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lunes, 10 de septiembre de 2012

LA BRUJA DE AL LADO ME TIENE EMBRUJADO


LA BRUJA DE AL LADO
ME TIENE EMBRUJADO
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado
10-09-12




                                       Deux sorcières, Hans Baldung. 

Doña Flor es una bruja.

     - Para la mayoría de las personas era difícil de aceptarlo, porque ella siempre se comportaba de manera caritativa.

-        ¿Si supieran que en la caridad llevaba el veneno?

     - Sí, ella era nuestra vecina y cada vez que mi hermana mayor tenía un hijo, llegaba la vieja dizque muy humana a conocerlo, siempre, siempre, acompañada de un regalo, una sonaja, juguetes o ropa para niños. Hasta que fui adulto comprendí que cada regalo tenía un hechizo, uno para cada recién nacido.

     - Fui creciendo y no dejaba de verla tirando bolas de pelos, hierbas y trapos ensangrentados a nuestro patio. Nunca supe el por qué de su “mala leche”, de su envidia. De adulto me hago conjeturas, es difícil adivinar el porqué lo hacía, me doy, no se me ocurre nada de peso. Lo que si entiendo es que a raíz de ello mi padre, un buen profesionista, se volvió un enfermo alcohólico, la bonanza económica picó suelo, el marido de mi hermana la abandonó con todos sus hijos. Yo deje la Primaria algunos años para ponerme a trabajar, no había de otra, sino, no se comía en casa.

      - Todos los días, al terminar mis diversos trabajos, antes de llegar a casa iba a la iglesia a  dejarle una moneda a la Virgencita del Carmen. Gracias al producto de mis trabajos y a sus bendiciones es que logramos sobrevivir.

     - Perdón, perdón, la vecina era una vieja de tez blanca, alta, delgada, completamente canosa, vistiendo siempre ropajes oscuros. Era algo así como una viuda eterna, creo que no se quitó el hábito ni para morir.

     - ¡Traía la muerte adelantada!

     - Casi todas las noches veía en las paredes o en el techo de mi cuarto -que estaba pegado a la casa de la vecina- una gran tarántula, no sé si con la cara de la vieja. Cada vez que intentaba matarla a escobazos aquella desaparecía. Para librarme del miedo me persignaba y dejaba que la gata de la casa durmiera arriba de mi cama. Y para terminarla de amolar, los mosquitos, los calores nocturnos y la falta de un ventilador hacían de mis noches verdaderas noches de desvelos dando “de vueltas” en la cama.

     - Salí de mi pueblo para estudiar en la universidad estatal. Con privaciones y hambres pero terminé mi carrera. Nunca me venció la adversidad.

     - La ley de la vida, decimos que la de Dios y los hombres,    me unió a una hermosa mujer; varios años de felicidad, que no fueron eternos. Ella cambió su carácter y la vida se tornó aciaga para mí, me entró una fuerte depresión, perdí el interés por mis preferencias y gustos. Recuerdo muy bien que, en uno de nuestros últimos pleitos conyugales,  en un momento dado, algo pasó que sentí como si se iluminara por dentro mi cerebro, fue algo maravilloso, me sentí libre, eufórico, superior, capaz de todo. Todo lo miraba con una súper claridez como nunca antes. Ella sintió miedo de verme así.  A mi me preocupaba que al irme a dormir perdiera esta fascinante sensación, quería quedármela para siempre.

     - Nueve días después, fui a visitar a mi madre, estaba cenando con ella cuando se escucharon algunos rezos. Mi madre con una linda sonrisa volteó a verme y me dijo: - ¡Hoy es el novenario… de doña Flor!

     - ¿Quién iba a pensarlo, que la muerte de una bruja también me libraría  de la influencia de la otra?





miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA MUERTE DEL HOMBRE INVISIBLE. Antonio Fco. Rguez. A.




LA MUERTE DEL HOMBRE INVISIBLE
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO


Periódico New York Time: Muere el Hombre Invisible: el día de ayer dentro de un departamento propiedad de Marvilla, la Mujer Maravilla, situado en céntrico edificio del Central Park, murió el Hombre Invisible, según los peritos en criminalística, debido a las circunstancias y el lugar en que fue encontrado, se presume que fue asesinado por uno de los superhéroes.

     El mismo día del supuesto asesinato los agentes del FBI acudieron de inmediato a investigar a la Liga de la Justicia, llegados ahí procedieron a  entrevistar por separado a sus miembros, y a otros héroes que se encontraban de invitados en esa ocasión, y cuyas declaraciones fueron las siguientes:

     Mister Aquaman - ¿Conoció usted a la víctima? Juro por todos los peces del océano que no. No, nunca la vi.

     Mister Batman - ¿Conoció usted a la víctima? Juro por todos los entes de la noche que no. No, nunca la vi.

     Mister Flash - ¿Conoció usted a la víctima? Juro por todos los relámpagos, rayos y centellas que no. No, nunca la vi.

     Mister Capitán América -¿Conoció usted a la víctima? Juro por Norte, Centro y Sudamérica que no. No, nunca la vi.

     Mister Thor - ¿Conoció usted a la víctima? Juro por mi padre Odín y por todo el reino de Asgard que no. No, nunca la vi.

     Mister Spiderman - ¿Conoció usted a la víctima? Juro por todos los arácnidos radiactivos del mundo que no. No, nunca la vi.

     Pasaban las horas y los agentes del FBI, al no encontrar elementos incriminatorios entre los interrogados empezaron a desesperarse y a pensar que las sospechas de los criminalistas hacia los súper héroes eran erróneas.

     Siguieron los agentes del FBI entrevistando a una decena más de los miembros de la Súper Liga de la Justicia cuando hace su presentación la hasta entonces desaparecida Marvilla. Llegó ella, toda vestida de negro, con caminar cansado, triste, demacrada, llorosa, con hondas ojeras. Todos los que la vieron, no daban crédito a semejante visión, su estado era lamentable, lastimoso, de pena y de dolor.

     Uno de los agentes tosió para tragar saliva y le espetó la conocida pregunta: Miss Marvilla - ¿Conoció usted a la víctima? Marvilla, no pudo contestarle, con el rostro transido de dolor y con ojos llorosos volteó a ver a su interlocutor, quiso articular palabras y no, no pudo, de repente se había quedado muda, solamente exclamaciones y ayes de dolor se escapaban por su boca, tal cuadro acabó por enmudecer también al agente del FBI el cual tardó un par de minutos para salir de  su mutismo, y reiterarle la misma pregunta. No había aún terminado de formularla cuando se escuchó una potente voz diciendo: - ¡Déjenla en paz!, - ¡Yo les diré todo lo que quieran saber sobre la muerte del Hombre Invisible! - ¡Pero déjenla en paz! La voz era del hombre de Kripton, Superman. Todos se quedaron estupefactos, era imponente ver la figura colosal del inmortal e indestructible, hombre invencible. La primera en reaccionar fue Marvilla quien corrió y se abrazó de él pidiéndole entre súplicas: - ¡No, no, por favor, no digas nada!  - ¡Vuela, huye de aquí, no te comprometas, no digas nada, no fue tu culpa! - ¡Huye… o quédate callado! Superman, caballerosamente levantó a su amiga que estaba abrazada a sus piernas, le dio un beso en la frente y con suavidad la sentó en una silla. De ahí se dirigió juntando las muñecas con los brazos al frente hacia los agentes, diciéndoles: - ¡Yo lo maté, yo maté al Hombre Invisible! Los agentes del FBI aún sin salir del todo de su estupor, de su sorpresa, de manera mecanizada esposaron al caballeroso héroe invencible y se lo llevaron detenido.



     Llegado el día de su comparecencia ante el juez, éste le preguntó:

-        Mister Superman, ¿Por qué no trajo  abogado defensor?

-        Señor juez, ¡Porque no vine a defenderme!, ¡vine a entregarme!

-        Mister Superman, ¿Está usted conciente de lo que está diciendo?

-        Señor juez, toda mi vida he representado y defendido lo que es  justo para el hombre, no tengo ahora por qué renegar o claudicar a estos principios de justicia, no me corresponde, no soy capaz  de  hacerlo. Reitero, va en contra de mis principios.

-        Mister Superman, pero… es que usted, no es cualquier hombre. La humanidad mucho le debe.

-        Señor juez, es más lo que la humanidad me ha otorgado: Un hogar, una familia, amigos y amor.

-        Señor juez, aplique su justicia… me considero tan hombre como cualquier mortal  de este planeta.

-        Mister Superman, ¡Ah, nunca, nunca en mi larga trayectoria jurídica, había pensado, ni en sueños,  en ajusticiar a un hombre tan justo como lo es usted.

-        Muy bien, pasemos a los hechos: - Mister Superman, de favor ponga su mano sobre esta Biblia y jure que va a contestar solamente con la verdad a mis preguntas.

-        Señor juez. ¡Lo juro por Dios!

-        Mister Superman, puede usted empezar a relatar su historia, en esta sala todos lo escuchamos.

-        Señor juez, señores y señoras, he jurado ante el libro de la palabra divina de Dios y ante todos ustedes como testigos  decir solamente la verdad.

     Pues bien, como no debo ocultar nada empezaré diciendo que en la vida ciudadana me llamo Clark Kent, de profesión comunicólogo, siempre entregado a la verdad y rechazando obviamente todo lo que apeste a manipulación y a mentira.  Hace una semana ocupado en una investigación sobre Lex Luthor, salí  de mi oficina del Periódico “El Planeta” más tarde de lo acostumbrado y como es usual, casi un rito, me quité mi traje de ciudadano y al grito de “To fly for the sky” me convertí en Superman. Volaba por Manhattan Center vigilando sus edificios, sus parques y sus avenidas, cuando de pronto, a través de mi supervista, enfoqué dentro de un departamento a una mujer que se hallaba desnuda, acostada boca arriba sobre la cama, moviéndose en forma lúbrica, espasmódica, creo que al punto del clímax,  a mis superoídos llegaban sus gemidos de placer, y aumentó  mi sorpresa al descubrir que se trataba de mi amiga Marvilla, sentí correr por todo mi cuerpo una corriente desconocida que me enervaba, por más que pensé en Louise Lane, el amor de mi vida, no podía apartar de mi cerebro la imagen de mi hermosa amiga,  de su cuerpo sensual, sudoroso, que pedía entre gemidos y sollozos la presencia de un amante. Recordé en segundos, tal como si fuera a morir,  todas las etapas de mi vida. Debo reconocer que vivir en este planeta ha humanizado mis sentimientos y mis emociones. Me atacó una crisis de pasión, de lujuria y de locura y sin pensarlo dos veces volé hacia ella, y previo al momento de tomarla, sentí que chocaba contra una barrera de la cual salió un quejido de agonía, un grito de muerte, era el Hombre Invisible, él era su amante, y yo acababa de matarlo.

     Momentos antes de que Superman terminara de relatar su trágica historia, se escuchó en la sala un clamor general el cual se tornó posteriormente en un silencio sepulcral como significativo de que no había poder o razón  humana ni divina para condenar al acusado.

     Al día siguiente en los diarios de todo el mundo: El Planeta, El País, The Times, Le Monde, La Nación, Aftonbladet, New York Time, Washington Post, etc. apareció a primera plana: ¡CONDONADO! La sociedad mundial celebra con júbilo el veredicto final de la Corte Americana.

  Terminaba la nota periodística explicando: - Nada de fusilarlo en el paredón, con balas de kriptonita como piden los rusos.


Veracruz, Ver. 4 de septiembre de 2012.





sábado, 1 de septiembre de 2012

LAGUNAS MENTALES DE CATEMACO Antonio Fco. Rguez. A.

LAGUNAS MENTALES
Lagos de Catemaco
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado


Imagen de Internet

Hará unos 50 años en que en nuestras retinas quedaron plasmadas como fotografías antiguas, las bellezas de nuestra paradisíaca Villa. Aunque las fotografías eran en blanco y negro, ya existía la magia del retoque del color de Don Quintín Alvarado.

     A mi generación nos tocó aún el remanente de la belleza primigenia, de la primitividez, de la selva aún no totalmente asesinada y destruida por la modernidad que daría el confort al sintético, radiactivo, neurótico e inestable  “hombre moderno”.

     En los sesentas, era lastimoso ver salir a diario grandes camiones cargados con troncos de los árboles de nuestra región. Nunca ha habido una ley que lo prohíba, y si la hay…lo permite. Aproximadamente el 60% fue devastado por la ganadería, y por la fábrica de triplay instalada en Santiago Tuxtla.

     Para llegar a esta Villa, estaba aún recién construido el tramo de la carretera que comunicaba a la región de “Los Tuxtlas” con los puertos de Veracruz y Puerto México (Coatzacoalcos). San Andrés Tuxtla como cabecera municipal fue además favorecida con la red ferroviaria.

     Hará unos 50 años, en que vivíamos en un claro de la selva misma, un lugar sagrado heredado a nuestros abuelos y bisabuelos por la raza popoluca,  descendiente y heredera ésta a su vez de la sabia raza Olmeca.

     Debo aclarar que además ya había el mestizaje con nahuas pipiles, que alrededor del año 300 d.C. habían construido la ciudad más grande conocida en el sureste de Veracruz, la enclave teotihuacana de Matacapan, con más de 30 mil pobladores.

     Hará unos 50 años, en que los habitantes de la Villa podíamos bajar al lago y gozar y admirar todo su natural y mágico entorno: cerros, montañas y volcanes completamente cubiertos de un ropaje de árboles, de una exuberante y explosiva vegetación tropical, las azules aguas vivas algunas veces durmiendo en la placidez enviando a las orillas el fino oleaje de sus suspiros, y otras  veces en plena vigilia a la frescura de los vientos de nortes y suradas nos regalaba grandes,  hermosas y sonoras olas, que al romper, con salpicaduras y chapoteos nos mojaba y refrescaba el cuerpo, pero esto no era todo, por todos lados podías observar hermosas y policromas aves, algunas volando, otras en sus nidos en las copas de los árboles, su canto era parte de la magia, del ensueño, de la alegría natural, del deseo de vivir.

     Las playas tenían libre acceso, no habían hecho aún el malecón, podías meterte a nadar, bucear, chapotear y bañar en las limpias aguas del lago, o bien, sacar ategogolos entre las piedras y entre las raíces de los árboles de apompo. Por las mañanas, después de escuchar el aviso de un toquido de caracol, se podía ir a comprar topotes, mojarras y una que otra  anguila que los pescadores vendían arriba de sus lanchas. Algunos habitantes preferían ir con su caña de pescar para hacerlo personalmente; y algunos estudiantes alquilábamos una lancha de remos que nos servía de ejercicio y paseo. En algunos lugares cerca del puente, enfrente del “Brujo” y de Koniapan podía uno observar a las mujeres lavando, a golpes sus ropas contra una gran  piedra volcánica, con el dorso descubierto y sin que hubiera morbo sexual.


Imagen de Internet

     Algunas noches nos juntábamos en la playa, dónde ahora salen las lanchas del turismo, y platicábamos nuestras historias de monstruos marinos, de la Llorona, de la Mano Peluda, Yobaltavan, la Vieja Chichima y de chaneques. Regresábamos pronto a casa, nuestro  permiso era hasta las 9 de la noche.


     Hará unos 50 años, los niños y jóvenes de entonces, nos internábamos en lóbregas veredas brincando los alambres de púas de los corrales y atravesando cerros para poder llegar a lagunas inaccesibles, como eran las de Axmolapan y  la Laguna Verde o Chalchoapan del cerro de  Cacahuateno, la vista desde este cerro es maravillosa, se aprecian grandes extensiones de la laguna y por otro lado unas vistas increíbles del Titepetl, y toda la serranía hacia San Andrés Tuxtla, aunque estaba completamente plagado de viborillas que se hacían a un lado a nuestros pasos; teníamos que ir abriendo maleza con nuestras manos para poder llegar a esta laguna, y ya ahí contemplar toda su belleza con miedo y con asombro, estaba completamente copada por la vegetación, nunca nos metimos en ella, el miedo a encontrarnos fieras en su interior nos lo impedía. Su orilla estaba plagada de chichicaste, lo cual hacia más difícil nuestra excursión. Regresábamos a casa cargados de gran satisfacción, éramos “grandes”. Otras ocasiones, nos metíamos a unos terrenos enfrente de Tebanca y descubrimos una cascada que al parecer sólo se forma en épocas de lluvias. Los ascensos al cerro “Puntiagudo” eran frecuentes y al “Mono Blanco” sólo una vez, y en Primer Viernes de Marzo. Las idas a las playas del mar: Montepío, Xicacal, Balzapote, Playa Escondida y La Barra, son otra historia. La modernidad, los caminos y los letreros han ido terminando con esa magia. 




miércoles, 29 de agosto de 2012

LA LAGUNA ENCANTADA Antonio Fco. Rguez. A.



LA LAGUNA ENCANTADA
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado



Yanbigapan o Yambikapan. Nombre indígena de la Laguna Encantada, en la cual bajaba el nivel de sus aguas en época de lluvia, y subía el nivel de las mismas en época de sequía. Formada en el pequeño cráter de un volcán extinto. Tiene 1500 m de circunferencia. Se ubica a 3 km al norte de San Andrés Tuxtla, a 300 m.snm. Del pipil yambik , nuevo, fresco + a(t), agua + pan, en, sobre: “Sobre el agua nueva o fresca”. En náhuatl sería Yancuicapan. En relación a que en época de sequía se encontraba en ella agua nueva o fresca. Cerca de la orilla de la poza o laguna existe una cueva, habitada por murciélagos, donde antiguamente adoraban a deidades del agua. Encontramos en su guanoso interior restos de cirios sobre altares de piedra,  siendo hoy uno de los centros de la magia de la región. || Comenta Gómez Mayorga (1961), esta laguna, de unos 600 a 700 m de diámetro, fue alimentada por veneros subterráneos como las demás del mismo género (Tequesquitengo, Zempoala, Valle de Santiago) y con desagüe por grietas más debajo de la superficie, esta particularidad fue la que la hizo llamar “Encantada”. || Comenta Medel y Alvarado (1961) que el 20 de noviembre de 1932 y sin causa aparente, se rompió el vaso en la parte más frágil y formando un túnel de tierra y piedras, vació gran cantidad de su caudal; y como inundó las tierras planas de labrantío de Sihuapan, los habitantes de aquí vieron en peligro sus siembras y se reunieron en la rotura del vaso para ver la manera de remediarlo. Ya listos con picos y palas, discutían la mejor forma de hacerlo el día 21 como a la misma hora de la rotura, cuando de pronto, se desplomó el túnel y por si sólo tapó la salida de agua. Pero el 31 de diciembre de 1939 como a las 6 de la mañana, los habitantes de Sihuapan oyeron un ruido muy extraño y saliendo a inquirir la causa, sólo les dio tiempo a subirse a los árboles y techos de sus casas, al suponer que era el agua de la laguna, que por estar en parte muy alta y cauce sinuoso, avanzó con furia incontenible, arrastrando cuanto encontró a su paso, como árboles, tierra, piedras de todos tamaños, incluso gallinas y marranos de esa ranchería. La inundación duró más de 3 horas y el nivel de la laguna bajó 4 metros que ya no recuperó; y así quedó abierto el desagüe que se ve en forma de cascada formando un nuevo arroyo, conocido como Arroyo Seco, afluente del de Sihuapan, a 2 km hacia abajo, y este último desemboca en el Comoapan.


     Comenta Pasquel, que según la tradición, una princesa tuxteca, deseosa de contribuir a la prosperidad de su tribu, hace cientos de años, se ofreció en sacrificio a los dioses con una condición: que no faltara nunca el agua en la región. Los dioses generosos y magnánimos, aceptaron la transacción. Tomaron la hermosa y regia ofrenda y dispusieron que la laguna de Comoapan resurgiese cada vez que las lluvias faltasen, a modo de sustituirlas, podría decirse, y disminuiría su nivel cuando la temporada de aguas estuviese en su esplendor. A fe que si la leyenda es sólo un mito, el encantamiento es bien cierto. Dentro de las especies acuícolas encontradas están: langostino o pigua (Macrobrachium carcinus), pepesca de Catemaco (Bramocharax caballeroi), etc.



     Tomado de mi libro “Los Tuxtlas nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las Cosmologías de las Culturas Mesoamericanas. Incluye Diccionario de localismos y mexicanismos. 2007. Ediciones Culturales Exclusivas, Boca del Río, México.


domingo, 26 de agosto de 2012

CASAS DE PLACER EN EL VIRREINATO Francisco Santiago Cruz


LAS CASAS DE PLACER EN EL VIRREINATO
Francisco Santiago Cruz



     Pequeña y recoleta era la ciudad de México en los siglos del Virreinato, con sus numerosas iglesias y conventos; con las mansiones lujosamente aderezadas de los ricos señores; con las amplias casas de la burguesía y las humildes viviendas de los pobres.
     La actividad de la ciudad dependía del calendario de las fiestas religiosas; numerosas eran las novenas, los octavarios, los triduos en honor de los santos patronos. Aún quedan por allí ejemplares del calendario dispuesto por don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, hábil matemático de la corte y agrimensor titulado por su majestad, de tierra, agua, minas de todo el reino, para el año bisiesto del Señor de 1788. Calendario con los signos del zodiaco, con notas cronológicas, con las fases de la luna, con las fiestas movibles y las de fecha precisa.
     Pero, como todo en la ciudad, no podían faltar las fiestas de tipo mundano, las reuniones, los saraos de la corte, las ferias de barrio. Más estas reuniones no tuvieron lugar tan sólo en las casas citadinas, sino también en las casas de campo de las inmediaciones. Fueron notables los huertos y jardines de San Cosme, San Ángel y San Agustín de la Cueva. La arquitectura en sí de estas casas de campo no tuvo nada que admirarse: en ocasiones lucía la fachada el escudo de armas de su dueño, una o dos hornacinas con motivos religiosos, puerta de madera entablerada y grandes ventanas protegidas de gruesas rejas de madera o de fierro. Mas era en su interior en donde había que admirar la riqueza de los árboles, de las plantas, flores y frutos de las especies más variadas y ricas; cerezas, ciruelas, melocotones, albaricoques, higos, uvas, melones, manzanas, peras, zapotes, guayabas y otras frutas propias de los climas tropicales. Entre las casas de campo o de placer como entonces se llamaban, fueron notables las del Marqués del Valle, la una situada en donde estuvo el cementerio inglés y la otra en la antigua Tlaxpana.
     El padre Betancourt, en su Teatro Mexicano, al comentar los alrededores de la ciudad de México, tuvo a bien escribir:
     “Todo lo más de la comarca, en cinco leguas en contorno, está poblada de huertas, jardines y olivares, con casas de campo que los ricos de la ciudad han edificado para su recreo: en San Agustín de las Cuevas, paraíso occidental, donde se compiten con gastos excesivos los dueños de las huertas, a cual más curiosa la tiene, con intervenciones de agua que entretienen; donde la Peña pobre, con lo rico de sus aguas, abastece la huerta del Tesorero de la Casa de Moneda; hace salir de sus casillas para verla aún a los más serios: Cuyuacán, Mixquac y Tacubaya, donde el olivar del Conde de Santiago, aunque con los aceitunos y olivares todo es uno, precede a todos los olivares como solo; las lomas, y quebradas en tiempo de verano son vistosas, con arroyos de agua tan sonoros, y florestas de flores campesinas”.
     Mas si de viejos textos se trata, citemos aquí un curiosísimo texto de una información del año de 1556, en que un vecino declara que: “Muchas personas se iban a las huertas desde la mañana hasta la noche y muchas de ellas sin oír misa y otras personas estaban tres y cuatro días en sus regocijos y pasatiempos, sin tornar a la ciudad, donde se hacían ofensas a Dios nuestro Señor”.
     Hasta aquí estos curiosísimos relatos que con la venia del bondadoso lector hemos citado. Pero no siempre ocurrían en las casas de placer esta clase de regocijos y pasatiempos: servían también como retiro, fuese para entregarse a la lectura o bien para buscar la salud, a la sombra de las frondas de los árboles, en el deleite de los frutos, o bien en el goce de las flores de la tierra de primavera y verdor.

     Los que contribuyeron a los progresos rápidos de la agricultura fueron sobre todo los frailes misioneros. Las huertas de los conventos y de los curatos eran almácigos de donde salían los vegetales útiles, recientemente aclimatados.


Francisco Santiago Cruz. La Conquista Florida. Flores y frutos en la historia de México. Primera edición 1973. Editorial JUS, México, D. F.

jueves, 9 de agosto de 2012

MARÍA, JORGE ISAACS


MARÍA
JORGE ISAACS
Colombiano 1837-1895



Hacienda "El Paraíso", patrimonio cultural del Valle de Cauca, Colombia. Aquí se desarrolló la novela de la realidad de Efraín (Jorge Isaac) y su prima María.

     Esta novela romántica relata la pasión amorosa de María, joven huérfana, acogida por una rica familia de colonos, en cuyo seno vive, compartiendo con Emma y Efraín, hijos de sus protectores, el cariño de estos, junto a los que tiene una vida fácil y patriarcal, cuyos únicos goces los constituye la contemplación del paisaje y las labores femeninas. En este ambiente, el alma poderosa de María reclama para sí el amor de Efraín, ser en quien concurren todas las fascinaciones a que es sensible el alma femenina educada en el regalo. Efraín es rico, es inteligente, es apuesto…, pero Efraín no es valeroso. No afronta decididamente la realidad del amor que le ofrece María porque necesita más recibir que dar. Pocos momentos gozan de soledad los amantes y en ellos parecen recrearse siempre más con el temor de la separación que con el goce de la mutua presencia. Así, también María se angustia anticipadamente con la separación que amenaza el regreso de Efraín a Europa, adonde debe ir a terminar sus estudios. María va preparando su marcha, jalonando, podríamos decir, el camino de su soledad con gestos de despedida. Cambia pruebas de amor, planta un rosal y una mata de azucenas con los que se propone dar al lejano amante constancia de su pasión y de los que íntimamente hace símbolos de los que espera la ayuda necesaria para soportar la soledad. María sabe que está enferma. Sabe que su madre murió muy joven de un terrible mal (epilepsia) y ella siente en sí, en su depresión, el germen del mismo mal, cuyos efectos solo la presencia de Efraín aleja. No es el temor de perderle –ya que están prometidos- lo que angustia a María, sino la conciencia de su propia debilidad. En efecto, María, después de inútiles y angustiadas luchas, sucumbe de su mal, al que no puede sobreponerse.
     Avisado Efraín, regresa para hallarla ya únicamente presente en los objetos que la rodean.
     La descripción de este viaje realizado por Efraín es, sin duda, de lo mejor de la novela. Un mundo maravilloso y real, de palpitante belleza, desfila ante nuestros ojos. Aunque presente siempre, el recuerdo de María palidece como un sueño ante la vívida realidad de este viaje.
     Toda la novela se desarrolla en un clima dulce, tibio, rousseauniano-romántico. La luz es suave, las costumbres sanas y alegres, el paisaje primoroso. Nada hay, excepto el mal de María, desalentador ni de tonos sombríos, y aun este mismo mal está aceptado por ella con una alegre resignación, sin imponer jamás molestias ni proyectar nunca sobre los demás su propia inquietud.
     La América de la época colonial es la verdadera protagonista de la novela. Sus costumbres, su suelo, su lenguaje, su fertilidad, la vida de los americanos y la de sus esclavos negros, dan al libro trozos tan destacados como la bella y evocadora historia de Nay y Sinar, y la tranquila narración, palpitante de vida, de Salomé.
     Merecidamente ha calificado Paul Groussac la novela de Jorge Isaacs de Poema de América.


Luis Nueda y Antonio Espina. MIL LIBROS. Ediciones Aguilar, 1970, Madrid, España.


HAMBRE, KNUT HAMSUN



HAMBRE
KNUT HAMSUN
Noruego 1859-1952. Premio Nobel de Literatura 1920.



En forma autobiográfica hace Hamsun, con impresionante realismo, una minuciosa transcripción de los padecimientos físicos y morales de un joven escritor acosado por el hambre y dominado por la abulia, al cual nos presenta divagando por Cristinía (Oslo) durante unos meses, sin comer más que de cuando en cuando con el producto de un artículo periodístico, y alternando los míseros albergues, que no siempre puede proporcionarse, con las noches pasadas a la intemperie.
    La incongruencia característica de las acciones y reacciones de un semiloco es la nota dominante en la conducta del pobre hambriento. Hallándose sin comer y sin un céntimo, vende el chaleco para dar una moneda a un cojo – que la desprecia y la arroja al suelo-; acosa estúpidamente a dos señoritas, diciéndoles con maniática insistencia, que han perdido un libro; se dirige a Dios con absurdos reproches, en los que alterna la devoción con la blasfemia al sentirse víctima de los rigores del destino; pasa una velada de insomnio en el departamento de indomiciliados de la Dirección de policía – donde se presenta simulando ser un alegre calavera medio borracho – una triste noche en la que no sabía  dónde meterse; trata tozuda e inútilmente, de empeñar los botones de la americana para comprar un panecillo; arroja sobre el mostrador de una taberna el dinero que un tendero compasivo le había dado como vuelta de cinco coronas imaginarias al adquirir una bujía, creyendo que se trataba de una equivocación con la que le parecía indigno lucrarse, sin pensar en devolver aquellas monedas al supuesto equivocado; y, después de otras diversas andanzas, torturado siempre por el hambre, que es su fiel compañera, e impotente para escribir una sola cuartilla sin desvariar, acaba por partir en un buque mercante ruso, a cuyo capitán se ofrece angustiosamente para el trabajo que le quiera encomendar.
     Una aventura erótico-sentimental con una de aquellas señoritas a quienes persiguió asegurándoles que habían perdido un libro, y que tuvo el raro capricho de enamorarse de él, a pesar de su repugnante y desastroso aspecto, pone algunos matices de melancólica ternura en el sombrío cuadro. Y, aparte de esa extravagante enamorada, la única persona que muestra compasión por el desventurado es el director de un periódico, quien, después de rechazarle un artículo, le encuentra en la calle, y adivinando su angustiosa situación, le regala diez coronas.
     Es opinión corriente, fundada, al parecer, en manifestaciones del propio Knut Hamsun, la de que estas páginas reflejan experiencias e impresiones personales de los tiempos de lucha y de miseria que en la azarosa vida del autor dejaron la huella de un recuerdo imborrable. Sea de esto lo que fuere, lo que no tiene duda es que la detallada descripción que hace de los tormentos y alucinaciones producidos por el hambre es algo formidable. Pero no es menos digno de notarse el acierto con que logra reducir su pensamiento a frases tan justas, que en unas cuantas palabras pintan acabadamente una situación o encierran un cúmulo de ideas. Por ejemplo, al narrar el encuentro con una desdichada a quien confiesa que no tiene un céntimo y que, a pesar de eso, atraída por su lenguaje insólito, le brinda sus favores gratuitamente –cosa que él rechaza con dulzura, afirmando que es pastor, y exhortando a la pecadora a volver al camino de la virtud-, inicia la escena con estos trazos, breves y definitivos: “Serían las once aproximadamente. La calle estaba bastante oscura; por todas partes, hombres silenciosos, silenciosas parejas y grupos murmuradores. Comenzaba la hora propicia y cómplice de los instintos, la hora medular y valetudinaria de la aventura fútil y descocada. Mujeres de vida inquieta, corazones palpitantes, alientos sobreexcitados, impaciencias sofocadas. En el extremo de la calle, una voz llamando a Emma; y toda ella, un lodazal inmenso abierto a las perversiones del instinto.”
     Como contraste magnífico con esas miserias, en el relato de las impresiones de una de las veladas pasadas a la intemperie entre los árboles de un bosque se leen estas palabras: “El hálito silencioso de la noche daba un rumor quedo; todo estaba silencioso; todo. Solo arriba, en lo alto, palpitaba el eterno canto, el aliento del mundo que nunca cesa. Yo percibía tan profundamente ese rumor de las cosas eternas que acabó por aterrorizarme. Era, sin duda, la sinfonía de las moles estelares, de la rotación de los astros milenarios que se derrumbaba sobre mí como un himno de estrellas…”
     En suma: la admirable novela acusa una originalidad y unas dotes de escritor realmente notables.

     Luis Nueda y Antonio Espina. MIL LIBROS. Ediciones Aguilar, 1970, Madrid, España.