaban acabando con la gente, a los cuales vencen volando, matándolos con su tsu tsu´n tak´in (“flecha llameante”) o utilizando su “espada flamígera”; posiblemente se asocia a la iconografía de San Miguel Arcángel, el arquetípico vencedor de Satanás. Existen además brujos tzotziles que se pueden nagualizar (convertir) en bolas de fuego (poshlones) que se desplazan a gran velocidad y pueden verse a larga distancia durante algunas horas, después de haberse ocultado el sol, éstos ayudan a prisioneros de los ikaletic, quemando a éstos en las únicas partes que tienen vulnerables, a saber: las axilas y el recto. Ya que el ikal parece invencible por estar protegido con una coraza de hierro que apenas deja al descubierto estas partes.   Baez-Jorge (2002: 147-156); Antonio Castro (1965: 113-117); Vogt (1983); Guitera (1965: 107, 233, 237-238, 257, 274); Holland (1978: 125-127) y  (1963); Pozas (1987: T.ll. 205-206);  Thompson (1984: 389, 392) Villa Rojas (1990: 620-621) y Ruz (1982:T.ll. 57-58).

Tomado de mi libro Diccionario de Dioses, Demonios y Enfermedades del México Prehispánico. Inédito.


miércoles, 10 de octubre de 2012

ÍCARO SEXUAL, el fin del placer


ÍCARO SEXUAL
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado
04-10.12



    - ¡Eres un mal padre,  no quieres a tu hija! Decía mi mujer porque no paseaba a la perrita. Era de noche, acababa de atender a 26 pacientes en un turno de 6 horas, lo que menos deseaba era oír reproches, ni volver a salir a la calle. Salí con la perrita. A una cuadra está el Paseo Martí, ella se pone feliz pues ahí los vecinos pasean con perros de diferentes razas. Ella corrió, jugó y coqueteó; al rato ya cansado, me senté sobre una banca y jugueteé con ella. Estaba inclinado jugando, cuando alcancé a ver enfrente de mí un par de magníficas piernas vestidas con mayas negras, alcé más la vista y descubrí a la dueña de ese par de maravillas, una linda rubia de ojos azules. Al verle a la cara me sonrió y me dijo:

-               ¡Me encanta verlos jugando!,
-    Y veo que eres muy cariñoso con las hembritas!

     Me levanté y nos presentamos. Sentados en la banca empezamos a platicar, o más bien, ella empezó a relatarme su vida:   - Mis padres me trajeron muy niña desde España, antes de los 20 años ya estaba yo casada con un rico industrial, el cual siempre me trató como a una muñequita, no me tocaba, pues todo el tiempo andaba con diferentes mujeres. Yo no podía decirle nada porque enseguida me golpeaba. Lo aguanté durante 15 años, le pedí el divorcio el cual se negaba a dármelo. Hubo un momento en que se quedó callada, se disiparon de su rostro las líneas de preocupación, me miró con fijeza y me dijo:

-      ¡Tiene 4 meses que soy libre, en estos 4 meses no he hecho el amor y quiero hoy... hacerlo contigo!

      No esperaba tal propuesta, y no podía negarme, pues además de ser tan escultural y bella, me dejó atrapado su forma de pedírmelo.

     Dejé a la perrita en casa, di una excusa, saqué la camioneta y regresé por la rubia. Pasamos a un “Súper” por una botella de vino, botanas, cigarros  y unos preservativos. En el trayecto al Motel no paraba ella de abrazarme y besarme, llegando a él nos desvestimos y nos subimos a la cama, nos incitó el momento, iniciamos un rico escarceo erótico y justo al momento de empezar el intercurso ella me dice:

     -¿Espero que mi marido no haya enviado algún guardaespaldas a vigilarme?

     Quedé helado, me derrumbé como si me hubieran cortado las alas volando en lo más alto del placer, eso fue el fin de mi pasión, y sobre todo de mi virilidad, todo, todo, se fue al traste. Me sentí un idiota, no pensé que fuera ella a creer lo que me había pasado. Y para colmo, me envió a buscarle los cigarros a la camioneta, así que con mucho miedo y pensando encontrarme a un criminal que me estuviera esperando fui por ellos. El resto del tiempo me la pasé de lo más incómodo, deseando salir lo más pronto de ahí y regresar a casa. Salimos y ella al igual que antes siguió apapachándome, queriendo que me detuviera antes de llevarla a su casa para seguir con sus mimos, no lo hice, sentí que alguien nos venía siguiendo con la consigna de matarme. No respiré hasta verla entrar en su casa, y sin antes prometerle que la vería al día siguiente,  y de ahí al llegar a la mía me encontré que mi mujer le había puesto trancas a la puerta para que yo no entrara, a través de una de las ventanas alcancé a ver la carita de la perrita, que me sonreía. No traía dinero en efectivo ni tarjetas, así que me dispuse a dormir dentro de la camioneta.

     Era obvio que  no había sido la mejor noche de mi vida. Pero gracias a Dios… seguía con vida.

     Al día siguiente  ella se quedó inútilmente esperándome . No pude cumplir mi promesa. Algunas damas crean motivos para que el hombre deje de ser... un caballero.


Veracruz, Ver. 04.10.12





jueves, 4 de octubre de 2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

COFFE BREAK. Jorge Alejandro Vega


DOMINGO, 23 DE AGOSTO DE 2009




El viejo Reloj péndulo de columna marcaba las diez de la mañana de aquel nublado y lluvioso domingo de septiembre en interior del Café “El Ropero”, un centro cultural y artístico, que reunía a intelectuales, tribus urbanas, así cómo otros inadaptados e incomprendidos sociales, en el corazón de la Ciudad de Veracruz, tan viejo, pero tan vivo y palpitante a la vez.


Periodistas, académicos, escritores, pintores y escultores, así cómo Jóvenes Hippies, Emos, Darks y otras almas transgresoras y atormentadas se reunían volviéndose una sola. Vestían prendas y cabellos multicolores y proyectaban sentimientos encontrados, entre la euforia desenfrenada y la depresión auto asfixiante.



Ivonne, la hija de los propietarios, servía cuidadosamente cafés gourmets, tes y bebidas hindis, siendo estos el denominador común en cada mesa que conformaban los elementos de esta compleja ecuación con muchas incógnitas.



Su padre, José Francisco Mendoza del Campo, había decidido retirarse del periodismo de izquierda, en el cuál se había desempeñado desde que era estudiante activista de la UNAM en aquel ambivalente 1968. Decepcionado por la falta de cambios del sistema, decidió, hace cinco años, dejar la crítica política y la docencia universitaria para emigrar a Veracruz, su ciudad natal.



Al momento de entrar en aquella vieja bodega portuaria, que había heredado de su familia y de la cuál se había olvidado por muchos años, visualizó dentro de esas abandonadas galeras el santuario para su desarrollo intelectual y económico. No había que mucho que hacer, solo limpiar y acondicionar.



Después de raspar el moho y la humedad, José Francisco colocó sobre las paredes, con los ladrillos al descubierto, su colección de obras de Andy Warhol, retratos de las portadas de los primeros discos de Elvis Presley, The Beatles, John Lennon, Jim Morrison, Alex Lora, Michael Jackson, Madonna y El Chapulín Colorado.



Susana Corranti Rojas, su esposa y la madre de Ivonne, exiliada argentina, que llegó a México desde niña, decoró el lugar con libreros de finas maderas, colocando en estos su colección de libros de Truman Capote, Charles Bukowski, Julio Cortazar, Alejandro Jodorowsky, Jorge Luis Borges, Jorge Volpi, Rius y por supuesto, en lugar de honor, la colección de Mafalda y otras obras de Quino, derivada de más de treinta años dedicados al estudio y docencia de las Letras modernas.



A un bajo volumen, se escuchaban las operas Rock de Andrew Loyd Weber, seleccionada por Ivonne, quien entre semana estudiaba la Licenciatura de Música en Xalapa y los fines de semana viajaba a Veracruz a ayudar a sus padres a atender “El Ropero”, dentro del cuál, una mezcla de aromas y sabores a cafeína, pan, merengue, nicotina, libros y ropa vieja se extendía, mezclaba e impregnaba en cada rincón del ambiente.



Al marcar el reloj las diez con cinco minutos, Ivonne, Rubia y de ojos verdes, heredados de su madre, llevaba una charola que portaba dos impecables tazas de cerámica blanca con “Capuchino Moka” en su interior, al llegar a la mesa Cuatro los coloco con cuidado sobre esta.
- Aquí tienen Chicas- dijo al momento de servir, poniendo una gruesa servilleta blanca sobre la mesa debajo de cada taza - cualquier cosa que necesiten solo avísenme- se alejo esbozando una sincera y amistosa sonrisa.



En la mesa cuatro se encontraban Brenda y Giselle, dos hermosas y esculturales mujeres.



Hasta hace tan sólo unas semanas Giselle y Brenda eran unas completas desconocidas, no sabían una de la otra, y no les hubiera interesado conocerse, pero los dados el destino fueron arrojados y un leve roce causal unió sus vidas. Ese roce era Roberto, quien fue novio, amante y, sobre todo, la perdición de ambas.



En el fondo de su calamidad, concedieron una entrevista, a una periodista, a quien narraron sus experiencias. Años después, ya integradas a la sociedad, en proceso de sanar sus heridas y reconstruir sus vidas, estas entrevistas fueron publicadas en el Libro “Machitos”, al leerlo, se percataron de su pasado en común con Roberto. Supieron una de la otra, se contactaron por Internet, se reunieron, se conocieron y, decidieron ir visitar a Roberto, la noche anterior, para aclarar las cosas y, poder preguntarles lo que siempre habían querido saber, ¿Por qué?, ¿Por qué a ellas?



Pero no recibieron respuesta alguna, sólo agresiones y humillaciones de Roberto, quien una vez más se burlo y mofo de sus sentimientos.



Alteradas y con el estomago revuelto, salieron del departamento de Roberto. No tenían otra opción más que olvidar y dejar todo atrás. Comenzar de nuevo, construir una nueva vida, su vida, con sus proyectos, con sus ilusiones y sobre todo con sus esperanzas. Tristes y lastimadas llegaron a “El Ropero” a recobrar el aliento y a llorar, llorar con café y cigarrillos, sus eternos, fieles y únicos compañeros. Se consolaron mutuamente.



-¿Ya nos vamos?- pregunto nerviosa Giselle al terminar su octavo café.
- Sí, ya lloramos mucho- se lamentó Brenda, dejando un billete de doscientos pesos sobre la mesa.



Ambas salieron de “El Ropero” al estacionamiento y, secando sus lágrimas y encendiendo sus cigarrillos, se dirigieron a la camioneta de Brenda. En el interior, Brenda saco de su bolsillo su memoria USB y la conectó al transmisor FM de su estéreo. La música de Radiohead, se empezó a escuchar por las bocinas. Ambas esbozaron una tímida sonrisa, evocando los pocos recuerdos agradables de su adolescencia.



- ¿Qué hacemos ahora?- Pregunto Giselle intrigada.
- Vamos al sur, por los arenales – Propuso Brenda – Oye, ¿tendremos suficiente hielo, pasare por más?
- No, la hielera aun conserva el que compramos hace rato - Respondió Giselle
- ¡Que cosas ¿no?, un macho tan caliente y acaba bien frío! – Ironizó riendo Brenda.
- Ya pasó, Brenda. Ahora, vamos a apurarnos y terminar con todo esto- propuso Giselle, algo fastidiada.
-Yo también, cariño, yo también. Créeme sólo deseo bañarme y saber lo que es, por fin, poder dormir tranquilamente- Susurró Brenda, quien arrancando su camioneta, salió del estacionamiento y tomó la calle principal, hacia el boulevard que conducía a los arenales, mientras ambas cantaban y disfrutaban de la Canción “A Wolf At The Door” de Radiohead.

martes, 11 de septiembre de 2012

VERACRUZ. José Río Espejo


VERACRUZ
José Río Espejo
(1920-1945)



Tú tienes tu vida regada en la arena
y si te conjugas con mi vida en pena
es porque evitas lágrimas de azar
cual la arena absorbe la fimbria del mar.
Presentí tus vientos más cosmopolitas
y tu norte loco por donde nos gritas
que es la hora cero de admirar las piernas
jarochas, rotundas, sensualmente eternas…
Y ya he penetrado – para mi fortuna –
el romance antiguo y final de la luna
que a las olas baja, se destroza en perlas
 y aguarda al poeta que llegue a cogerlas…

Ese tu silencio casi conventual,
reacción peligrosa en la centuria actual,
es parcela yerma de tristeza mía:
por eso es que siempre querré a Andalucía
perdida en las rúas de tu corazón;
y que es carcajada que sale en danzón
a la historia bufa de tu carnaval
o a tu aristocracia tan municipal.

Las antenas teóricas de tus palmeras
han captado el dedo de brisas viajeras
que con la cruz juegan de alguna gaviota,
turista al momento de región ignota.

Tú fuiste ideado por algún artista
y tienes la gloria de ser vanguardista:
Veracruz de Huelga, Veracruz de Risa,
que suda y que marcha en mangas de camisa.
Grande eres por Díaz Mirón, el poeta,
por tus espontáneos Uribe y Azueta;
por todos los tuyos elevo mi hosanna
y hasta por el mismo López de Santa Anna…

y no te he raptado, no obstante mi amor,
porque en todo el mundo no hay lugar mejor
para colocarte: Vida horizontal
de tu gente ignata que canta en jacal;
varonil tu acento que gusta del lío
ya sea en Alvarado o en Boca del Río;
utópica casi tu tierra de fe
que huele a canela y que sabe a café.

Enferma tu ausencia… lacera tu olvido…
cual una paloma que abandona el nido
portando un mensaje para los chilangos
de paz y bondad, ilusión y huapangos,
Cumplí el cometido, y vuelvo de nuevo
a ahogar en tu seno los males que llevo:
la urbe de México está neurasténica
y me ha contagiado su sonrisa escénica.

Por eso regreso a gozar de tu fiesta,
a plagiar tus lunas, a dormir la siesta
imitando al nopo que es todo un sofisma:
parece que piensa y se rompe la crisma
posado de luto en cualquier azotea.
por eso regreso y afilo la idea,
de un paseo verde y asiduo en tu mar,
hasta confundirme y jamás regresar,
trenzando en sargazo mis remordimientos,
vagando sin rumbo por los cuatro vientos;
y en el claro insólito de mi abandono
llorar y reírme en un mismo tono;
reír de la muerte, llorar de la vida,
paradoja estéril de mente transida…

estoy en tus playas… por eso regreso
por una jarocha, por tu azul ileso,
por tus recios sones, que me iré cantando…
en vísperas voy de la muerte, y cuando
me tilden tus playas, dejaré en posdata
- legado de joven -  mi fiel serenata…



Nació en Mérida, Yuc., en 1920. Sus padres se avecindaron en Veracruz a partir de 1923, ciudad en la que radicaron hasta su muerte. Cursó Pepe la primaria en la Escuela “Justo Sierra” que dirigía el profesor Benito Fentanes y la Secundaria y el Bachillerato en el hoy Ilustre Instituto Veracruzano. Después estudio en la UNAM titulándose como Licenciado en Derecho. En ese tiempo a la vez que surgían sus cualidades de poeta, aparecía también su inadaptación a un medio que le era adverso. “La urbe de México está neurasténica y me ha contagiado su sonrisa escénica”. Ni su regreso a Veracruz logra consolar su alma lastimada. Decide terminar con su existencia, anunciándola en su último poema.
     “En vísperas voy de la muerte y cuando me tilden tus playas, dejaré en posdata –Regalo de joven- mi fiel serenata”.
     Cerró su ciclo en el mismo lugar que lo vio nacer. Murió en la  ciudad de Mérida a los 25 años de edad en el año de 1945. El Parnaso pierde un poeta.



Y ME DIJO QUE SÍ. José Río Espejo.


Y ME DIJO QUE SÍ
José Río Espejo
(1920-1945)



Y me dijo que sí,
que me quería.
Que su única ilusión
era ser mía.
Que con gusto comería
del pedazo de pan que yo tenía.


Y después dijo que no.
Que no podía
renunciar a su suerte por la mía.
Que qué pasaría
si se llegara a acabar
el pedazo de pan que yo tenía.


Y me dijo que sí,
que me quería…