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viernes, 3 de febrero de 2012

NO ME MUEVE, MI DIOS PARA QUERERTE

NO ME MUEVE, MI DIOS PARA QUERERTE 
Anónimo

No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.



     Han sido muchos los intentos de atribución de este soneto a uno u otro autor, sin que la crítica se haya sentido suficientemente comprometida a corroborar una autoría, falta de argumentos probatorios suficientes. San Juan de la Cruz, santa Teresa, el P. Torres, capuchino, y el P. Antonio Panes, franciscano perteneciente a la Provincia de Valencia, figuran entre otros de probabilidad más dudosa. La atribución a los dos carmelitas responde al tema del amor desinteresado, que anticipa la mística franciscana, de donde bebe santa Teresa, al menos. El estilo que muestra el soneto, rico en juegos formales, no nos recuerda la riqueza imaginativa que singulariza al de Fontiveros, ni el más simple y llano de la santa abulense. Consta, además, en cartas que conserva la Orden, que antes de las fechas en que vive el P. Torres, los misioneros franciscanos enseñaban este soneto y el Bendita sea tu pureza, del P. Panes, a sus indios americanos, como oraciones cotidianas de la propia devoción seráfica.
     Nunca el amor a Cristo crucificado había alcanzado tal grado de pureza e intensidad en la sensibilidad de la expresión poética. En fechas en que la superficialidad cifraba en el temor al destino dudoso del hombre en el más allá, la moción de la piedad popular, este poeta acierta a olvidar premios y castigos para suscitar un amor que, por verdadero, no necesita del acicate del correctivo interesado, sino que nace limpio y hondo de la dolorosa contemplación del martirio con que Cristo rescata al hombre. Esa es la única razón eficaz que puede mover a apartarse de la ingratitud del ultraje a quien llega a amarte de manera tan extrema.


DIOS O NATURALEZA Baruch Spinoza

DIOS O NATURALEZA
DE BARUCH DE ESPINOZA

Baruch de Spinoza (también escrito Baruj de Spinoza) (Hebreo: ברוך שפינוזה, Latín: Benedictus de Spinoza, Portugués: Bento de Espinosa), (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés, de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz.

 Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:

Dios hubiera dicho:

" Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que  quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.

 Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

 ¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú  mismo construiste y que dices que son mi casa.Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es  en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

 Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad  fuera algo malo.

 El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes  expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí  por todo lo que te han hecho creer.

 Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada  tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un  paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...  ¡No me encontrarás en ningún libro! Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi  trabajo?

 Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor. Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar.  Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias...  de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para  quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios loco puede hacer eso?

 Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en  tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía. Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
 Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
 Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
 No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero  te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única  oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
 Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.
 Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?... ¿Te divertiste?...  ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Que aprendiste?...
 Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

  Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?
Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?...  ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
 Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.   ¿Para qué necesitas  más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?
 No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti. Spinoza




jueves, 2 de febrero de 2012

CANCIÓN DE CUNA PARA DORMIR A UN NEGRITO

CANCIÓN DE CUNA PARA DORMIR A UN NEGRITO 
EMILIO BALLAGAS 




DORMITI mi negre,
dormiti ningrinto.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.

Dromiti mi nengre,

mi nengre bonito.
! Diente de merengue,
bemba de caimito !.

Cuano tu sia glandi

va a se bosiador...
Nengre de mi vida,
nengre de mi amor...

( Mi chiviricoqui,

chiviricoco....
! Yo gualda pa ti
taja de melon ! )

Si no calla bemba

y no limpia moco,
le va` abri la puerta
a Visente e` loco.

Si no calla bemba,

te va`da e` gran susto.
Te va` a lleva e`loco
dentre su macuto.

Ne la mata ` e guira

te ñama siju.
Condio en la puerta
eta e` tataju....

Dromiti mi nengre,

cara ` e bosiador,
nengre de mi vida,
nengre de mi amor.

Mi chiviricoco,

chiviricoquito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.

A`ora yo te acuesta

`la `maca e papito
y te mese suave...
Du`ce...depasito...
y mata la pugga
y epanta moquito
pa que droma bien
mi nengre bonito...



     Emilio Ballagas (1908-1954). Poeta cubano. Fue uno de los primeros poetas cubanos en contemplar la literatura afrocubana en sus obras. De comienzos vanguardistas pronto cambia su inspiración al tema mulato o negro, dentro del cual se distingue su ternura. Con el transcurso de los años evolucionó a otra etapa poética donde las emociones las demuestra con mayor intensidad lírica, la angustia es intolerable. Ballagas, al igual que muchos de sus compatriotas, se distingue por la claridad y musicalidad de su forma. Creador de profundos sentimientos los cuales se reflejan en su obra. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1953. Además de sus varios libros y poemarios colaboró en varias revistas nacionales y extranjeras. Natural de Camagüey se graduó de Doctor de Filosofía y Letras. Se dedicó a la enseñanza de maestros. Viajó por Estados Unidos y Europa, Francia y Portugal. Obra: Júbilo y fuga, 1931, 1939 Cuaderno de poesía negra, 1934 Antología de la poesía negra hispanoamericana, 1935 Elegía sin nombre, 1936 Nocturno y elegía, 1938 Sabor eterno, 1939 La herencia viva de Tagore, 1942 Nuestra Señora del Mar, 1943 Mapa de la poesía negra americana, 1946 Cielos en rehenes, 1951 Décimas por el júbilo martiano en el Centenario del Apóstol José Martí, 1953.


Mi canción de cuna preferida

MENSTRUACIÓN EN EL MÉXICO PREHISPÁNICO

MENSTRUACIÓN 
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

     Médicamente se sabe que durante la menstruación en la sangre y secreciones corporales femeninas  existe una sustancia tóxica denominada menotoxina, la cual perjudica la vida de las plantas. La gran mayoría de las culturas indígenas temen este período de la mujer.


     Underhill (1975: 35, 46, 61, 97-98, 156) refiere que entre los pápagos persiste con gran intensidad el miedo a la impureza de la mujer. Cada vez que alguna mujer tiene su menstruación tiene que retirarse a una casita aislada detrás de la casa y procurar no tocar, ni siquiera mirar, a ninguno de los objetos usuales de su familia, ya que está “impura” y puede contagiar a alguno de los hombres de su familia, principalmente a su esposo, si es casada. Si tocan el arco de un hombre o tan sólo lo miran, ese arco no tirará más. Si beben de la taza de un hombre, éste se enfermará. Si tocan al hombre mismo, puede caerse muerto. En caso de que su esposo fuera guerrero lo matarían en el campo de batalla. En caso de ser un curandero le destruye su poder. La mujer menstruando no debe salir bajo la lluvia por que puede ser muerta por un rayo ella o quien la acompañe. No deben estar cerca de ningún fuego y no deben alimentarse con carne o sal (porque se están purificando). Tampoco puede rascarse la cabeza con los dedos porque se le caería el cabello. Se lo rascan con un palito afilado.
     Ramírez (1987: 13, 82, 115), refiere que entre los huaves también existía ese tabú: un hombre no podía tocar la ropa de una mujer, porque se pierde; ésta no podía tocar la tarraya del hombre pues la echaba a perder arruinándole la pesca. La mujer tenía incluso un sitio definido para dormir: junto a la pared. Y cada vez que debía salir, pedía permiso a su marido, pues si pasaba por encima de él podía enfermarlo.
     Báez-Jorge (2000: 264), en relación a los popolucas, señala: a la mujer embarazada se le considera causa de determinadas influencias negativas como la de “contagiar” al marido y hacerle presa del cansancio. Se piensa que “cuando a un hombre le muerde una culebra, no debe ver [ni dejarse mirar por ella] a una mujer preñada o que esté en luna [menstruación] porque si no se muere […] la mujer que tiene luna está más caliente que el hombre; también cuando está preñada, por eso tiene más fuerza”. De igual manera, se teme que la encinta camine junto a un herido o lo vea, ya que por ello puede enfermar de gangrena.
     Marion Singer (1991: 130-131), estudiando a los lacandones, señala que según Alain Testart, parece que las mujeres están culturalmente alejadas del uso de las armas y herramientas de trabajo que entran en contacto con el animal, más que de las actividades haliéuticas y cinegéticas en sí. La sangre menstrual posee poderosas propiedades mágicas y al entrar en contacto con la sangre del animal o con las herramientas del cazador pone en peligro el éxito de la partida y quizás hasta la vida de quienes la emprendan. Existe, obviamente, una relación entre la exclusión femenina de los ritos mayas y la exclusión femenina de las actividades donde se derrama sangre.
     Galinier (1987: 451) comenta que entre los otomíes la palabra šikhi (sangre podrida) designa el sexo de la mujer. Y que el embarazo y el excremento de la mujer, son considerados “mancilla”.  Este último, en el plano de lo simbólico es el equivalente al oro. Al igual que las piedras y otros objetos sagrados, el oro y los excrementos son cuerpos cargados de potencia. Así, el señor del cerro de Santa Ana Hueytlalpan –“el pingo”- ingiere gran cantidad de este metal que expulsa después por el ano. En el altiplano una leyenda cuenta la aventura de un hombre recién casado. Un día salió al campo y ordenó a su mujer –quien estaba embarazada- que le llevara las tortillas. Mientras estaba acostado en el suelo pudo ver, a través de los agujeros del sombrero que había colocado sobre su cara, que su mujer se frotaba el ano con las tortillas. De esta manera evitó ser embrujado.
     Lombardo (1944: 16, 29) estudiando a las mujeres tzeltales comenta que la menstruación recibe el mismo nombre con que denominan a la luna (U o CHULMETIC), porque es ella la que se las manda cada mes, cuando viene a visitar el Paraje. Durante este periodo las mujeres no guardan ninguna dieta, ni se abstienen de hacer ningún trabajo; continúan su vida normal pero sin tener relaciones sexuales debido a que el hacerlo les traerá el castigo de la luna y ellas ya no pueden tener familia. Es más, ni siquiera usan medio alguno para protegerse.
     Comenta Rodríguez (2000:518) que en epoca de la Colonia la sangre del parto se consideraba impura como la de la menstruación, y por  tal repulsión, los cirujanos consideraban el oficio del parto como el más disgustoso, vil y degradante de la cirugía. Las parteras eran las encargadas de tal oficio.
     Gómez (1991: 36-37), refiere que hubo momentos en la historia de la Iglesia en que se puso en tela de juicio, por parte de los sabios teólogos, si la mujer era un ser humano (si poseía un alma, como el hombre, o no). Nada ha sido tan machista, tan antifeminista, tan inhumano, como la iglesia católica, denigrando a la mujer, a la que siempre consideró como causa de todos los males, motor de la condenación del hombre e intermediaria de los poderes de Satanás a través de la poderosísima cadena del sexo.

     Menotoxina. Smith y Smith en 1943 aislaron una sustancia tóxica de los restos de mucosa de la sangre menstrual detectando su existencia en la saliva, sangre venosa, orina y sudor durante el período premenstrual a la cual denominaron menotoxina (veneno menstrual). En 1931, R. T. Frank, médico de Chicago,  había definido al Síndrome Premenstrual.
     Plinio el Viejo (23 a.C. - 79 d.C.) consigna en su Historia Natural: una mujer menstruando tornará el vino agrio, las semillas tocadas por ella se volverán estériles, los injertos se secarán, las plantas resecará y la fruta se caerá del árbol debajo del cual ella se siente. E increíblemente el mismo fuego, elemento que triunfa sobre todas las demás sustancias, es incapaz de vencerla.
     Hipócrates (460 – 377 a.C.) asoció ciertos trastornos mentales con la menstruación, lo que dio origen a la palabra histeria (hysteros=útero).
     Por su parte Simónides de Ceos (556 – 468 a.C.) señaló que la mujer era como la mar, con sus períodos de tormenta y calma.


     Tomado de mis libros: Los Tuxtlas. Nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las cosmologías de las culturas mesoamericanas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos.
    y Diccionario de Dioses, Demonios y Enfermedades del México Prehispánico. Inédito.


LOS CHANEQUES (LA MAGIA DE LOS TUXTLAS) Antonio Fco. Rguez. A.

LOS CHANEQUES

LA MAGIA DE LOS TUXTLAS

ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

“El alma de los animales y de la espesura
 es el alma del chaneque”


Foto de Internet


     Los “Trotapatria” nombre con que nos autodenominamos un grupo de tres amigos - Chuy, Nacho y Toño -  del D.F., desde la secundaria disfrutamos el viajar a diferentes partes del país durante las vacaciones escolares. Esta vez decidimos viajar hacia el sureste veracruzano, a la región de “Los Tuxtlas”. Nuestra familia y amigos que sabían de nuestro proyecto nos recomendaban en broma que nos portáramos bien en esa región para no agraviar a alguno de tantos “brujos” de los que abundan ahí. 

Chaneques

Después de visitar Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla, La Laguna Encantada, El Salto de Eyipantla y El Lago de Catemaco.
 
"El Negro" Museo de Santiago Tuxtla

La "Laguna Encantada" San Andrés Tuxtla

La Cueva de los Brujos en la Laguna Encantada


"El Salto de Eyipantla" San Andrés Tuxtla

Pernoctamos en Catemaco en el Hotel de Nora y de Óscar Aguirre, él, es hijo del afamado  y desaparecido brujo Don Gónzalo Aguirre. Durante la cena, donde nos invitó xoxogo, un exquisito licor, Óscar, nos comento, por más de dos horas,  todo lo hasta ahora sabido acerca de los Chaneques: de esos espíritus chocarreros, en forma de ancianos, enanos, con cara de niño, casi siempre desnudos, persiguen a las mujeres y molestan a los niños haciendo travesuras, todo el tiempo están bailando, jugando, corriendo y riendo, sus carcajadas se escuchan a cualquier hora del día desde los matorrales espesos y las corrientes cristalinas. ¡Pero cuidado! -pueden ser blancos o benéficos para el hombre y negros o enemigos malignos, éstos son muy peligrosos porque pueden causar espantos de muerte a las personas, o las raptan físicamente: primero las pierden o las trastornan, les quitan el alma, la cual encierran en lo oscuro de una olla de barro (metáfora del inframundo) y después la devoran. Al finalizar la plática, después de reírse de nuestros “mareos” por  intoxicación etílica,  nos invitó para viajar al día siguiente a “Playa Escondida”.

Homshuk y Chaneca


Isla Agaltepec Lago de Catemaco


     Esa noche dormimos como lirones. A la mañana siguiente fue necesario que nos llegaran a tocar la puerta para poder despertarnos y prepararnos para el viaje a la playa. Desayunamos en el restaurante del hotel unas pellizcadas con carne de chango acompañadas de frijoles refritos  y bebimos litros y litros de jugo de naranja. Los meseros burlonamente nos dijeron que si queríamos  xoxogo; - sí, pero para llevar… les respondimos. Uno de los empleados nos informó que Óscar nos estaba esperando para salir. En efecto, él, en compañía de uno de los extranjeros, llamado Chris,  nos estaba esperando. Subimos a su camioneta e iniciamos nuestro viaje. Y ¡Oh Dioses! El recorrido con vista al lago es inigualable, todos los elementos, aire, tierra, viento y fuego (sol), se conjugaban  para ofrecernos una visión del Paraíso Terrenal. 

Poza de Los Enanos. Sontecomapan


Viajamos cerca de una hora disfrutando paisajes de lagos, lagunas, selva, montes con una vegetación con todas las gamas del verde.
Balzapote


      Jicacal

     Y llegamos a una playa del mar llamada “Jicacal” (la casa de la jícara), una vez allí dijo Óscar: – bajen de la camioneta a  estirar las piernas, relájense, aún nos queda por subir a ese acantilado. El cual  a señas nos mostraba mientras nos volvía a decir: - “Playa Escondida” ha sido descrita como la más hermosa playa del Golfo de México, desde Progreso, Yucatán hasta la Florida,    U. S. A. La playa, la cual tiene forma de una media luna, está aislada entre dos acantilados vecinos, desde uno de los cuales, en época de lluvia, se forma una cascada que al caer se rompe sobre unas piedras y de ahí se precipita al mar.  El acceso a la  playa es a través de una serie de escalones de concreto muy resbaladizo y en mal estado. Lo más sencillo es viajar en lancha de esta playa de “Jicacal”  a ella. 

Saraguato o Mono Aullador


Cómo ven el entorno es muy boscoso y aloja una de las pocas tropas de “Mono Aullador” o Saraguato que sobreviven en “Los Tuxtlas”. La avifauna es magnífica. Mientras decía esto, disfrutamos la vista de unos tucanes comiendo arriba de un árbol de chancarro o guarumbo.

Tucanes en árbol de Guarumbo


  Óscar se acercó aún más cerca para verlos, a él le gustan mucho los tucanes. Antes de regresar con nosotros cortó varios pedazos grandes de bejuco. – ¡Para los amarres! dijo. Después de la información  y ya  relajados optamos por llegar a la playa de nuestro destino subiendo por el acantilado, y bien que valió la pena el esfuerzo, ya arriba comprobamos que lo dicho sobre esta playa nunca va a describir su real belleza, era un lugar mágico, inimaginable hasta entonces por cualquiera de nosotros tres.


                              PLAYA ESCONDIDA. Foto tomada de Internet


      Disfrutamos de una visión, no esperada, algo indescriptible, algo con lo que no contábamos, nunca habíamos visto tan inmarcesible belleza, ¡Oh…nos quedamos sin aliento! Óscar y Chris disfrutaban de la belleza del paisaje y… de la cara de incrédulos que teníamos.

     “Playa Escondida”, “Playa Escondida”, se repetía como un eco dentro de nuestros atónitos cerebros. Bajamos del acantilado a la playa ceremoniosamente con todo el respeto del mundo para nuestra Madre Tierra. Y no era para menos. Ya abajo, besamos la playa como agradecimiento a toda la emotiva felicidad que nos había proporcionado este lugar, y acabamos llorando de dicha y queriendo compartir esta felicidad inenarrable con nuestros seres más queridos. 

     Óscar, nos entregó unas mantas y unas varillas para poner un toldo en la playa, debajo del cual extendimos nuestras toallas para estar cómodamente a la sombra. Pusimos la nevera con cervezas al centro y nos dispusimos a meternos en el mar.  Un par de horas después, cansados de nadar, correr y jugar en la playa, nos pusimos a platicar debajo del toldo. Óscar, con la mirada puesta en el mar y con cierto aire de nostalgia comentó:        - hace unos  40 años, un par de amigos míos: Polo Armengual y Toño Rodríguez, estaban acampando en esta playa, aparte de ellos había una familia de Monterrey, el padre, la madre y una pareja de jóvenes. Toño se encontraba leyendo “Hasta no verte, Jesús Mío” de Elena Poniatowska, cuando llegó corriendo y gritando  angustiadamente  la muchacha hasta él: “Ayúdame, se los lleva la resaca”, Toño se levantó y  vio a padre e hijo,  cada uno en diferentes lados que luchaban por no poder salir del mar; se aventó nadando hacia el joven y lo condujo rumbo a la playa en donde ya esperaban Polo y la señora. Volvió a nadar, esta vez en dirección del señor al cual también condujo hasta el grupo. Entretanto, la joven había subido corriendo descalza sobre las filosas piedras que estaban como escalones en el acantilado para pedir ayuda a los lancheros de la otra playa. Cuando ella llegó en una barca con los lancheros, ya su padre y su hermano estaban a salvo recuperándose.  Afortunadamente, no pasó desgracia alguna. Haciendo, Óscar, un ademán de incertidumbre continúo con una pregunta: ¿Qué fue lo que sucedió? Si hubiera sido resaca, a Toño se le hubiera complicado salvarlos. Nunca me he podido explicar, ¿qué fue lo que sucedió? Irreflexivamente Nacho preguntó: ¿Habrá sido cosa de chaneques?  Casi al unísono de su pregunta, escuchamos un ruido de campanas y después se escuchó un fuerte tronido como si el cielo se estuviera quebrando y se nos viniera encima, inmediatamente el cielo relampagueó y se escucharon nuevos tronidos haciendo que el suelo se estremeciera, y nosotros con él. El cielo se cubrió de una nube negra, sopló un fuerte viento que nos tiró el toldo y de pronto se soltó un chubasco. Increíblemente en un par de minutos se hizo la noche. Los fuertes vientos se intensificaron, todos nosotros quedamos prácticamente sin vernos y oírnos. Con grandes dificultades tratamos de reunirnos en los escalones del acantilado, queriendo salir de la playa, pues la fuerza del viento provocaba grandes olas que golpeaban contra nosotros. Nos invadió el miedo, estábamos panicados. Durante un  relampagazo más largo nos dimos cuenta que Chris no estaba con nosotros, sí faltaba el extranjero. El fuerte viento nos movía como a marionetas, el agua subía de nivel sobre la playa, estábamos destinados a morir ahogados. Una densa sombra negra apareció en lo alto y sentíamos que nos aplastaba y no nos dejaba respirar, empezamos a rezar, le pedimos su ayuda a la Virgen del Carmen: ¡Cuídanos Madre Mía, que no nos hagan daño! ¡Somos tus hijos, te queremos! En eso, Óscar nos pidió que lo asiéramos con fuerza, sacó su navaja y cortó un gran bejuco a lo largo en dos mitades y nos arengó a pasar por en medio de ellas. Increíblemente como si se regresara una película se fue la sombra, desapareció la oscuridad, el viento y la lluvia.

     Volvió la normalidad, y apreciamos una sombra entre dorada y blanca debajo de las aguas del mar que entre más se acercaba a nosotros nos permitió distinguir una gran cola de pez y del otro extremo emergió la cabeza de una mujer rubia de cabellos largos, blanquísimos y turgentes senos,  trayendo entre sus brazos a “Chris”. Lo dejó a nuestro alcance, y ella, “Achane” (La señora del agua) giró y desapareció nuevamente en el mar, tal como había venido, como una sombra dorada y blanca.

     Tácitamente, todos entendimos que esta experiencia se debía a haber infligido el tabú, de nombrar por su nombre a uno de estos seres (con el hecho de nombrarlos aparecen para causarnos daño).

     Durante el trayecto de regreso a Catemaco, a “Chris” le entró una especie de sopor y venía delirando que “Achane” lo había llevado a vivir con ella al Taalogan (Inframundo) y que habían formado una familia (Algunas chanecas buscan al hombre para procrearlas). Óscar volteó a vernos con una mirada como asentando lo dicho por “Chris”. Nos quedamos en silencio.

     Un poco después, con cara de “eureka”, Óscar detuvo la camioneta y nos dijo:           - coincide, es cierto, lo había olvidado: durante la experiencia de mis amigos, ellos me dijeron que al subir los escalones del acantilado para salir de la playa, ya arriba de éste, volvieron la vista atrás y vieron unas sombras debajo del agua, exactamente en donde habían estado atrapados padre e hijo. Ellos en su momento habían pensado que se trataba de tiburones. Óscar, mirándonos a los ojos, nos preguntó: ¿Sí me entienden? y dirigiendo la mirada a Nacho le dijo: - “Tenías toda la razón”, luego exclamó: - ¡Uf, quedó resuelto el misterio! Y  así, un poco más relajados, continuamos el viaje.

     Esa noche, ya en el hotel, en lo que  “Chris” dormía, posterior a una “ensalmada” (regresar el alma al cuerpo) que le realizó Óscar,  le dimos a éste las gracias por habernos salvado de morir. Nos despedimos de Óscar y de Nora con un gran aprecio y hermandad. Prometiendo vernos con más frecuencia aquí en Catemaco y en el D. F.  Y claro, antes de irnos le rogamos nos explicara sobre el bejuco. Él sonrió modestamente y nos dijo: - Existen sitios que son encantados, son “invisibles”, están “en otra parte”, en otra dimensión. Son identificables porque emiten ruidos tales como tañidos de campanas y cantos de gallos. Cualquiera puede ser fácilmente atrapado en estos sitios, viviendo años y años en ellos y, en caso de que lo liberen, lo hacen en el mismo sitio y  momento en que lo atraparon; sí, el tiempo real no pasa para uno, lo que pasa es el tiempo mágico, el cual es infinito, esto fue lo que le ocurrió a  “Chris”. El peligro, en las puertas de entrada a estos sitios encantados y al mundo subterráneo, es aún mucho mayor durante el Viernes Santo,  el Día de Muertos y los días aciagos o nemontemi (cinco últimos días del año), fechas todas asociadas con el fin o la muerte,  y el primer viernes de marzo, debido a que muchos brujos durante esta fecha dedican mayor intensidad a la realización de rituales mágicos, y éstos hacen que se formen “malos aires” aumentando la circulación de las fuerzas nefastas. Ahora, contestando a su pregunta, les diré que la manera más fácil de salir de una encantada es rajar un bejuco a lo largo y pasar por en medio. Los bejucos son algo así como las puertas de estos lugares encantados. Al terminar la explicación y ya para despedirnos, nos ofreció a cada uno de nosotros un pedazo de un bejuco aromático, diciéndonos: – se llama “ehegapa” (río de aire) porque forma un torrente o río de aire que desplaza las corrientes de aires malignos. Tienen que  portarlo colgado al cuello o en la bolsa para evitar que el encuentro con un “mal aire” les  cause una enfermedad.

   Admirados de su gran sabiduría sobre temas sobrenaturales y agradecidos por su hospitalidad, por su amistad, por el amuleto regalado y, por haber salvado nuestras  vidas, Chuy, Nacho y yo nos dirigimos al taxi que nos llevaría a tomar el A. D. O. de regreso  a la Ciudad de México.

     Antes de bajarnos del taxi, el taxista, un chaparro, negro y feo,   nos entregó unas pachas llenas de xoxogo. - De parte de los meseros y  mía, dijo. Arrancó y se fue alejando, riendo a carcajadas. Dejándonos intrigados, de que fuera un chaneque,


     Extracto de mi leyenda que recibió “Mención Honorífica” en Certamen de la SEV (Secretaría de Educación de Veracruz).



LA NIÑA DE GUATEMALA

LA NIÑA DE GUATEMALA 
Poema de José Martí




Quiero, a la sombra de un ala,
Contar este cuento en flor:
La niña de Guatemala,
La que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos,
Y las orlas de reseda
Y de jazmín: la enterramos
En una caja de seda.

 ...Ella dio al desmemoriado
Una almohadilla de olor:
El volvió, volvió casado:
Ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
Obispos y embajadores:
Detrás iba el pueblo en tandas,
Todo cargado de flores.

 ...Ella, por volverlo a ver,
Salió a verlo al mirador:
El volvió con su mujer:
Ella se murió de amor.

Como de bronce candente
Al beso de despedida
Era su frente ¡la frente
Que más he amado en mi vida!

 ...Se entró de tarde en el río,
La sacó muerta el doctor:
Dicen que murió de frío:
Yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
La pusieron en dos bancos:
Besé su mano afilada,
Besé sus zapatos blancos.

 Callado, al oscurecer,
Me llamó el enterrador:
¡Nunca más he vuelto a ver
A la que murió de amor!


¡Ah, que recuerdos de los años 70´s cuando escuchamos cantar este poema en voz de Oscar Chavez!



INDIANOS Antonio Fco. Rguez. A.

INDIANOS
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

     En la España de los siglos imperiales vivían a gusto los grandes señores terratenientes y los eclesiásticos regulares y seculares. Y solían llamar despectivamente indianos a quienes a base de no poco sacrificio y trabajo hacían una fortuna en las Indias, en las antiguas colonias españolas y portuguesa de América, sobre todo en  Brasil, Cuba, Argentina, Uruguay, Venezuela o México y regresaban luego a vivir holgadamente a la Península (algo que les era imposible conseguir en sus lugares de origen). Llegando a ser muchos de ellos benefactores de los lugares que les vieron nacer. La labor de mecenazgo que llevaron a cabo estas personas fue notable en la España de aquella época, levantando escuelas, iglesias y casa consistoriales ¹, construyendo y arreglando carreteras, hospitales, asilos, traídas de agua y posteriormente de luz eléctrica, etc. Otros se quedarían en el camino y no encontraron más que el fracaso y desaliento en una suerte que les fue esquiva también al otro lado del Atlántico. Por tanta resistencia de este casticismo, no se creó una clase media, burguesa, los enriquecidos con el oro de las Indias no hallaban postura cómoda o rango prestigioso entre ambas clases de españoles. Una de las razones para despreciar a los indianos es que era la gente de mal vivir que emigraba a las Indias (ya en 1497, los Reyes Católicos pensaron en que las nuevas tierras fueran lugar de deportación para criminales que no merecían pena de muerte, y podían ser útiles allá con su trabajo forzado); y otra “la idea tan difundida en la España del siglo XVl, del deshonor que entrañaban las actividades mercantiles, principalmente las de los desalmados logreros o usureros”. La significación de las Indias para los españoles que permanecían en la Península está bien clara: enriquecerse en el Nuevo Mundo ponía en peligro la limpieza del linaje, esta riqueza mancillaba, convertía al indiano en un posible judío, interesado en acumular una fortuna individual y secular (no como aureola de su rango nobiliario o para fines religiosos). El adinerado que no era noble, hidalgo o eclesiástico nunca se hacia “viejo” respetable. Algunos indianos buscan honores; merced a sus visitas a los ministerios de Madrid, “y a algunos centenares de  peluconas ², obtienen grado de capitán, o titulo de marqués, o la gran cruz de Isabel la Católica, o las tres cosas juntas; todo estriba en su desprendimiento. Otros, vueltos a sus aldeas, mantienen a sus padres, y edifican una casa o palacete de estilo colonial de tres pisos, más suntuosa que todas cuantas construyeron sus predecesores. ¡Una casa de tres pisos! Pirámide elocuente que atestigua su victoria y, conocidas con el distintivo de casa del indiano. De la añoranza por la tierra americana quedan las palmeras que plantaron frecuentemente a las entradas de estas casonas. 

     Extracto modificado de Sobre lo precario de las relaciones económicas entre España y las Indias de Américo Castro, Universidad Veracruzana, México, 1966.

¹ Casa consistorial. Edificio donde el alcalde y los concejales se reúnen en corporación para regir el pueblo, villa o ciudad. El consistorio es el llamado consejo municipal.
² Pelucona. Onza de oro acuñada con la efigie de uno de los Borbones hasta Carlos 1V inclusive.