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lunes, 22 de septiembre de 2014

NAHUALISMO (NAHUAL O NAGUAL)

NAHUALISMO (NAHUAL O NAGUAL)
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO


NAHUAL O NAGUAL. Del náhuatl nahualli. Animal (la leyenda más común dice que es un perro negro muy peludo) en que se convierte un brujo. ||  Brujo, hechicero. Por extensión se llama nahual a la persona indocta y ruda en extremo.

     NAHUALLATOLLI. Discurso especial para comunicarse con los seres sobrenaturales.
       NAHUALISTA O NAGUALISTA.  Del náhuatl, brujo entendido en nahualismo.
      NAHUALLI. Nahualismo. Creencia según la cual algunos individuos excepcionales y las deidades tenían la facultad de hacerse invisibles, metamorfosearse en uno o varios animales (o también, en raras ocasiones, de fenómenos naturales como rayos, viento, nubes, bolas de fuego, etc.) y realizar bajo tales “disfraces” acciones prodigiosas. Por ejemplo, el dirigente maya quiché Tecum Umán se transformó en águila para combatir al feroz Pedro de Alvarado. Tzotzomatzin (Reverendo harapiento o andrajoso), señor de Coyoacán se transformó en águila feroz, tigre enfurecido o en gran serpiente que echaba lumbre por la boca para  oponerse a que el rey Ahuízotl tomara agua del manantial de Cuecuechco para complementar el acueducto de Chapultepec. Entre los hechiceros mexicas existían los tlahuipuchtin, los cuales se convertían en bolas de fuego para volar y dañar a sus víctimas. Un hechicero tarahumara, al cual las flechas no le hacían daño, cuando quería se zambullía en la tierra como si fuera agua, e iba a salir muy lejos. Además de atribuir este poder a los dirigentes, se les atribuía también a los curanderos y a los chamanes y brujos, bien fuese para proteger a los pueblos o para castigar a los que rompían con las costumbres tradicionales.  Usualmente los hechiceros se transforman en animal revolcándose en tierra o ceniza y recobran su forma humana repitiendo esto mismo. Es sabido que los nahuas, otomíes y mazahuas temen a personas que tienen la facultad de volverse guajolotes o zopilotes, quitándose en secreto las piernas, las que sustituyen por patas de guajolote, se ponen alas de petate y que salen volando de noche a chupar la sangre de los niños. Estos seres maléficos eran conocidos en la época prehispánica con el nombre náhuatl de mometzcopina, “el que se quita su pierna”. Cuando se capture a un nagual hay que cortarle el pelo de la coronilla para que pierda sus poderes. Según López Austin (2004: 432), si alguien encuentra las piernas humanas que fueron separadas del cuerpo y las destruye, produce la muerte de la hechicera, que es incapaz de recuperar su verdadera forma. || Los nahuales otomíes toman la forma de cualquier animal; roban personas y transforman en objetos a quienes tratan de rescatarlas; y a las muchachas bellas, las convierten en tamales, que vuelven nahual a quien los come. Álvarez (1978). || Refiere Covarrubias (1980: 77) los nahuales son seres humanos dotados de un poder oculto y hereditario que desarrollan después de una educación prolongada en materia de magia negra. Pueden transformarse en animales para chupar la sangre de las personas dormidas, comer los cadáveres y provocar enfermedades. Para convertirse en jaguar, el nahual tiene que extraer de su cuerpo sus propios intestinos, lo cual implica un gran riesgo personal, porque si alguien los encuentra y les echa sal, el nahual ya no puede colocarlos en su lugar y muere de hambre. || Comenta Dow (1974: 101) que los otomíes de la sierra lo nombran Pux´jwai, es un mal hombre, normal durante el día,  que se transforma en animal por las noches y anda errante causando daños. Chupa la sangre de su víctima, que se va consumiendo, o se lleva a una cueva en el monte donde muere del susto. Existen además dos horribles monstruos parecidos al Pux´jwai: el Señor Gusano y la Bruja. El primero es un gusano común en el día, pero por la noche, se convierte en un hombre con un gran perro. La Bruja, por la noche, toma la forma de una gran ave; revoloteando se para en el techo de una casa, y lanzando un silbido largo y tenue, suelta un hilo largo hasta el corazón de la víctima y le chupa la sangre, varias noches consecutivas, mostrándose sus pequeñas víctimas pálidas y llorosas. Los niños son frecuentes víctimas de los naguales. Tranfo (1974: 240) refiere, la defensa contra las brujas consiste en poner tijeras y cuchillos debajo de la cama o la estera, o frente a la puerta de la choza para evitar que ellas puedan adormecer a los perros y a las personas que vigilan a los niños. || De la Fuente (1977: 351) refiere que entre los zapotecos se comenta que cuando un nahual mata a otro, deja tirado el cuerpo del vencido y le saca el corazón el cual asa al fuego y se lo come. || Turner (1973: 110), comenta que en Oaxaca, entre los chontales de los altos, a menudo existe un lazo especial entre un individuo y determinado animal como el león o el tigre, que se cree que es su nahual o contrapartida animal. Si alguien lo insulta o le hace daño, el animal lo venga matando al ganado del otro. || Holland (1978: 142-143) refiere que entre los tzotziles los ancianos que son brujos aparecen ante sus enemigos convertidos en diversos animales o en fenómenos naturales. Los animales naguales más comunes son el águila (ich´in), el zopilote rey (va´kos), el colibrí (tsunun), el pájaro carpintero (ti´), dos tipos de búho (k´ush k´ush y shoch), etc. Se considera que los naguales más peligrosos son los fenómenos naturales como los remolinos de viento (sutum ik), bolas coloradas de tierra incandescentes (pozlom), que en sus formas más aterrorizantes se reúnen en la formación del arcoíris (waklebal) y cometas. Los cometas son los brujos más temidos porque hacen los vuelos más altos en el cielo. || Ruz (1982: T. ll. 55-58), refiere que entre los tojolabales Dios dio poderes especiales, entre ellos el wayjel (nahual), que mientras unos los utilizan para ejercer el bien o simplemente para entretenerse, otros se han aliado a las potencias malignas del inframundo para acrecentarlos y hacer daño. Entre los primeros encontramos a Yaxal Chawuk (Rayo verde) el cual atrae las lluvias “cuando llega su tiempo”; a K’intum (Arco iris) que evita la acción devastadora de las lluvias; el Ik (Viento) y el Tzantzewal o Chantzewal (Relámpago), hermano menor del Rayo, quien se dedica a jugar en las nubes cuando su mayor empieza a atraer las aguas. Entre los maléficos encontramos a Bitus (Tornado o Torbellino), y al Chaka xib (Huracán), que vendrían a ser vientos magnificados, y al Tak’in Chawuk (Rayo Seco), que por ser más fuerte que su homólogo, el Rayo Verde, puede matar gentes y animales, cosa que a éste le está vedada. Tak’in Chawuk es casi siempre identificado con la entidad más temida, el Pukuj (brujo). || Según Millán (2003: 84), entre los huaves de San Mateo del Mar, Oaxaca consideran como principales ombas (tono, nagual, cuerpo de un alter ego) a monteoc (el rayo), ncherrec (viento del sur), ndiüc (serpiente) y a jüm (lagarto). || Entre los mazatecos al nahual se conoce como chu’uyan, de chu’, animal + uyan, que se vuelve. || El término nahualli también significa. Brujo, bruja, mago, hechicero, nigromante; plural nanahualtin. Véanse Tecum Umán, Mazaka, Caxlantzin  y Pukuj.

     Tranfo (1974: 252), refiere que debe tomarse en cuenta que el Gran Nagual era el Gran Sacerdote que presidía la agricultura, purísimo, encerrado en el Templo en abstinencia sexual y ayunos constantes; a cambio tenía un poder y un saber inmensos así como la capacidad de transformarse en animal. Gran Nagual era también el atributo de Tláloc. Nahualpilli era el dios mago de los huastecos (nahua significa ciencia, sabiduría, magia). La conexión entre la divinidad y la sabiduría del Gran Nagual es evidente. Por lo tanto, es natural que los religiosos como Sahagún, que identificaban todas las divinidades locales con Satanás, hayan favorecido el concepto de pacto diabólico.

     Huerta (1981: 145-146), comenta que en Oaxaca, entre los triques, el representante del clan y los jefes de linaje eran respetados y temidos anteriormente porque estaban imbuidos de un poder mágico, el cual era sacralizado, legitimado y protegido por medio de un nagual poderoso. La posesión de un nagual similar por otro miembro del clan sería visto por ellos como el desdoblamiento del poder del jefe, provocando una ostensible pérdida de su fuerza y prestigio. Un jefe abandonó a su mujer al comprobar que también era nagual -el poder sólo corresponde a la cabeza del linaje.

     Weitlaner (1977: 186-187), comenta la creencia, entre los chinantecos, de que recogiendo las cenizas de un nagual quemado es posible recobrarlo.

     Para Moscoso (1991: 109-110, 145-146, 149, 154, 167, 180, 182, 186-188), el nagual es un ser poderoso, maléfico y dotado de poderes que los humanos nunca podrán conocer por completo ni darse cuenta de su verdadera peligrosidad. Refiere que los tzotziles para matar a un nagual con una escopeta la tienen que “curar” o sea, le tienen que echar mostaza molida a todo lo largo del cañón. Estando ya “curada” la escopeta o cualquier otra arma, no es necesario ser un buen tirador para acertar, ya que las mismas balas buscan los órganos vitales del nagual, con el fin de causarle la muerte. Cuando un arma no está “curada” es imposible acertar el disparo. Una vez muerto el nagual hay que sacarle el corazón, dividirlo en cuatro trozos y esparcirles abundante sal, finamente molida. De esta forma se asegura también el fallecimiento del ser humano protegido por ese mismo nagual. Y en caso de huir herido el nagual, quemar cuidadosamente toda la sangre encontrada de él para conseguir el mismo fin: quemar al ser humano. Otra manera de “curar” un arma es pasar a lo largo del cañón  y en la pólvora unos vellos de nuestras axilas. También se pueden “curar” con un baño de posh  (aguardiente), tabaco y ajos.  Esta misma mezcla untada en el cuerpo, o bañándose con ella, sirve como protección: el nagual no puede atacar, ni acercarse a las víctimas. Las balas de acero son más poderosas que las de cobre para matar a los naguales. Un nagual muerto, y por ende el dueño del mismo, puede volver a la vida si sus compañeros naguales, le soplan fuertemente, arrojando su aliento sobre la herida.  Cuando los naguales mueren, se van secando poco a poco con el calor de los rayos solares, porque ni los zopilotes ni los perros comen nagual. Se dice que un nagual “se come” a su víctima cuando éste le chupa toda la sangre, sin comerse la carne. Y se asegura que con esa sangre que “come” el nagual prolonga su vida. Cuando la intención del brujo es solamente enfermar a su víctima mediante su nagual, éste se presenta en su casa los miércoles y los sábados a altas horas de la noche, y aunque su cuerpo es invisible, se percibe su presencia por exhalar por toda la casa un fuerte olor a zorrillo. Para que se haga visible para el enfermo, éste debe desnudarse completamente y descalzo, y así,  buscar con la vista al nagual, al cual lo encontrará sentado y en absoluta inmovilidad. Cuando se logra darle muerte al nagual, el padecimiento, por grave que sea, va desapareciendo y la salud vuelve al cuerpo del paciente.



     Tomado de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pípil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las Cosmologías de las Culturas Mesoamericanas. Incluye Diccionario de localismos y mexicanismos. Ediciones Culturales Exclusivas. Boca del Río, Veracruz. 2007.


domingo, 14 de septiembre de 2014

CAPISAYO Impermeable indígena

CAPISAYO
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO
Capisayo de hojas de palma de los indios Triques de Copala
Capisayo. Palabra compuesta del latín cappa + sagum. Vestidura corta a manera de capotillo abierto, que sirve de capa y sayo. Vestidura común de los obispos. Pienso que este término fue introducido por los misioneros para denominar algunas semejanzas en la vestimenta indígena por ejemplo entre los tarahumaras y los lacandones y, que posteriormente también se aplicó a la forma de impermeables o capas hechos a base de ramas u hojas que usaban varias culturas  indígenas en las temporadas de lluvia. || De la Fuente (1977: 68), comenta que entre los zapotecos de Yalálag es llamado yu gaa y es una esterilla de popotes cosidos, enrollable, provista de dos hilos para colgarla del cuello o del sombrero en dos posiciones distintas. Es de tamaño variable, hasta de 1.50 por 0.80 m. y puede servir de petate y mantel en los viajes. 

|| Galinier (1987: 280) refiere que hacia los años 60s los indígenas otomíes usaban el gabán (zina), impermeable de hojas de palma trenzadas; ahora sustituido por un retazo de nylon que cubre la espalda y los hombros. || Álvarez (1978) comenta que también es conocido como capisayo en la Chinantla y en la Sierra de Oaxaca a esta prenda de palma tejida que protege contra la lluvia. El original de la prenda es precolombino. En ciertos lugares de la República se le llama china o capote; en Texcoco pachón; y en Michoacán chereque, cherépara o chiripe. Es usado también como aislante térmico.

     Extraído de mi libro: Los Tuxtlas, nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las cosmologías de las culturas mesoamericanas. incluye amplio diccionario de localismos y mexicanismos.


viernes, 12 de septiembre de 2014

EN ESTE MOMENTO DE MI VIDA Ángeles Caso

EN ESTE MOMENTO DE MI VIDA

ÁNGELES CASO

“En este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de un amor y la compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer papas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No dejar de sorprenderme de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera por aquí. Sólo quiero eso.”


Ángeles Caso

     Ángeles Caso (Gijón, 16 de julio de 1959) es una escritora, periodista y traductora española.

     Es hija de José Miguel Caso González, que fue catedrático de la Facultad de Filología, especialista en el siglo XVIII y llegó a ser rector de la Universidad de Oviedo. En su adolescencia estudió idiomas (habla inglés, francés, italiano y portugués), música y danza.

     Se licenció en Geografía e Historia, especialidad Historia del arte, pero tuvo la oportunidad de presentar el programa Panorama regional en su Asturias natal, encaminando sus primeros pasos hacia el periodismo. Durante 1985 y 1986 presentó el Telediario de TVE y el programa de entrevistas La Tarde. A los 35 años da un giro en su vida y se aleja, sin dejarlo nunca del todo, del periodismo para iniciar su carrera literaria.

     Ha trabajado en instituciones culturales como la Fundación Príncipe de Asturias o el Instituto Feijoo de Estudios del siglo XVIII de la Universidad de Oviedo y en diferentes medios de comunicación como Televisión Española, Cadena SER, Radio Nacional de España y varios periódicos y revistas.

     En 2001 ganó el premio Fernando Lara de novela con Un largo silencio. En 1994 fue finalista del premio Planeta con El peso de las sombras, galardón que finalmente ganó el 15 de octubre de 2009 por su novela Contra el viento.

     Alterna la narrativa con ensayos históricos en los que presta especial atención a la Edad Moderna y la visión de la mujer a lo largo de la Historia. También es autora del guion de la película Deseo (2002), de Gerardo Vera.

Obra

Asturias desde la noche. 1988. Guía.

Elisabeth, emperatriz de Austria-Hungría o el hada. 1993. Biografía de Sissi, emperatriz de Austria-Hungría.

El peso de las sombras. 1994. Novela. Finalista del XLIII Premio Planeta 1994.

El inmortal. 1996. Cuento. En el recopilatorio: Érase una vez la paz.

El mundo visto desde el cielo. 1997. Novela.

El resto de la vida. 1998. Novela.

El verano de Lucky. 1999. Novela.

La trompa de los monos. 1999. Cuento. En el recopilatorio: Mujeres al alba

La alegría de vivir. 1999. Cuento. En el recopilatorio: Hijas y padres

Un largo silencio. 2000. Novela. Ganadora del V Premio Fernando Lara de novela.

Giuseppe Verdi, la intensa vida de un genio. 2001. Biografía del compositor italiano Giuseppe Verdi.

Las olvidadas, una historia de mujeres creadoras. 2005. Ensayo.

Contra el viento. 2009. Novela. Ganadora del LVIII Premio Planeta 2009.

Donde se alzan los tronos. 2012. Novela. Editorial Planeta

Rahima Begum. 2013. Biografía. Editorial Pictorama

Referencias

     «La periodista Ángeles Caso gana el premio Planeta con la novela 'Contra el viento'». abc.es. 15 de octubre de 2009. Consultado el 15 de octubre de 2009.

     «Ángeles Caso logra el Planeta con un libro sobre emigración'». elpais.com. 15 de octubre de 2009. Consultado el 15 de octubre de 2009.
Blog de Ángeles Caso en el diario Público



     De Internet y de  Wikipedia, la enciclopedia libre.



miércoles, 10 de septiembre de 2014

ADULTERIO EN EL MÉXICO PREHISPÁNICO

ADULTERIO
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Refiere Newbold (1975: 145) que entre los zapotecos del Istmo se supone que se castiga al marido infiel apedreándolo hasta que muera. Aunque en la actualidad se ha suprimido esta práctica, si se encuentra a un hombre muerto con una piedra sobre el pecho, todos saben cuál fue su crimen.

     De la Fuente (1977: 157-158, 186), comenta que entre los zapotecos debido a la irresponsabilidad de los padres de no cuidar a sus hijos e hijas como antaño; por obligarlos a casarse contra su voluntad, abrían con ello el camino para las infidelidades y las separaciones. La doncella renuente a casarse, recibe una paliza. Una esposa infiel es colgada por el marido del “palo de paloma” de la casa y golpeada para que confiese el nombre del amante. Algunas veces llega a matarla. En algunos casos, un marido no se separa de la infiel, por las ventajas que le reporta tener suegros ricos, o porque la esposa “le trajo buena suerte”. Algunas esposas llegan a golpear a sus maridos infieles. Una esposa o esposo infiel, o que abandona el hogar sin causa justificada, pierde teóricamente el derecho al dinero del fondo común, a las propiedades no registradas a su nombre y a los hijos. 

     Refiere Kearney (1971: 167) que las mujeres zapotecas de Ixtepeji son en su mayoría objetos pasivos de agresión abierta y de sexualidad masculina. Por lo menos en el folklore las mujeres se vengan y controlan a sus maridos, sobre todo a los infieles, echándoles toloache (Datura meteloides) en su comida, que los reduce a un estado de estupefacción, descrito como semejante al de un niño. Algunas mujeres conocen la receta para hacer este cocimiento, asociado con las casi matriarcales tehuanas de Tehuantepec, en el sur de Oaxaca. Ya que los hombres dependen de las mujeres para la preparación de su comida, es ésta un área en que las mujeres ejercen control sobre los maridos.

     Según Gutierre Tibón (1984: 243) hasta hace poco, entre los triquis de Oaxaca, el marido ofendido tenía el derecho de castigar a la esposa infiel y a su cómplice quitándole de una dentellada un pedazo de nariz.

     Refiere Gay, en su Historia de Oaxaca (1998: 72): en la mujer se castigaba severamente el adulterio. En Ixcatlán la adúltera comparecía ante los jueces, y si era convicta, luego sufría la pena, siendo despedazada y los cuartos de su cuerpo repartidos a los testigos. En la mixteca, daba el marido muerte al adúltero, limitándose a veces a cortarle las orejas, labios y nariz. En Ixtepeji la adúltera era mutilada y multada; pagaba nueve mantas para el cacique, y quedaba privada de las orejas y la nariz. En Huitzo debía ser acusada por el marido, y convicta, era repudiada, azotada y vendida por esclava. Entre los cuicatecas, sus bienes eran confiscados en beneficio del señor del pueblo, y en otros lugares les cortaban también los labios. Solían también multar al cómplice de la adúltera para sustentar la prole, si la había.

     Blom (1944: 20) señala que entre los mayas el adúltero era entregado al esposo burlado quien tenía el derecho de matarlo soltándole encima de la cabeza una pesada piedra.

     López de Cogolludo, citado por Villa Rojas (1995:461), refiere que los indios quejaches eran monógamos y castigaban con pena de muerte el adulterio. La sentencia era dictada por el sacerdote y se cumplía en las afueras del pueblo: a la mujer la mataban a pedradas y al hombre a flechazos.

     Según Marion Singer (1991) entre los lacandones, se sabe que en cuanto a las almas de los hombres o de las mujeres que fueron culpables de adulterio, su destino final es volverse mula, y que Kisin les queme los genitales en expiación de sus delitos.

     Lombardo (1944: 28-29), comenta que en Chiapas, las mujeres tzeltales son generalmente pasivas, sin embargo, existen algunas que son “muy ardientes” que son ellas las que buscan al esposo, y si éste no les cumple sus deseos, buscan a otro en cuanto se presenta una oportunidad, que es por lo general, un día de plaza en el que los hombres están “bolos” (borrachos) o durante algún acontecimiento del clan, en el que como es costumbre se pongan a beber chicha (chiljá). Se buscan estos momentos porque es cuando el esposo, entretenido en beber y platicar, no se da cuenta de la desaparición momentánea de su mujer.

     Pozas (1987: T1, 146-150), relata que en Chiapas, entre los chamulas, la separación y el adulterio aducen varias causas:
     Salida del hombre a trabajar como peón a las fincas cafetaleras de Soconusco, dejando sola a mujer e hijos;
     Insatisfacción sexual de la mujer: -¡Ah! mi marido no sabe dormir con mujer; pica más un piojo o una pulga que él.
     -Este hombre no sirve, sólo una vez me “hace” por la noche y luego ya no puede.
     En algunos casos se atribuye la insatisfacción sexual de la mujer a una enfermedad llamada “tzajal-shubit” (gusano rojo), que produce un deseo incontenible de tener contacto sexual. Le llaman shubit al oxiuro (Enterobius vermicularis), parásito intestinal que provoca mucha comezón y ardor en el ano, así como hiporexia e insomnio.
     En cierta ocasión, le preguntó una ladina a un chamula por que motivo había matado a su esposa y éste le contestó: -¡Porque tenía “tzajal-shubit”!
     En algunos casos de adulterio el hombre mata al amante o castiga a la mujer llegando hasta el homicidio. Inclusive algunas veces puede “medio matarla a golpes” delante de las autoridades sin que éstas intervengan.
     Es más frecuente la intervención de las autoridades para impartir el castigo en los casos de infidelidad conyugal. El castigo que imponen a las mujeres infieles es encerrarlas en el “cuarto del juramento” tres días, sin que comer, ni que beber; después las ponen a barrer la Presidencia Municipal; castigo muy humillante para la mujer.
     Es raro que una mujer que comete una falta la niegue después.

     Furst (1972: 44-45, 64) refiere que entre los huicholes la infidelidad es frecuente tanto entre los hombres como entre las mujeres. De ordinario esto no tiene consecuencias graves y se observa con impasibilidad por parte de la mayoría de miembros de la comunidad. Hay, sin embargo, una ocasión ceremonial en que esta conducta se examina en forma ritual y abierta ante todos, cuando se exige que cada adulto declare públicamente cada una de sus experiencias sexuales extramatrimoniales nombrando con quién las tuvo, aun cuando ambos amantes de los esposos estén presentes, como generalmente sucede. Estas confesiones públicas son una preparación ritual obligatoria para la peregrinación del peyote, y se requiere que las practiquen no sólo aquellos que participan, sino también sus familiares. Por cada nombre y por cada ocasión confesada, el mará’akame (chamán) hace un nudo en un cordel largo de fibra de yuca que finalmente arroja al fuego –esto es, a la deidad del fuego, Tatewarí-, cuyas flamas ocultan el pasado y purifican a los participantes para la jornada. Al fallecer,  y llegar al inframundo a la tierra de los muertos, los espíritus de los infieles tienen que cargar en las manos con todas las vaginas de esas mujeres que gozó. Y la mujer infiel camina ahí con todos esos penes. De todos esos que tuvieron placer con ella.

    El senado tlaxcalteca penalizaba con la muerte al adulterio, al hurto y a aquellos que gobernaban en daño a la República.

     Kearney (1971:42) refiere que entre los zapotecos de Ixtepeji, el adulterio de la mujer era fuertemente sancionado y se consideraba motivo para que el marido devolviera la mujer a su familia, lo cual era considerado como una gran afrenta.

     Espejo (1994: 201) relata que en la costa veracruzana es una creencia que si a un niño pequeño le sale una perrilla (chalazión, mal del ojo) durante Semana Santa, esto es señal de que su madre anda con otro hombre.

    En varias culturas (tzotzil, popoluca, etc), los adúlteros son castigados por seres sobrenaturales, véase Lúputi, Súnuti, Macti, Congelo, Vaginas dentadas, Señor del Monte.

    Los señores o “dueños” del monte  castigan a todos aquellos que utilizan el producto de la caza, pesca, agricultura, etc., para entregarlos a sus amantes. En Los Tuxtlas tenemos a “Terrón cagao”, peñasco marino en donde existe una prisión donde son conducidos estos infractores, aquí son amarrados con bejucos y castigados a latigazos por iguanas que pasan corriendo junto a ellos. Otra de las formas de castigarlos es dándoles mala suerte en estas actividades, etc.

    Tlaltecuhtli, el dios mexica de la Tierra era –cuando Tlazolteot no perdonaba la falta– el Dios vengador del adulterio.

     Extraído de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las cosmologías de las culturas mesoamericanas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos.




NOCTURNO GRITO Xavier Villaurrutia

NOCTURNO GRITO
XAVIER VILLAURRUTIA
Escritor y poeta mexicano (México, D.F.  1903-1950)


Tengo miedo de mi voz
y busco mi sombra en vano.

¿Será mía aquella sombra
sin cuerpo que va pasando?
¿Y mía la voz perdida
que va la calle incendiando?

¿Qué voz, qué sombra, qué sueño,
despierto que no he soñado,
serán la voz y la sombra
y el sueño que me han robado?

Para oír brotar la sangre
de mi corazón cerrado,
¿pondré la oreja en mi pecho
como en el pulso la mano?

Mi pecho estará vacío
y yo descorazonado,
y serán mis manos duros

pulsos de mármol helado.



martes, 9 de septiembre de 2014

BEZOAR en América

BEZOAR
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Su nombre es  persa y significa defensor contra el veneno o aire del veneno, en el sentido de un “viento que expulsa el veneno”. Piedra blanca o concreción calculosa que se halla en los intestinos de algunos animales y en el hombre, constituida por un núcleo de pelos u otros cuerpos extraños rodeado de precipitaciones calcáreas. Era extraída principalmente de la cabra y en América del venado y la gamuza. El bezoar llegó a venderse hasta en 400 florines, en Holanda, y hasta el año 1765 los bezoáricos estuvieron de venta en las farmacias del mundo, en forma de polvo mágico usados principalmente contra los venenos de serpientes y alacranes y contra enfermedades malignas. El poseer un bezoar de venado para un cazador es el equivalente de un talismán que siempre lo sacará airoso en sus excursiones cinegéticas. Comenta Guido Münch (1994: 230) el bezoar o piedra del venado es considerada un amuleto el cual se sahuma junto con las armas al ir de cacería, previo permiso al chaneque el jueves a las 12 de la noche. || Refiere García de León (1969: 307-308) que la mayoría de los tiradores guardan –“por agradecimiento”- los maxilares inferiores de los venados que cazan, y procuran, al matar alguno, encontrarle la “piedra” para tener más suerte. La piedra del venado se halla en los intestinos o en el corazón. Es como un botón de concha nácar o larga como un hueso de mango. Las de esta forma son rayadas de un lado y tiene varios venaditos pintados en el otro. El poder de la piedra dura solo un año y, como la de los animales acuáticos (el cangrejo suele tenerla en la tenaza derecha y algunos ostiones también la tienen)  se le tiene que sahumar cada jueves.

     Otra forma de tener suerte con los venados es hallar los gusanitos. El venado al caer muerto suelta a veces varios gusanos por una de sus pezuñas. La suerte dura mientras se les mantiene vivos, alimentándolos con la sangre de los venados muertos. Estos gusanos crecen, se vuelven peludos y pueden vivir hasta seis meses. La suerte es magnífica porque los venados “hasta buscan al tirador”.

     El obispo Alonso de la Mota y Escobar, a principios del s. XVll, refiere que en los valles cercanos a Saltillo se criaban una especie de ciervos llamados cornicabras de las cuales los indios chichimecas sacaban bezoares los cuales eran rescatados por los españoles por frazadas, cuchillos, sombreros y otras baratijas de este género. Refiere que estos indios eran tan maliciosos y diestros que contrahacen tan al vivo estas piedras, haciéndolas de cierto género de tierra con su betún que engañan al más diestro en conocerlas.

     Tozzer (1982: 96) comenta que los mayas de Yucatán hacen un silbato de cuerno, con el cual imitan el llanto del venado joven, que usan para la caza.

     Extraído de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las Cosmologías de las Culturas Mesoamericas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos.




lunes, 1 de septiembre de 2014

JADE O CHALCHIHUITE

JADE O CHALCHIHUITE
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

Del náhuatl chalchihuitl, jade, precioso, verde azul, verde esmeralda. Comenta Tibón (1983) que era en el México antiguo el mineral más precioso y era signo de todo lo valioso, hermoso y rico, mucho más que el oro y la plata. Los olmecas introdujeron la elaboración de esta piedra en Mesoamérica durante el primer milenio anterior a nuestra era. Por su color verdeazul, que es el del agua, los chalchihuites eran la representación de la diosa del agua, Chalchiuhtlicue o Chalchiuhcueye, “la que tiene su falda de chalchihuites”, estas piedras más que emblemas, eran “fracciones” de la diosa misma, y como tales objeto de honda veneración. Chalchiuhtlatonac, “Sol de jade” es contraparte masculina de Chalchiuhtlicue; también es apodado “Sol de jade”, el “príncipe de las flores”, Xochipilli. Una de las advocaciones de la diosa terrestre-lunar Chicomecóatl es Chalchiuhcíhuatl, la “mujer preciosa” que presidía a la abundancia y la alegría de vivir. 
      

En sentido figurado el chalchihuite es el protector mágico-religioso por excelencia y para tal efecto era necesario calentarlo al sol, la ceremonia comprendía ofrendas y sacrificios de codornices. Quetzalcóatl sahumaba los chalchihuites. Su poseedor podía ver realizado cualquier deseo que formulaba. Era considerado un corazón humano, el cual se ponía en la boca del difunto para que tuviera vida en el más allá y lo ofrendase a Mictlantecuhtli, al llegar al término del largo y penoso viaje en el inframundo. El chalchihuite no sólo tiene vida, sino que es chalchiuhgenético, que da vida; la gema se colocaba en una cavidad expresamente cincelada en medio del pecho de las estatuas de piedra, así la deidad, dejaba de ser fría imagen adquiriendo vida, ejemplo notable es el del inquietante Tláloc de Castillo de Teayo con la cara doble. El hueco cuadrado en el pecho no contiene ya el chalchihuite y tampoco la cavidad redonda debajo del collar de la Chalchiuhtlicue colosal de Teotihuacan que se admira en el Museo Nacional de Antropología. 
                   

Se dice que Chimalma, madre de Quetzalcóatl, lo concibió porque se tragó un chalchihuitl que encontró mientras barría. El nahuatlato Alvarado Peralta (1992) me comentó personalmente que Mixcóatl, “serpiente de nubes”,  al andar de cacería, encontró bañando en un arroyo de Amatlán, pueblo tlahuica no lejos de Tepoztlán, Morelos a Chimalma tirándole cinco flechazos, de punta de jade, el último de los cuales le pasó entre las piernas, quedando embarazada de Quetzalcóatl. 

Comenta Alvarado Tezozómoc, que el rey de México Huitzilíhuitl echó un chalchihuitl a la princesa Miahuaxíhuitl, hija de Ozomatzinteuctli rey de Cuernavaca, la cual se hallaba sola pero bien vigilada en su jardín, ésta tragó la gema, “con lo cual dio principio su embarazo y concepción de Moctezuma Ilhuicamina”, el cual nació en 1390. Años después, en 1461, según los Anales de Cuauhtitlan,  Moctezuma Ilhuicamina, venció y ajustició al insolente Atonal, rey de Coixtlahuaca, y al buscar intimidad con la reina viuda, la vista de un chalchihuite donde no esperaba encontrarlo provocó que se desmayara. Los dos quedaron buenos amigos, puesto que la viuda se volvió eficaz recaudadora de los riquísimos tributos mixtecos. Otro caso de partenogénesis, concepción o embarazo sin intervención del macho, ocurrió con Coatlicue, “falda de serpientes”, mientras ésta barría como penitencia en el cerro del Coatepec, cayó un plumón de quetzal del cielo, mismo que guardó en su regazo, quedando embarazada de Huitzilopochtli…


Continúa comentando Tibón: La sangre que se vierte en los sacrificios, chalchiúhatl, es el “agua preciosa”: aquí lo rojo por excelencia se vuelve verde no por el color, sino por el hondo significado esotérico del color verde, el del chalchihuite.

Quetzalcóatl baja al inframundo para recoger los chalchiuhómitl, huesos de muertos, con cuya masa molida plasma la nueva humanidad. Estos huesos no son verdes, sino preciosos, metafóricamente de jade; y el dios los coloca en el chalchiuhapaztli, la vasija de jade por tratarse de la sustancia más valiosa del mundo.

Jade es un nombre genérico; define a tres piedras, semejantes en apariencia; la jadeíta, la nefrita y cloromelanita. Sólo el gemólogo especializado puede identificarlas. Nuestros jades bajan de color, desde el verde hasta el blanco, pasando por un color esmeraldino intenso y un azul verdoso (xoxouhqui) a un verdeazul claro y a todos los matices del gris. Obviamente el más apreciado era el verde más vivo, color de vegetación, del maíz verde. En el antiguo mundo náhuatl se conocían otras piedras verdes más modestas: la serpentina; la sausurita; algunas obsidianas verdecentes; el cuarzo verde o prasio; la prehnita y el xíhuitl o turquesa. Los lapidarios del imperio azteca eran los xochimilcas. La esmeralda, la gema verde más preciosa del Viejo Mundo, era desconocida en Mesoamérica.

Las piedras más comúnmente usadas para imitar los jades son la esteatita, el tecali de Puebla (grado de dureza 3) teñido de verde y la serpentina (dureza 4). El vidrio común tiene la dureza 5, un poco menos que la obsidiana y un cuchillo de acero; de suerte que nefrita y jadeíta inciden vidrio y obsidiana, en tanto que un cuchillo de acero no incide ninguna especie de jade. El uso prehistórico del jade para fabricar hachas, cuchillos, puntas de flecha, se debe a su dureza.
Fundados en la realidad de los tributos. Dos fueron las principales fuentes de abastecimiento de jade: la costa septentrional de Veracruz; la Sierra Madre del Sur en Guerrero, Puebla, Oaxaca y Chiapas. Es probable que no procedan de grandes vetas y que los jaderos encontraran las piedras en guijarros y cantos rodados en el lecho de arroyos y de ríos. Se encontraban frecuentemente en el río Balsas. También en el río Tesechoacán, en el estado de Veracruz, tal vez arrastrados de la Sierra Chinanteca.

Sahagún refiere que los mexicas tenían sus señales para descubrir los chalchihuitl; si al querer salir el sol veían en la tierra un humillo delicado, era señal que ahí había criadero de piedras finas, o algunas estaban allí escondidas: si la hierba se conservaba siempre verde en algún lugar, sin duda que debajo yacían los chalchihuitl.
El uso de jade y turquesa era prerrogativa de los principales, afirma Sahagún aludiendo a las piedras preciosas, y añade: “Es señal de que es persona noble el que las trae…; a los macehuales (o sea la gente del pueblo) no les era lícito traerlas”. El jade se empleó en dijes, orejeras, pendientes pectorales, y otros adornos de la persona y en estatuas, vasos, objetos que no parecen haber tenido más fin después, del mágico-religioso, que el deleite de sus dueños. Las incrustaciones dentarias de jade se destinaban a los sacerdotes, personas del más alto rango, que debían conservar su poder, su prestigio, su reputación. Es muy probable que la vista de las piedras sacrosantas en la boca de los potentados, cuando éstos hablaban y reían, produjera un impacto psicológico en el común de los mortales; esto contribuía a mantener el respeto popular por su jerarquía.

En el Librito de las hierbas medicinales de los indios, de Martín de la Cruz, médico azteca de Xochimilco, traducido del náhuatl al latín en 1552 por Juan Badiano, se menciona ocho veces la piedra verde como ingrediente adicional en medicamentos vegetales y animales. El poder sacral insito en el chalchihuite, en el pensamiento de los médicos prehispánicos, contribuye al efecto terapéutico del remedio. Los conquistadores adoptaron el uso tradicional del jade para curar los cólicos nefríticos. Los cálculos, o piedritas renales, se debían curar, según el principio homeopático, con otras piedritas. La piedra de la ijada será el remedio de elección contra el dolor de la ijada. Pronto se conoce en Europa, los franceses transforman l´ejade en lejade, le jade, y transmiten la palabra a las demás lenguas modernas, incluyendo el propio castellano. Con razón otro nombre para el jade es piedra nefrítica o nefrita.
Estatuilla de Tuxtla

     Extraído de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pípil, náhuatl, taíno y popoluca, analogía con las cosmologías de las culturas mesoamericanas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos.