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lunes, 14 de septiembre de 2015

ANÉCDOTAS CHUSCAS DEL SERVICIO SOCIAL Antonio Fco. Rguez. A.

ANÉCDOTAS  CHUSCAS DEL SERVICIO SOCIAL
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

     Zacatecas, Imagen de Internet

     La primera quincena de estar en mi clínica de Sta. Ifigenia, Zacatecas, llegó mi pareja a a visitarme, el ómnibus la dejó en el Restaurante de San Andrés Puerto Madero, por lo qué preguntó a un lugareño: ¿Oiga cómo le hago para llegar a la clínica de Sta. Ifigenia? Contestándole el lugareño: -¡Mire ahorita busco un mueble para llevarla! Obvio que ella al escucharlo pensó que estaba loco ¿cómo la iba a trasportar en un mueble? ¡Ni que fuera Cleopatra!, grande fue su sorpresa a los 20 minutos cuando el individuo regresó manejando un coche y diciéndole: -¡Suba a mi mueble!

     Llegando a la clínica tocaron el claxon, la vi bajar del carro, al tiempo que don Ángel, el conductor, con una sonrisa pícara me decía: - ¡“Dotor” aquí le dejo a una paciente! Le di las gracias, despidiéndolo con la mano, y ella y yo, al vernos solos, fundimos nuestros cuerpos con un apasionado abrazo.

     Serían las 7 de la noche, cuando escuché que me hablaban, era mi asistente médica Chuy, quien acompañada de un hermanito y de un “chucho” (perro) me dijo: ¡Doctor le dije a mi mamá que usted tenía visita, así que les preparó algo para cenar! Salimos todos juntos caminando unas tres cuadras a la casa de doña “Mary” y don Benito. Nos esperaban una calientita sopa de papas y unas carnitas de conejo de las sementeras (sembradíos), refrescos embotellados y café de olla, disfrutando además del calor humano, del rico calorcito del fogón de leña, de la humilde pero cordial casita de adobe.

     Se ofrecieron acompañarnos de regreso a la clínica, para lo cual tomaron unas linternas para “aluzar” el camino en la oscuridad de la noche, pues era frecuente encontrarse con alacranes, serpientes de cascabel y uno que otro coyote.





     



     Ya en la clínica prendí la lámpara “Coleman” y un par de horas después nos quedamos profundamente dormidos.

     Todos los días atendía a un promedio de 20 a 25 pacientes, tanto de Sta. Ifigenia como de comunidades aledañas, los cuales eran llevados en “trokas” (camionetas). Las enfermedades más comunes en adultos eran las crónico-degenerativas, destacando las de tipo reumático; un gran porcentaje de las que acudían a atención prenatal preferían parir con las parteras,  y en los niños las poliparasitosis, predominando la disentería amibiana. Y en ambos casos las enfermedades de vías respiratorias altas. Con cierta frecuencia atendía a niños “tapados” por comer tunas. Era, por decirlo así,  médico único de toda esa vasta región, pues a la clínica del SSA en San Andrés Puerto Madero casi nunca enviaban a un facultativo.

     Casi todos los pacientes eran conocidos por mis asistentes médicas, muchos de ellos inclusive eran sus parientes. Una mañana llegó una señora cincuentona, al verla le dije: ¡Buen día hija, pasa, toma asiento! Respondiéndome ¡Buen día le de Dios, “Dotorcito”! y le pregunté: ¿Qué pasa corazoncito? Y me dice: ¡“Dotor” vengo a verlo porque no me ha llegado mi visita! Obvio que le entendí pero quise disfrutar el momento, y fingiendo seriedad le dije: ¡Pues si tu visita no ha llegado, tú tienes que ir a verla hija! La señora mostrando cierta preocupación me dijo: - ¡“Dotor”, es que ando mal de allá donde le conté! Y le contesto: ¡Hija tú no me has contado nada, apenas nos estamos conociendo! Ya desesperada me dice: -¡“Dotor, ando mal de donde semos mujer¡ antes de seguir hablando me dice mi asistente médica: ¡Doctor, a mi madrina  no le ha llegado su menstruación!, me les quedo viendo a las dos mujeres como saliendo de un gran  embrollo y dirigiéndome a la señora externé:  ¿A ver hija, dime desde cuándo no te ha llegado tu visita? y ella más relajada y hasta contenta me dice: ¡Ya ve “Dotorcito” que si me entendió! En compensación por haberla hecho sufrir tanto, le di sus vitaminas tomadas e inyectadas, sus tabletas de hierro y hasta un desparasitante para toda la familia.

     Don Bernardino, era una amable persona, era el presidente del comité de salud del lugar, seguido me iba a visitar y en lo que platicábamos se ponía a mover la palanca de la cisterna para subir el agua al tanque. En una de esas ocasiones pasó junto a nosotros una señora joven y muy guapa y lo saludó afectuosamente. Yo de cotorreo le digo a mi amigo: ¡Órale don Berna que es gallina joven! Y él me contestó: ¡Ay “Dotor” “que espeta” (que esperanza)! Acabamos riéndonos de nuestras “charras” (chistes).


Imagen de Internet

     Un fin de semana, nos quedamos sin agua del tanque y de la cisterna, y ese día estaban reunidas mis dos asistentes de base y la voluntaria, en un momento dado me pidieron permiso para ausentarse un rato, pero alcancé a ver que jalaban un papel sanitario y se dirigían hacia la parte posterior de la clínica en donde había una cañada seca  con muchos agujeros que parecían cuevas, y preocupado les dije: -¡Muchachas tengan cuidado con los alacranes porque pican por la cola! y antes de que rezongaran les hice un ademán flexionando el dedo índice contra mi mano simulando un piquete de la cola del alacrán y rematé diciendo: ¿O no es cierto, que pican por la cola? Y todavía, en plan de regaño les dije: -¡Mal pensadas! 

     Un poco más tarde me enteré que el motivo de tal reunión en la clínica era para programarse  para un baile. En esa época, los grupos musicales adaptaban sus aparatos a una planta de luz, y las muchachas se prestaban como bailadoras, o sea, quien quisiera bailar con cualquiera de ellas tenía que pagar la pieza, para así el comité ejidal obtuviera dinero, pagando parte del mismo a los músicos. ¡Las tres estaban muy entusiasmadas, eran jóvenes y solteras!


 Imagen de Internet

     Toda la población era de tipo ejidal, así que para ellos el día iniciaba a las 4 o 5 de la mañana, acudían a trabajar y cuidar las sementeras y alrededor del medio día ya estaban de regreso en sus casas. La clínica la cerraba a las 6 de la tarde para amortiguar un poco el frío. Inclusive a esa hora empieza a anochecer.

     Serían las 8 de las noche, ya completamente oscuro, cuando escuché unos fuertes toquidos en la puerta. Por costumbre pregunté: ¿Quién es? Y me respondieron: ¡Yo “Dotor”! volví a preguntar: ¿Quién es..? y nuevamente: ¡Yo “Dotor”!, ya desesperado e intrigado queriendo que me dijera su nombre alcé más la voz y pregunté: ¿Y quién…soy yo? e inmediatamente respondió: ¡Pos usté “Dotor”! al notarle tan brillante deducción casi solté la carcajada para reírme de mí mismo,  abrí la puerta y lo deje pasar.

     La costumbre de recetar algunos medicamentos de acuerdo al peso hizo que una vez le dijera, un poco en broma, a una señora: ¡Mire, de este gotero le va a dar 8 gotas y media cada 8 horas!, al poco rato regresó y me preguntó cómo podía partir la gota en mitades. Le expliqué que si se le dificultaba no había ningún problema con darle media gota más o media gota menos.

     En una ocasión me tocó atender a un paciente de la tercera edad que se sentía galán y presumía de amores. Me dice: ¡Ay Dotor con tanta muchacha guapa creo que ando mal del alma! Me le quedé viendo, empecé a sonreír e inmediatamente pensé: ¿Del Alma..? ¡Será del Alma...naque!

    Algunos pacientes tenían dificultades, errores y ocurrencias para decir algunas palabras, por ejemplo: habían quienes decían “estógamo”, o decían tomates para señalar ojos rojos (conjuntivitis),   chamorros en lugar de piernas. Atendiendo a un adulto mayor que cada vez que decía “estógamo” yo le respondía: ¡Ah, sí, el estómago!, quise ser categórico con él y alcé la voz para decir ¡SÍ, EL ESTÓMAGO! Y él molesto me contestó: ¡SÍ, EL ESTÓGAMO! Plop.

     Mis asistentes Chuy y Ramona, eran primas, y como se dice se tragaban pero no se digerían, Chuy era, digamos, un poco modosita y Ramona era más extrovertida, sería alrededor de las 3 de la tarde cuando llegó “La Güera” Ramona y nos sorprendió a Chuy y a mí casi acabando de comer unos hot cakes que yo había preparado.  Y Preguntó: ¿Qué hacen? Y demostrando el gusto de haber probado algo sabroso contesto Chuy: -¡Pues aquí, comiendo unos ricos “cotgeís” que preparó el Doctor! Ya para esto Ramona había visto la caja y le dijo con sorna: ¡“Prenuncia” bien, se dice hot cakes!







    





 ¡La verdad es que yo me divertía de sus sanos enfrentamientos, pero no podía reírme por respeto a ambas!


     El Padre de la iglesia de San Andrés estaba muy agradecido conmigo porque en dos o tres ocasiones me tocó atender de crisis hipertensivas a su mamá. Una tarde que estaba mi pareja de visita en la clínica supimos que iba a oficiar una misa en Sta. Ifigenia y fuimos a la capilla. La misa ya había comenzado, distinguimos que los hombres se colocaban en el lado derecho de la línea media y las mujeres en el izquierdo. Yo le pedí a mí pareja que se quedara conmigo en la fila de hombres, y aprecié en la cara del padre que esto no le agradó. Era una boda, entonces el Padre preguntó si querían la misa con consejo o sin él, con consejo costaba varios pesos más. Y el consejo se resumía en indicar a cada uno de los novios que si sus parientes necesitaban de ellos ya no era de su incumbencia, pues ahora sólo se debían el uno para el otro. 

     Al checar el dinero de la charola regañó a todos los feligreses por tacaños, pues no había sacado ni para la gasolina del mueble. Y al terminar la misa y dirigirse con una mirada seria hacia mí, pensando yo que quería amonestarme por haber infligido las normas de las filas, le pregunté: ¿Padre cómo es posible que si Dios une al hombre y a la mujer... en su propia casa los separe? Lo turbé, y él todo nervioso sólo alcanzo a darme un frío abrazo y agradecerme por haber acudido a misa.

     ¡Es lo bueno de haber estudiado en escuela de monjas! jeje.


     Pues bien, este es un repaso general de algunos momentos chuscos durante mi Servicio Social que me hacen aún sonreír y reír al recordarlos. La vida está formada por momentos y el buen humor le da sazón a la misma.


Zacatecas. Imagen de Internet


domingo, 13 de septiembre de 2015

SERVICIO SOCIAL La incubadora Antonio Fco. Rguez. A.

SERVICIO SOCIAL IMSS COPLAMAR
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Zacatecas. Imagen de Internet
     
     Me encontraba realizando mi Servicio Social, en una Unidad Médico Rural, en la comunidad de Santa Ifigenia, Villa de Cos, situada al noreste del Estado de Zacatecas. Es una zona semidesértica, sin árboles, acaso unos contados mezquites. La temperatura oscila entre 14 y 16 grados centígrados. La comunidad no contaba con energía eléctrica, ni servicio de agua potable. Regularmente llegaban unas pipas de CONAZA (Comisión Nacional de las Zonas Áridas) a surtir de agua el gran tanque comunitario y la pequeña cisterna de la clínica. No había suministro de energía eléctrica en un tramo mayor de 100 km de carretera. Llegando a la  parada del  ómnibus teníamos que caminar 6 km al poblado, la clínica era la primera edificación, seiscientos metros después iniciaba el caserío.


Vista enfrente de mi clínica. Imagen de Internet

     Era obligado que el médico viviera y permaneciera las 24 horas diarias, dentro de la clínica. De no hacerlo era rescindido automáticamente. El único descanso disponible era un fin de semana cada quincena. Un día a la quincena teníamos reunión con el Coordinador en una Clínica Hospital de Campo (la cual contaba con las especialidades básicas y nos apoyaba en caso necesario) en el pueblo minero de Concepción (Concha) del Oro, Zac.


Clínica Hospital de Campo. Imagen de Internet

     Como personal de apoyo tenía dos asistentes médicas, Minerva Jesús de entre semana, y la “Güera” Ramona de fines de semana y días festivos. Ellas cumpliendo su horario, se retiraban a sus hogares. Ocasionalmente llegaba alguna voluntaria con motivo de  aprender los primeros auxilios. 

      Y como siempre, el apoyo inesperado es el apoyo más valioso. Desde mi llegada tuve la fortuna de conocer, tratar y hacerme amigo de Valerio Hernández, agricultor, dueño de una de las dos tiendas de abarrotes, líder moral y benefactor de la localidad. Mejor amigo altruista... imposible.


Tienda cercana a Sta. Ifigenia. Imagen de Internet

     Es aquí, en el Servicio Social, donde el médico adhiere a su cuerpo la inmaculada bata como si fuera una segunda piel. La transformación es completa, es la apoteosis, al fin nos sentimos dignos hijos de Apolo y de Esculapio, de Galeno y de Hipócrates, nos sentimos con el poder de la Salud que es una gracia divina,  para vencer por nosotros mismos a la gran mayoría de las temibles y dolorosas enfermedades.


     Y en efecto, en un giro de 360 grados nos vemos atendiendo a centenas de pacientes enfermos, muchos de ellos graves por intoxicación, picados por víboras o alacranes, deshidratados, fracturados, macheteados, crisis hipertensivas, psicosis, atención de partos, etc.


     Momentos en que cansados de atender las consultas y las urgencias nos quedábamos aun cuidando la evolución de  pacientes picados por víbora, con intoxicación intestinal, o a mujeres en trabajo de parto. 


     Debido a las precarias condiciones de las clínicas, y otras veces por la costumbre de algunas personas de acudir ya que su mal se ha agravado, cuántas y cuántas veces teníamos que improvisar para  ayudar y salvar al enfermo.


     Una ocasión llevaron a una embarazada primigesta, al parecer de 36 a 38 SDG (semanas de gestación) en pleno trabajo de parto, sin ningún control prenatal previo. Al momento de “coronar” el producto se aprecia que es una presentación de cara (lo usual es cefálico, de cabeza). Todo un parto distócico (difícil), con mucho cuidado introduje mis dedos índice y medio en la boca del bebé  haciendo ligeras tracciones sobre el paladar en cada momento que la madre tenía sus contracciones.  Se obtuvo neonato de cerca de 2 kg de peso, temperatura de 36°C, valorado con Apgar de 8 y Silverman de 1. Rápidamente lo envolví con un sarape, lo metí en una canasta de unicel que usan para transportar las vacunas, se mandó a buscar una camioneta para llevarlo a la Clínica Hospital de Campo distante a una hora y media, y finalmente le cubrí los ojos con unas vendas (para evitar abrasión corneal) y con un foco de una extensión que adapté al acumulador de la camioneta le proporcioné calor al bebé. Llegando al Hospital me reporté con el pediatra el cual lo llevó a una incubadora. Y momentos después, platicando el caso con el ginecólogo, este comentó que ellos por seguridad hubieran realizado cesárea.


Parto de cara. Imagen de Internet

     Estaba por demás decir al ginecólogo que también atendíamos partos por vía vaginal con presentación podálica (de pies) y más raramente pélvico (de nalgas).


     Así se trabaja en nuestras comunidades rurales, a expensas de lo que halla y de la preparación e ingenio del médico.



     Con esta narración quiero dar las gracias en primer lugar a la Presencia Divina, a mi querida madre María Antonia Alvarado Torres,  y a todos mis grandes maestros y amigos que influyeron y apoyaron para realizarme como médico.


Fuente de los Faroles Zacatecas. Imagen de Internet.



domingo, 6 de septiembre de 2015

EL NIÑO ACÓLITO Antonio Fco. Rguez. A.

EL NIÑO ACÓLITO
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Imagen de Internet


     En ocasiones me agrada recordar tantas vivencias de mi infancia y de mi juventud, como cuando fui acólito de la Iglesia en Catemaco,  creo que lo que me decidió hacerlo fue ver a mi hermano mayor y a unos amigos suyos, del colegio de monjas, ayudar como monaguillos al padre en las misas. Así me enteré que después de que se iba el padre, ellos se comían las ostias como si fueran ricas galletas. Con muchas penurias conseguí que me hicieran mi hábito, para después disfrutar la emoción de comer las ostias, y de pelearnos por ver quién tocaba las campanillas, y el día que me tocó hacerlo, una mañana de Semana Santa, me quedé dormido en plena misa, y al final de ella el padre me despertó, sin que yo las hubiera tocado nunca. 

     Todavía se daban misas en latín y las mujeres llevaban mantillas. Todos los días escuchábamos esas letanías (súplicas o rogativas):


Ora pro nobis (Ruega Por Nosotros)

Kyrie eleison (Señor, ten piedad de nosotros)

Christe audinos (Cristo, óyenos)

Miserere nobis (Ten piedad de nosotros)     


Imagen de Internet

     El padre, algunas  tardes pasaba a saludar a mis papás, y de ahí se metía en la cantina de la esquina de la cuadra a jugar domino y a tomar un par de cervezas. Como usualmente le gustaba andar en bicicleta, le pusieron de mote “Fray Bicicleta”.


     Una lluviosa mañana me tocó acompañarlo a oficiar misa en una ranchería conocida como “Colonia el Águila”, a las 7 de la mañana nos subimos a un “Rojo” un autobús de pasaje de segunda clase, y llegando vimos a orillas de la carretera a unas personas montadas en mulas que nos estaban esperando en el paradero, traían un par de mulas para nosotros, así que nos subimos en ellas e iniciamos un viaje en caminos montañosos y en plena lluvia, obvio decir, que el viaje fue demasiado incómodo, a puros tumbos, e intentos de caídas y se nos hizo interminable. Finalmente,  al llegar a una loma divisamos varias casas dispersas en una hondonada, en una de las casas que al parecer era la tienda principal anunciaban la visita del padre a través de un aparato de sonido. Las bocinas estaban colgadas arriba de un par de postes de gran altura.


Colonia "El Águila". Imagen de Internet

     Yo a duras penas me pude bajar de la mula, me dolían las piernas por lo cual caminaba cazcorvamente. Toda la gente de la localidad se acercó a recibirnos y nos invitaron a desayunar unos ricos frijoles, huevos con chile y tortillas hechas a mano, el estar casi pegados al fogón nos dio una buena sahumada y nos calentó tantito la ropa y el cuerpo, aunque no alivió para nada mí dolor de corvas.

    Al medio día se realizó la  misa en una palapa, la cual no pudo albergar a toda la gente, los que no cabían se protegían con palmas, hojas de apichi o algún pedazo de lona.  Al padre se le alargó la tarde pues todo mundo quiso confesarse. De esta manera nos ganó la noche, nos prepararon de comida cena un suculento caldo de gallina. 


     Las circunstancias nos obligaron a pernoctar en la localidad. Como entre un sueño o una pesadilla, no estoy muy seguro,  alcancé a ver que a él le ofrecieron dormir dentro de un jacalito, y acompañado de una muchachita para que lo cuidara o atendiera por si algo se le ofrecía. En tanto que a  mí, me mandaron a dormir arriba de una tarima, pero al ver que por unos agujeros salían tarántulas, corrí y me subí a una escalera que estaba recargada a la pared, y sentado en uno de los peldaños me quedé dormido.

















Imagen de Internet

   Un par de años después Diosito me recompensó todo el dolor y los miedos  que pase ese día, pues el padre pidió ser mi padrino de Primera Comunión.


     Mi padrino estaba muy orgulloso de mí porque a nadie le comenté nada acerca del sueño del jacalito.



jueves, 3 de septiembre de 2015

FRAGANCIA DE MUJER Antonio Fco. Rguez. A.

¡FRAGANCIA  DE MUJER!
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

      
   Parque Alameda Gutiérrez Zamora. Imagen de Internet

  Era estudiante del tercer año en la Facultad de Medicina “Miguel Alemán Valdés” en la ciudad y puerto de Veracruz,  vivía en el departamento 801 del “Edificio Galdi”, casi enfrente del Parque Manuel Gutiérrez  Zamora (aun no sé por qué le quitaron la paternidad y solo lo llaman Zamora). Una noche llegó a buscarme mi amigo Carlos Aguilar, quien vivía en el mismo edificio, pidiéndome que lo acompañara a una pensión para señoritas en la avenida Díaz Mirón a buscar a su novia. Llegamos y nos recibió una muchacha de lentes, alta, morena, la cual pese a traer una fea bata, se le adivinaba  muy buen cuerpo. Le comentó a Carlos que su novia, estaba cubriendo guardia de enfermería en el Hospital General  de 20 de Noviembre.

Edificio Parque y atrás el Edificio Galdi. Imagen de Internet

     Al día siguiente regresó Carlos a verme para decirme que la morena le preguntó por mí, diciéndole que le gusté. Y que esa misma tarde las invitó a su departamento para platicar los 4 juntos. Cuando ellas llegaron las hicimos pasar y nos sentamos en unas camitas individuales frente a frente, ellas y nosotros. Al rato, Carlos y su novia se disculparon y se dirigieron a la planta alta. 

     ¡Quedamos solos frente a frente la morena y yo, y solo entonces la pude apreciar mejor: traía una minifalda oscura,  entallada, que al estar cruzando las piernas dejaba ver unos voluptuosos y bien torneados muslos de un color moreno claro, empecé a sudar, sentí que la sangre me hervía, que me faltaba la respiración, nuestras miradas pasaban del nerviosismo, a la  ansiedad, y de ahí a la  lujuria,  el ambiente se cargó de un denso erotismo. No pude más, me paré y la atraje hacía mí, su cuerpo despedía una afrodisíaca fragancia, nos abrazamos con fuerza, nos cubrimos de besos, pero no hubo más…  ella temía ser descubierta por su amiga! 

     Las acompañamos a su pensión, y antes de despedirnos me dio un beso fugaz y me pidió la llevara a nadar a “Villa del Mar”.

Tranvía. Imagen de Internet

     Pasé por ella a la pensión y caminamos unas  4 cuadras para subirnos al tranvía que nos dejaría en la playa. Colocó una gran toalla sobre la arena y se quitó el vestido, quedando en traje de baño, al verla no pude evitar la gran impresión que me sacudió por entero, ¡Wau toda una anatomía de fuego! Corrimos al mar, y en ese momento se nubló el cielo, se escucharon fuertes tronidos y se desató un gran chubasco, nos apresuramos a recoger la ropa, a buscar un tejado donde guarecernos, y al pasar el siguiente tranvía corrimos bajo la lluvia hacía él y llegamos a mi departamento.

Imagen de Internet

     Estábamos empapados, pasé primero al baño, no quiso que lo hiciéramos juntos; estaba yo acostado dentro de mi recamara cuando entró ella desnuda tapándose sensualmente con una toalla.


     ¡Afuera seguía lloviendo, los tronidos y el ruido de la lluvia creaban una atmósfera de calidez, de acercamiento, de intimidad, la cual era reforzada por la sensual fragancia que exhalaba su cuerpo! 

     Entonces me preguntó: ¿Eres prejuicioso? En menos de un segundo entendí el mensaje, e inmediatamente le respondí que no. ¡No iba a perder esta oportunidad! Y ella continuó: ¡Quiero que sepas que ya no soy virgen… el que era mi novio murió atropellado hace 2 meses!

     Por toda respuesta y mostrándole la cama le dije: ¡Ven conmigo!


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     Volvimos a estar juntos en dos ocasiones más y dejamos de vernos.


     Una tarde entrando al departamento se me acercaron muy preocupados mis amigos, diciéndome que una señora que se identificó como tía de la morena, les dijo que quería hablar conmigo de un caso muy delicado pues había embarazado a su sobrina y que en caso de negarme me acusaría ante las autoridades. Sinceramente me dio miedo pues en lo primero que pensé fue en mis estudios. Salí a la calle y me puse a caminar tratando de calmar mi miedoso nerviosismo. Pasaba cerca de la “Zapatería Andrés” cuando vi a mi querido amigo y maestro el Lic. Gabriel C. E. el cual me invito al antiguo Café “La Parroquia” en Independencia, y le conté mi pesar. Después de escucharme me dijo muy paternalmente: ¡Acompáñame unos días a Acayucan en lo que analizamos bien tu caso!  Esos 4 días en Acayucan, calmaron mi nerviosismo y me infundieron valor, máxime al analizar, ya sin el "trauma" nervioso, junto con  mi amigo Gabriel, que ese niño no podía ser mío, pues recordé que yo tenía acaso el  mes de haber iniciado relaciones con ella y según la tía tenía de 2 a tres meses de embarazo. 

Acayucan, imagen de Internet

    Regresé a Veracruz, al departamento, y ese mismo día al escuchar  toquidos intuí que era la tía, fui a abrir la puerta, nos presentamos muy educadamente, y ella me pidió que platicáramos en su casa, así que salimos del edificio,  nos fuimos en su auto, y pasamos a la sala de la casa,  muy amable me invitó un café, lo cual acepté.


     La señora tomó la palabra y empezó diciendo: 

     ¡Joven, créame que estoy muy preocupada por mi sobrina, me hice responsable ante sus padres de cuidarla mientras estuviera conmigo aquí en Veracruz!


     Hace un par de semanas la noté rara, con nauseas, cefalea,  mareos, vómitos, soy una mujer de experiencia, además soy química. Lo primero que hice fue preguntarle si estaba embaraza, y ella categóricamente lo negó, entonces la amenacé con realizarle  una prueba de embarazo, se puso muy nerviosa y comenzó a decirme que tenía relaciones sexuales con usted.


     ¡En lo que escuchaba a la tía, noté que escondida detrás de unas cortinas había una persona escuchando, estaba seguro que era ella, la morena!


     Dejé que la tía terminara de hablar, ya para entonces mis conceptos y mi apreciación sobre la morena habían cambiado rotundamente.  Así que le respondí:


     ¡Señora, me da mucha pena porque sé que no es de caballeros pero tengo que decirle que yo a su sobrina apenas tengo un mes de conocerla, y antes de estar con ella me comentó que tuvo una pareja sexual la cual había muerto atropellada dos meses antes! Y terminé diciendo:


     ¡Créame que lamento mucho que nos haya querido engañar tanto a usted como a mí!


     En ese momento irrumpió como un demonio la morena diciendo a gritos: ¡No es cierto! ¡No es cierto! Se me quedó viendo con furia, y a punto de agredirme, le habló fuertemente la tía ordenándole: ¡Retírate de aquí, al rato tengo que hablar contigo! Y dirigiéndose a mí me dijo:

     ¡Joven me siento demasiado apenada con usted! ¿Lo puedo llevar a su casa?

     ¡Gracias, es usted muy amable, pero esta vez prefiero caminar!


     ¡Qué tranquilidad se goza al caminar después de haber   resuelto un conflicto!


     ¡Cinco a seis años después, estaba con un grupo de amigos en el Café la Merced, cuando una mujer al salir de él, me dio tremendo bolsazo en la cabeza, no alcancé a verla bien, empero, dejo una fragancia que ya creía olvidada!





miércoles, 2 de septiembre de 2015

¡EXPECTATIVAS! Antonio Fco. Rguez. A.

¡EXPECTATIVAS!
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Imagen de Internet

¡No quiero engañarte con falsas promesas!

¡Así que no me pidas que te jure que te amo!

¡No está en mí darte mí amor!

¡El amor no se pide!

¡El amor por sí mismo se da!

¡Así que, te repito, no quiero engañarte!

¡Como tampoco quiero que te engañes!

¡Todo esto que pasa nos duele tanto!

¡A ti y a mí!

¡Qué es imposible curarlo todo sólo con tu amor!

¡Créemelo, no puedo darme a ti!

¡Lo siento mucho!

¡Lo siento!

¡Lo siento!




Xalapa, Ver. 02/Sept. 2015


EL MÉDICO CONFLICTIVO Antonio Fco. Rguez. A.

EL MÉDICO CONFLICTIVO
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Cd. del Carmen, Parque Hidalgo e Iglesia de Jesús. Imagen de Internet
  
   Después de realizar mí Internado de Pregrado en el HGZ No. 8 del IMSS en Córdoba, Ver., mí Servicio Social en Sta. Ifigenia, Zacatecas y  trabajar 3 años en el Estado de Q. Roo, acudí a buscar trabajo como médico en las Delegaciones del IMSS de Veracruz, había más de 300 solicitudes previas. Supe que en la Delegación de Campeche sólo había un poco más de 40, por lo que me animé a trabajar en este Estado. Tuvieron que pasar arriba de 4 años, trabajando en diferentes clínicas,  para lograr mi nombramiento como médico de base (02) - cubrevacaciones, mismo que me llegó estando en el HGZ No. 4 del IMSS de Ciudad del Carmen. Un par de meses después, al dejar la Consulta Externa el Dr. Isaías Mercado Torres, para tomar la Coordinación Médica,  me dieron la titularidad en el turno vespertino del Consultorio 4.  


Cd. del Carmen. Imagen de Internet

     En mi estancia en Cd. del Carmen  viví en un departamento de los edificios conocidos como de “Doña Nicha”. Lo compartía con mis colegas y amigos Héctor Ferat Estrada, Luis Miguel Arispe Castillo, “El Chino” Narváez y otro amigo más. Usualmente Héctor y yo todas las tardes caminábamos al Seguro, por un atajo de cerca de 10 cuadras, y a la salida, ya de noche, preferíamos regresarnos por una ruta más céntrica e iluminada. Para hacer más amena la caminata nos poníamos a cantar a dúo casi todo el trayecto. A Luis Miguel por ser el especialista titular de  Medicina del Trabajo le tocaba el turno matutino. Algunas noches él, Héctor y yo nos poníamos a cantar en el departamento. Todos éramos buenos compañeros y amigos.


Cd. del Carmen. Imagen de Internet

     Ciudad del Carmen es una bella, cálida y cosmopolita ciudad, los habitantes son muy amables con el turismo, y muy trabajadores, existen muy buenos hoteles y restaurantes con comida internacional, hay vida nocturna para todos los gustos, la pesca es abundante, se comen muy ricos mariscos, toda la isla "La Perla del Golfo" está rodeada de hermosas playas. Y se encuentra bien comunicada a través de puentes,  con Campeche y Tabasco.




     





     Playas Manigua y Tortugueros

     
     Los consultorios médicos del hospital no tenían ni ventilación, ni aire acondicionado y para colmo en su parte posterior la única gran ventana estaba completamente sellada por un grueso cristal que bañado por los rayos solares hacía el efecto de enorme lupa aumentando la temperatura local. Es más, no había ni ventiladores de techo. Los únicos ventiladores eran llevados por los mismos médicos, y ni así eran del todo suficientes para refrescar. Era demasiado incómodo dar todo sudado la atención médica, y que al explorar al paciente muchas veces lo salpicáramos con nuestro propio sudor. Les propuse a mis compañeros médicos del turno externar nuestra inconformidad ante el Director. Me contestaron que ya habían hablado con él, sin que les hiciera caso. Al día siguiente llegué más temprano que de costumbre para pedirle al Director que nos ayudara a solucionar este problema. Me dijo que no estaba en sus manos la solución, que siguiéramos con nuestros ventiladores. Entre a mi consultorio a trabajar y le pedí a mi asistente médica que cuando llegara un representante sindical me avisara. Esa misma tarde hable con “Pedrito”, uno de ellos, e igual me dijo, que ya se había tratado el caso sin obtener respuesta favorable.


     Unos 7 días después, a media semana, muy decidido le dije a un joven de mantenimiento que me ayudara a sacar el escritorio hasta la entrada del hospital, y le pedí a mi asistente médica que me llevara a los pacientes y sus expedientes a donde yo me encontraba. Al poco tiempo se me acercó la Coordinadora Médico Alicia Beatriz Carvallo Dzul, pidiéndome que me regresara al consultorio a lo cual me negué, un poco más tarde me pidió lo mismo una representante sindical, igualmente me negué. Al siguiente día tuve que pedir el favor a un paciente a que me ayudara a sacar nuevamente el escritorio, llegó el Coordinador Médico Isaías Mercado Torres pidiéndome que regresara al cubículo, le dije que no me estaba negando a dar la consulta, simplemente no me parecía ético darla en un lugar que no reunía los requisitos idóneos para ella. Para todo esto, algunos pacientes que acudían al hospital, miraban con asombro mi postura, y entre los míos, me llegaron a felicitar deseándome suerte. Al tercer día, me mandó a llamar el Director, lo encontré acompañado de un representante sindical. Primero me pidieron que reconsiderara mi actitud, les dije que no era humano ni para los médicos, ni para  los pacientes atender en esas condiciones inapropiadas. Seguimos hablando alrededor de 10 a 15 minutos más, confrontando nuestros puntos de vista y nuestras necesidades. Finalmente el director me prometió hablar con el Delegado del IMSS, el doctor Abraham Azar Farah para hacer las modificaciones necesarias a los consultorios, en tanto me pidió muy amablemente que me regresara a trabajar al mío.


     Esa siguiente semana acudió el ingeniero encargado del mantenimiento con algunos empleados a checar los consultorios: retiraron  todas las mamparas de vidrio y pusieron ventanales de persianas. Y por primera vez ventiladores de techo.



     Fui a ver al Director y le di las gracias por habernos apoyado, y por haber respetado su palabra.


Playa Bahamitas