Translate

domingo, 18 de diciembre de 2016

MI PRIMER BESO Antonio Fco. Rguez. A.

¡MI PRIMER BESO…!
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado


Imagen de Internet

Nos gustábamos, pero no éramos novios, nunca le hablé sobre ello. Nuestras pláticas eran sobre banalidades, nunca profundizamos sobre nuestra mutua atracción.

     Hasta que un día, ella quizá cansada de esperar que yo le tocara el punto, me dijo:

     - ¡Toño, veo que no te decides a pedirme que seamos novios!
     ¡Pues bien, yo quiero que lo seamos!

     Se acercó bastante a mí, hasta quedar casi pegados nuestros cuerpos, y me dio un beso en la boca.

     Sentí una inmensa ternura con ese beso…
     Era mi primer beso de amor…



Xalapa, Ver. 18.12.16


sábado, 17 de diciembre de 2016

EL CERRITO Y LA CUEVA DEL TESORO Antonio Fco. Rguez. A.

 “EL CERRITO” Y LA CUEVA  DEL TESORO
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

"El Cerrito" Foto de Samanta Torres

Me acuerdo, cuando era niño, me decían que debajo del pequeño cerro, conocido como “El Cerrito”, que quedó integrado dentro de la población había una cueva, en la cual se encontraba un tesoro de joyas de oro y piedras preciosas. Se sabía de dos personas que habían desparecido buscando la forma de encontrar la entrada a esa misteriosa cueva. Aunque también, se sospechaba que una tercera persona había ingresado y escapado de ella, y desde entonces fue víctima de una gran locura que lo llevó a morir ahogado en el lago de Catemaco, tratando de encontrar una lancha de oro macizo en sus profundidades.


Imagen de Internet
     
     La viuda de la víctima comenta que él se despertaba varias veces en la noche delirando sobre la áurea lancha, y corría al lago, seguido y detenido por sus hijos para que éste no se ahogara.
    

     La noche del siniestro, se confiaron en que le habían dado medicamentos para dormir por varias horas. Tan obnubilado despertó que sin hacer ruido y con un caminar cansino se dirigió al lago.


     Tiempo después, algunas personas, que creyeron en la obsesión del ahogado, hicieron un “barrido” sobre el lecho lacustre sin hallar la referida lancha o algún otro tesoro.


     Se buscó el apoyo de especialistas en rabdomancia quienes explorando con varas y péndulos tampoco tuvieron suerte.


     Una noche, un policía al hacer su ronda nocturna alrededor del “Cerrito” observó que una gran culebra despareció a través de un agujero en el suelo. Espantado no se acercó al orificio, pero aventando unas piedras lo dejó marcado. Y espero que amaneciera para dar su parte al comandante de la policía.


     Cuando llegaron al sitio marcado por las piedras, no encontraron agujero alguno, por lo que pensaron que el guardia lo había imaginado y se dio el caso como cerrado a la investigación.


     El guardia convenció a uno de sus yernos para que lo acompañara con pico, pala, una soga, machete y un par de linternas. Y  cuatro noches después estaban en este lugar. Al ubicar el sitio del probable agujero empezaron a golpear con el pico y para su asombro, el suelo se desmoronaba fácilmente dejando ver unos escalones de cantera. Alumbrándose con sus linternas descendieron por ellos hasta llegar a un rellano en donde encontraron restos de un par de esqueletos humanos. 


Imagen de Internet

     El escalonado continuaba bajando. Un ruido semejante a una fuente de agua los hizo seguir su camino. Metros adelante encontraron un manantial de donde fluían cristalinas aguas minerales, cuyos gases, enturbiaban la luz de las lámparas y les dificultaba la respiración, y los atolondraba. Se sintieron tan mal que decidieron regresarse, pero unos reflejos metálicos y dorados, los reanimó a continuar adelante. 


Imagen de Internet
     
     El piso de cantera se había convertido en el lecho resbaladizo y mohoso de una creciente cascada. Ataron la cuerda a una saliente en la pared y agarrados a ella siguieron bajando, con mayor dificultad. El agua empezaba a llegarles arriba de la cintura. Un fuerte gruñido que se magnificó con el eco que rebotada de todas las paredes y el techo, los espantó de tal manera que se soltaron de la cuerda que les aseguraba el regreso.  Cayeron en un recinto completamente iluminado por arcoíris formados por miles de destellos que se desprendían de un sinfín de joyas de oro, plata, corales y piedras preciosas. Intentaron alcanzar algunas joyas pero fueron expelidos por una fuerte corriente, y detrás de ésta  apareció una descomunal boa con las fauces tan abiertas que amenazaba con tragarlos enteros. 


Imagen de Internet

     Ellos aprovechando la fuerza de la corriente nadaron a favor de ella tratando de librarse de la serpiente. La boa cerró sus arcadas tragándose por completo al yerno y dejó huir al suegro, éste nadó con todas sus fuerzas buscando la salida, sin percatarse en su desesperación de que nadó por encima de la lancha de oro. 


Imagen de Internet

     Salió a la superficie del lago, tomó todo el aire que pudo, y con un esfuerzo sobrehumano alcanzó a llegar a la orilla, perdiendo el conocimiento y estando en peligro de morir por las fuertes olas que golpeaban y rebotaban de su cuerpo. Unos pescadores lo vieron y sacándole una gran cantidad de agua ingerida, lo reanimaron.


     Todos reconocieron al policía del pueblo, pero éste no reconoció a nadie.


     Había perdido por completo la memoria…




Xalapa, Ver. 17.12.16




viernes, 16 de diciembre de 2016

AL SALTO DE TEPETAPAN María Teresa García Cadena

AL SALTO DE TEPETAPAN
María Teresa García Cadena  
(1905-2000)


Foto Quintín Alvarado Torres



Te besa el sol, luciente pedrería
semejas de vivisimos colores
y encuentro en tus dulcísimos rumores
algo que me subyuga y extasía.




Desborda de optimismo el alma mía
aspirando el aroma de tus flores,
oyendo de los pájaros cantores
sus arpegios de amor y poesía.




Así, como tus ondas que se alejan
y franco el lecho para nuevas dejan,
así también yo alejo los azares
que intentan destrozar el alma mía…
y doy paso a la férvida alegría
que asuela de este mundo los pesares.





Catemaco, Ver. México 1929




MÍ DESEO Antonio Fco. Rguez. A.

¡MÍ DESEO!
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado


Imagen de Internet

Querida amiga, en la última carta que nos dedicamos olvidé decirte que conmigo no pierdes tu libertad, y te quedas con la mía. Porqué a partir de ese primer instante en que contacté tu alma supe que serías todo y… toda  para mí.


     Es cierto, me has hecho esclavo de tu mirada, de tu sonrisa, de tus palabras, de tu forma de ser. Si buscaras dentro de mis ojos… te hallarás dentro de ellos. Si escucharas mi corazón oirás un doble latido… el tuyo y el mío.


     Te quiero porque eres esa cristalización que siempre buscaron con gran anhelo mis sueños. Te quiero porque eres tan real, tangible y amorosa como la más bella y tierna rosa de mí jardín.


     En conclusión, te digo que te quiero porque sin ti… no sabría más vivir.



Xalapa, Ver. 16.12.16



miércoles, 14 de diciembre de 2016

HIJA DE LA LLUVIA Antonio Fco. Rguez. A.

HIJA DE LA LLUVIA
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Imagen de Internet

¡Qué gran alegría es disfrutar de un día lluvioso
Sintiendo infinidad de gratas sensaciones en la piel!
Apreciar el aleteo descendente de miles de gotas de lluvia
Que anteriormente paseaban por nuestro hermoso cielo
Y regresan una y otra vez a besar  nuestra madre naturaleza.


Y tú… tendida de gozo y pasión disfrutas maravillosamente la vida
Con todos tus sentidos abiertos de par en par
Para recibir estos soberbios dones
Que hacen vibrar nuestros amados corazones.



Xalapa, Ver. 14 Dic. 2016

lunes, 12 de diciembre de 2016

DEMONIOS DEL MALPAÍS Antonio Fco. Rguez. A.

DEMONIOS DEL MALPAÍS
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado
 
 Imagenes de Internet

 Fui invitado a la exposición artesanal de  Ocumicho, Michoacán. Estas exposiciones han viajado al extranjero teniendo ya reconocimiento internacional.


Imagen de Internet

     El lugar se encuentra inmerso en una enorme área de coladas lávicas conocidas geológicamente como Karst, y por sus características morfológicas o paisajistas como Malpáis o Malpaís.


Imagen de Internet

OCUMICHO
En Ocumicho, sus pobladores creen que el “miríngua” pierde a la gente en el malpáis, el lugar donde las “akuitzi” (víboras) tienen alas, donde corre el “corcobi” (pequeñas lechuzas que corren en el malpáis), donde canta melancólicamente el “tucuru” (tecolote) y donde se refugia el “no ambákiti”. Esta enorme zona volcánica de llanos rocosos, antigua ruta del ganado, empieza en Turícuaro y pasa por las comunidades de Arantepácua, Capaácuaro, Pomacuarán, Ahuíran, San Juan Viejo y San Juan Nuevo, Urapicho y Cocucho. En Ocumicho (Tierra de muchas tuzas) acaba este “Queshúcua Púntaro” donde antes vivían los “apaches”.


Imagen de Internet

     Dentro de los datos recabados sobre su cosmología. Se dice que al llegar los frailes, los dioses tarascos de piedra,  considerados demonios por la nueva religión, se fueron a esconder al malpáis, poblándose éste, desde entonces, de más “demonios”.


     Todo me pareció demasiado interesante: su original y bella artesanía que tiene como principal modelo o exponente al mismo diablo, según la variada y rica concepción de sus creadores artísticos. Y además, por su volcánica geografía, que pareciera ser de otro planeta, o de alguna época prehistórica o antediluviana, propia de la formación de nuestro planeta Tierra. Y claro, el mágico entorno poblado de dioses y demonios, así como de otros entes sobrenaturales.


    






     Disfruté de la belleza artesanal, tratando de digerirla visualmente poco a poco, bocado a bocado, para que quedara impresa en el paladar de mis sentidos. Finalmente, le tomé fotos para el recuerdo.  


     Al día siguiente convencí a dos de mis amigos anfitriones para recorrer parte de la volcánica serranía. Salimos de la población en una troca, la cual, dos horas después, tuvimos que dejar encargada en una ranchería, y de ahí iniciamos una larga caminata mochila al hombro. Entre más nos adentrábamos se nos dificultaba más la marcha debido a la gran irregularidad del terreno. Ocasionalmente encontrábamos una pequeña vereda que servía de relax para nuestras piernas. Yo iba disparando mi cámara fotográfica, impresionado por el tipo del lávico suelo, y de algunos “khuarápu” (alacranes), “tsáki” (lagartijas), iguanas y “akuitzi” (serpientes) que trataban de esconderse en hoyos, en cuevas y en los cada vez más escasos matorrales al vernos pasar cerca de ellos.


     Miguel, uno de mis amigos, nos alertó diciendo: ̶ ¡Caminemos acaso una hora más y retornemos pues ya nos estamos acercando a los dominios de “no ambákiti”…! antes de terminar de pronunciar este nombre, sentimos que la temperatura descendió varios grados, sintiendo un gran escalofrío, y la claridad del día se convirtió en penumbras, como si quisiera volverse noche en un instante.

     Un suave canto melancólico, nos hizo estremecer de miedo.  ̶ Es el “tucuru”, dijo Andrés, mi otro acompañante. No es bueno escuchar su canto, nos puede adormecer. Además, avisa al “miríngua”, sobre nuestra presencia. Pegados a nuestras cabezas oímos unos aletazos, que nos abanicaron un aire frío y húmedo.   ̶ “corcobi”, dijeron mis amigos.

     Todo ocurrió de forma sorpresiva. Así que inesperadamente tuvimos que buscar el camino de regreso. El clima era frío y húmedo, pero nuestros cuerpos sudaban como si el piso de  lavas hubiera cobrado vida. Veníamos lívidos, espantados y a la vez preocupados por nuestras vidas. Nuestras lámparas sordas no alumbraban lo suficiente, realmente creo que mis amigos no pensaron usarlas esta vez.


Imágenes de Malpáis. Internet


     De momento, nos sentimos golpeados o empujados por un aire que nos enrarecía la respiración, y nos ponía los nervios al borde de la locura. Haciéndonos perder el rumbo. Esta vez, nadie dijo nada. Sabíamos que era el propio “Miríngua” quien nos venía “arriando”.


     Mis amigos, más avezados a estos caminos, adelantaron bastante su marcha, dejándome a merced de “Miríngua”. Por momentos, la densa oscuridad, me permitió verlos caerse al suelo y tardar en volverse a levantar.


     Ya estaban a punto de desfallecer mis fuerzas, cuando dejé de sentir los empujones sobre mi espalda. Y ellos, mis amigos, regresaron por mí, y tomándome de los brazos me arrastraron hasta salir del malpáis.


     Aún no salía de mi azoro, y les pregunté:    ̶  ¿Qué sucedió? Ellos ya más calmados me explicaron, que era una costumbre ancestral en sus familias: para matar a los demonios hacían figuras de éstos y las enroscaban con “akuitzi” serpientes.



Pequeño glosario:

KORKOBÍ. Máscara de la danza de los viejitos de Charapan; Bubo SPP, variedad de lechuza a la que se le atribuyen poderes mágicos.

MIRÍNGUA. Duende, espíritu o ser imaginario que disfrazado de aire suele engañar extraviando o volviendo loca  a las personas.

NO AMBÁKITI.  Diablo, cruel, malo; ser sobrenatural que causa muerte.

Imagen de Internet

TUCÚRU O TUKÚRI. Búho (Bubo virginianus). Ave nocturna que sirve de nahual a los hechiceros. Se le atribuyen poderes mágicos.
 Imagen de Internet

Veracruz, Ver. 11 Dic.16


sábado, 10 de diciembre de 2016

ARCO IRIS Martha Elsa Durazzo M.

ARCO IRIS
Martha Elsa Durazzo Magaña

Imagen de Internet

Luego de adorar al Santísimo, sentada en la banca de una ermita colonial, gozo del silencio y veo las paredes encaladas de color blanco, los gruesos muros, las esculturas de los santos, las lágrimas que humedecen el rostro de la Dolorosa y el crucifijo que corona el altar.

     Ecos e imágenes centenarias impregnan este recinto, reflexiono, cuando un estrépito quiebra el silencio y me hace voltear hacia la entrada…

     Resuenan las botas del hombre blanco, rubio y barbado junto a quien se desplaza un grupo numeroso de amigos, colaboradores y guardias que ruidosos, llenan la pequeña ermita.

     Él se acomoda al frente. Sale un fraile a celebrar el ritual; suena el latín; el aroma del incienso satura la iglesia creando un perfumado y brumoso ambiente que mitiga la claridad ambarina, que parte de de cirios y velas.

     Comulgan don Ignacio y su séquito de acompañantes entre los que destaca la distinción y belleza de una mujer blanca con ojos teñidos de cielo y rizos dorados que escapan del cabello recogido y destellan bajo los encajes bordados de su mantilla… Doña Constanza es la prometida del guerrero conquistador… Murmuran que la noble mujer, sólo por él, atravesó los mares y que él, sólo por ella, envió aquellas naves para escoltar su viaje.

     A la distancia les observan un par de ojos, obsidiana, de una hermosa mujer indígena en cuyo vientre se agita la vida y las pasiones en su alma; de llanto, amor, celos y desesperación está impregnada la mirada que dirige a uno y otra.

     Él, ante el anuncio de la llegada de doña Constanza, le desterró de su habitación y casa, a donde ella, sigilosa, ha vuelto a acercarse y los sirvientes le han informado de las atenciones, jamás dadas a ella, con las cuales él rodea a la hispana.

     Un dolor se clava en el corazón y otro en el vientre que se comprime; la criatura parece revolverse, ante el ritmo de la escena y los sentimientos maternos.

     –– ¡No nacerás!, fruto de mi amor. − Determina Xóchitl.

     El niño se agita. Concluye el rito. El hombre extiende la mano a Constanza quien coloca la suya sobre la de él para salir del templo. Don Ignacio pasa indiferente, frente a la mujer que teje la cascada de su cabello en un par de trenzas.


Antología UNAM noviembre 2008

     Charlas y risas en el atrio de quienes visten brocados y se adornan con alhajas cuyas piedras refulgen al contacto con la luminosidad solar; luego Xóchitl los ve partir, sin que don Ignacio le dirija ninguna mirada, hacia el palacio del hispano. Nuevamente el niño se agita en su seno.

     El fraile ha observado la escena y mira a Xóchitl encaminarse a la ribera del río.
Ella camina despacio, busca un lugar donde no puedan alcanzarla las miradas, ni escucharla ningún oído. Se detiene bajo las ramas de unos árboles que alcanzan los bordes ribereños. Toca el vientre con sus manos morenas y exclama:

     –– ¡Vergüenza sobre mí! ¡Abjuré de mis dioses, abandoné las costumbres y tradiciones y le convertí en mi dios! ¡Piedra es su corazón al canto del mío! Palabras huecas sus promesas. El eclipse de mis días llegó con su presencia. Olvido, no quieres llegar para que cante mi alma con los trinos de las aves y el rumor de las aguas. Piedra de pedernal, en mí corazón, es su olvido. ¡No te agites más en mí vientre, niño! ¡No vivirás con la sal que, por su desprecio, bebí de sus labios! La nobleza de tus ancestros es mayor que la del engendro que engendró tu vida. Deja de llorar en mi vientre porque no conocerás el Sol, el movimiento de los astros, ni beberás la miel de mis pechos; tampoco verás nuestra tierra que ya no canta con la misma pureza; candor, ¿dónde te encuentras? Ahora cubrimos con ropajes lo que antes era inocencia. Tiempos idos. Desfallecen, agonizantes, los sonidos de nuestros instrumentos de barro; cayeron nuestros guerreros y amé a quien violentó nuestra patria. No, no llores por dejar de ver esta tierra que, ahora nos es ajena; no clames por lo que dejo de brillar como siete soles. Que nos arrastren las cantarinas aguas que sobrevuelan las coloridas mariposas y nos conduzcan a la mar. No temas, el tránsito es breve. Más allá del cenit está la libertad. ¡Muere, muere conmigo y juntos renazcamos en donde sale el Sol!

     Va adentrándose en el río; el estruendo, insólito, de un rayo la detiene y un colibrí se posa en su hombro cuando oye un grito de Fray Domingo.

     –– ¡Xóchitl, sal rápido! He de comunicarte que don Ignacio ha muerto; falleció asfixiado con un trozo de carne que, durante la comida, se le atoró en la tráquea; ningún esfuerzo fue suficiente para salvarlo.

     Xóchitl siente que el niño vuelve a agitarse, mira hacia el oriente y suspira; al comenzar a salir del río, siente unas gotas de leche brotar de sus pechos; el agua de sus ojos y de su vientre se une a la del río; lanza el grito contenido; unos segundos después coloca el huipil sobre la tierra; el fraile corre a brindarle ayuda y sigue las instrucciones que ella le dicta, aprendida de las comadronas indígenas; tres, veinte, cincuenta pujidos…

     De entre los troncos de sus piernas, se asoma una cabecita rubia… Fray Domingo ríe, llora y le entrega al niño… Los brazos se extienden y, aún jadeante, le acomoda sobre su pecho.

     –– Arco Iris, te llamaré Arco Iris a ti, luz de mi vida.

     Mientras Fray Domingo corre a pedir ayuda; Xóchitl empieza, muy quedo, a cantarle a su pequeño en náhuatl.


Marha Elsa Durazzo M.

Boca del Río, Veracruz, septiembre 18 de 2007