MARÍA
BOETTIGER DE ÁLVAREZ
Exquisita
novelista y poetisa catemaqueña 1876-1961
(Tomado
y modificado de Leonardo Pasquel)
Antonio Fco.
Rodríguez Alvarado

Poco después de triunfar
la revolución tuxtepecana – planeada en Tlacotalpan por el general Porfirio
Díaz, que ahí residía, nació el 19 de noviembre de 1876 en la población
lacustre de Catemaco, cuyas callejas
descienden hasta el plácido y poético lago de este nombre. La niña fue la
tercera hija del matrimonio formado por don
Philip Boettiger Keller, profesor
de idiomas, inmigrante alemán de Darmstadt en la Renania, quien casó en
Santiago Tuxtla con la guapa señorita de origen español, Ana María Murcia de Boettiger (hija de don Manuel Murcia y de doña Alejandra Oliveros), con la cual se trasladó a vivir en Catemaco, ganado por la belleza
de la verde comarca de “Los Tuxtlas”, con razón llamada la “Suiza Veracruzana”,
donde se dedicó al cultivo del tabaco, en tanto iban naciendo sus hijos: Luisa
Boettiger de Salgado, Felipe Boettiger Murcia, María Boettiger de Álvarez y
Emilia Boettiger de Fuentes (abuela paterna del escritor Carlos Fuentes), casada con Rafael Fuentes Vélez (Gerente del Banco Nacional de México en Veracruz, e hijo de Carlos Fuentes Benítez y de Clotilde Vélez). Todos los hermanos Boettiger educados bajo la dirección del padre, que era buen observador de la naturaleza
y sensible a sus encantos. El señor Boettiger tuvo además fuera de matrimonio a
una hija mulata, Anita (Ana Consuelo Boettiger Rodríguez, nacida en Tabasco en 1902.
La madre de Anita fue la señora Juana Rodríguez).
Cuando don Philip
murió, joven aún, la familia se radicó en el puerto de Veracruz, a donde María
llegó hermosa jovencita y ya aficionada a componer versos, ganada por la poesía
ambiental de su paraje natal. Retratos de entonces permiten apreciar la belleza
de sus grandes ojos obscuros, de profundo mirar, y el perfecto óvalo de su blanco
rostro y enmarcado por negra cabellera. María, empezó a escribir a la edad de
15 años, sin que diera conocer sus poesías hasta que fue a vivir a Jalapa, en
1911. Un poco antes, en 1892,
a sus 16 años, María casó con el señor Domingo S. Álvarez
Mortera, también originario de aquella región, quien fungía como encargado del Registro Civil en Catemaco estando de cacique Don Francisco Mortera Sinta. Con Don Domingo Álvarez procreó a sus cuatro
hijos: Domingo, Guillermo, Roberto y Rodolfo, todos ya desaparecidos. Su madre María, de natural simpatía, garbosa y
sencilla, señorial, talentosa, culta y magnífica conversadora, quien al
principiar la Revolución
publicaba ya sus poesías en los diarios de Xalapa y Veracruz, y a partir de
1922 en la ciudad de México, donde se radicó para que estudiaran sus hijos
Roberto y Rodolfo, dentista aquél y médico éste, ambos autores de diversos
trabajos en sus ramas profesionales.
Dominguito –así
llamado por su baja estatura, cordialidad y simpatía- quedó en Xalapa y vivía
frente a la casa del Sr. Pasquel la cual a diario visitaba su encantadora e inteligente hijita
Lucha, fallecida muy joven. Ahí vivían también Guillermo Álvarez y doña Emilia
Boettiger de Fuentes -la bondad
personificada- cuyo hijo Carlos Fuentes fundó como estudiante del Preparatorio
las revistas Savia Joven y Musa Bohemia, redactadas en unión de sus
compañeros Francisco Vargas, Guillermo Esteva y Oscar Serrano, apodados D'Artagñan
y los tres mosqueteros por ser ellos inseparables. Carlos Fuentes fue inspirado
poeta que murió a los 20 años de edad, y vendría a ser tío carnal del famoso
escritor de este nombre.
En la
capital doña María desplegó gran actividad intelectual, pues era, además, dinámica
y enérgica. Aquí fundó el Ateneo Mexicano de Mujeres, una de las primeras
organizaciones de este tipo, en nuestro país. Ahí organizó conferencias, leía
sus poesías, realizando viajes y mesas redondas, participando después
activamente en la Unión Femenina
Ibero Americana (UFIA) y en Vanguardia
de Acción Veracruzana.
Doña Ma. Boettiger, foto de Alicia Martínez Álvarez
Para entonces
doña María -en la madurez de la vida y
de su creación- gozaba fama de ser una de las mejores poetisas mexicanas, según
la autorizada opinión de María Enriqueta Camarillo de Pereyra, Catalina de D'Erzell
y de la baronesa de Alcahalá, que le consagraron elogiosos comentarios a su
obra en verso y prosa, pues también escribió cuentos y novelas, dejando algunas
inéditas al fallecer víctima del cáncer, cuando
se encontraba en plena producción literaria, parte de la cual –“Alma”- puede
ser consultada en la Editorial Citlaltépetl.
Comenta Alicia Martínez Álvarez, una de sus bisnietas, que doña María murió a los 84 años de edad, el 8 de agosto de 1961, en Xalapa, Ver. en casa de su hijo Guillermo Álvarez Boettiger, ubicada en la calle de Hidalgo.
Doña María en uno de los homenajes realizados en Xalapa, Ver. Foto de su bisnieta Alicia Martínez Álvarez (misma que se encuentra sentada sobre la mesa).
“María Boettiger
de Álvarez, dice María Enriqueta, es una poetisa exquisita. Sus sentimientos
tan finos, sus gustos tan delicados y su alma tan bella, la nimban toda con una
plácida luz que atrae… ¡Cuánto tino se necesita para ser literata y no ser
vanidosa! ¡Qué lejos está María de ese defecto! Es por el contrario, una dama
completamente normal, femenina, sincera, emotiva y profunda…”
“…Toda mi
admiración para la mejor poetisa mexicana que he conocido; sus poemas son
conmovedores”, dice la
Baronesa de Alcahalá, insigne escritora española.
“…Pero más que escritora, es poetisa María Boettiger
de Álvarez, por institución, por necesidad imperiosa de su alma, y no obstante,
su lírica suele ser más descriptiva que sentimental. En el espíritu de la mujer
literata continúan plasmados los panoramas que sorprendieron la retina de la
niña precoz; y la pluma de María sigue mojándose en espumas de mar y jugo de
corolas. A veces, pero sólo a veces, en la propia sangre de su corazón, y aún
en este caso, la natural dulzura de su temperamento imprime a la queja que pudo
ser hiriente, un sabor de lágrimas, de añoranzas, de resignación. En sus
poemas, tras de una descripción objetiva, termina con una rápida pincelada de
emoción íntima, como si la poetisa, después de peregrinar por el paisaje,
retornara para mirar en su propio espíritu, o como si básicamente hubiera
contemplado el paisaje iluminado con la luz de su alma olvidada por un momento
de si misma. Ello es que María refunde lo que mira y lo que siente en
expresiones comparativas de su propia psiquis…” Catalina D' Erzell.
Eduardo
Turrent Rosas la bautizó con el nombre de “Alondra Catemaqueña”.
Desde 1922
vivió en la ciudad de México colaborando en la revista El Hogar y los
periódicos El Globo, El Universal y El Demócrata. Publicó dos libros de versos:
Alma, en 1928 y Rosas de mi huerto, 1936. Escribió varias novelas: Su novela (novela
corta), 1935; Soy rebelde, La novia del marino, El desertor y La cita. Además
conferencias: “Pinceladas Descriptivas” y “Paisajes de México” (conferencias
radiodifundidas por la
Secretaría de Educación Pública).
Anexo información sobre su hijo:
ROBERTO
ÁLVAREZ BOETTIGER
Nació el 25 de junio de
1898. Odontólogo. Fue médico del Centro Educativo Rafael Dondé; capitán primero
en el Cuerpo de Sanidad Militar y catedrático de higiene en general, y de
higiene bucal en la Universidad Nacional. Dirigió la Revista Odontológica de
México. Obtuvo diplomas de la Universidad Nacional, de la Asociación Médica Mexicana y de la
Sociedad Mexicana de Médicos Militares. Además, recibió el Primer Premio en el
IV Congreso Odontológico Nacional Mexicano. Autor de diversas obras, entre las que destacan
Higiene bucal, que ha sido el libro de texto de la Universidad Nacional.
Algunos datos
fueron tomados de Leonardo Pasquel CINCUENTA DISTINGUIDAS VERACRUZANAS (1975: 9-12); Carlos Fuentes LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ (2002: 647-648); del Diccionario Porrúa (1995) y de
Francisco R. Illescas y Juan Bartolo Hernández ESCRITORES VERACRUZANOS (1945: 336-38). Alicia Martínez Álvarez bisnieta de doña María, la cual nos precisa la fecha de su acaecimiento. Nombres de los padres de Ana María Murcia de Boettiger, proporcionados por el Sr. Cundo Pereyra Cadena.
¡ALMA MÍA!
¡Alma mía! Eres como una lámpara encendida,
que el viento huracanado de la vida,
no ha podido apagar con su porfía…
¡Y sigues alumbrando, noche y día..!
¡Alma mía, de todos ignorada!
no anheles una dicha que no existe,
y prosigue alumbrando así, callada
la oscura senda de tu vida triste.
Vive de tu ilusión, de tu esperanza,
con el fuego interior que te consume,
y refleja tu luz en lontananza,
y derrama tu amor como un perfume…
No importa que ya nadie te comprenda
y que el mundo te hiera con su olvido,
si prodigas tu amor como una ofrenda
para todos los seres que has querido.
¡Y no apagues tus luces, alma mía!
Que el viento huracanado de la vida,
no las pueda extinguir con su porfía;
¡Qué te encuentre la muerte, así encendida,
alumbrando la senda, noche y día..!
María Boettiger de Álvarez.