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martes, 2 de diciembre de 2014

SANTOS, DIOSES Y DEMONIOS Antonio Fco. Rodríguez A.

SANTOS,
DIOSES Y
DEMONIOS
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO

 En la época prehispánica no existían los conceptos de diablo ni infierno, los cuales fueron introducidos por los conquistadores españoles como un arma más para someter a las poblaciones indígenas de América. Comenta González Phillips (1993: 62)  en México a la llegada de los españoles los dioses autóctonos fueron demonizados. Los cronistas calificaron las prácticas indígenas como paganas y a sus rituales los asociaron con la figura demoníaca. Todas las deidades prehispánicas fueron reducidas a ser el mismo demonio o a estar emparentadas  con éste…

     Señalo el ejemplo dramático de Hatuey:

     Bartolomé de Las Casas (1965, TII: 507-508, 522-524) refiere que  Hatuey, era un cacique taíno que salió huyendo de la isla La Española (República Dominicana) rumbo a Cuba en donde se unió con los siboney, que eran los más antiguos habitantes de esta isla. Cuando los españoles emprendieron la conquista de Cuba, en 1511, reunió a su pueblo y habló de los extranjeros en estos términos: “Son crueles y malos por naturaleza… porque tienen un Dios que adoran y veneran mucho, y para obligarnos a adorarlo, tratan de someternos y de matarnos”. En su casa había un cesto lleno de oro y de joyas y dijo: “Ved, éste es el Dios de los cristianos”.  Entonces para escapar a la maldición, los indios arrojaron al río todo el oro que poseían. Pero cuando los españoles llegaron, bajo el mando de Diego Velázquez,  no respetaron a Hatuey. Las Casas agrega que a un religioso español que quiso ayudar al rey durante su suplicio, siempre y cuando se convirtiese al cristianismo, Hatuey le preguntó: “Y los españoles ¿van a ese cielo de que me hablas?”, al recibir una respuesta afirmativa del franciscano, el indio repuso: “Entonces, prefiero ir al infierno”. Así pues, el 2 de febrero de 1512, murió en la hoguera por pagano.

     Hatuey. Del taíno Ha, art. el + tu, brillante, resplandeciente + ey, posesivo: “El que resplandece”.

     El 22 de octubre de 1695, Cabnal, el cacique supremo del poblado lacandón de Sac- Bahlán, antes de ser capturado por los españoles pronunció sus últimas palabras: ¨No quiero ser cristiano, ni que mi gente lo sea¨.  Comenta Jan de Vos: ¨Ser cristianos para Cabnal no sólo significaba renegar a sus antiguos dioses y abrazar una nueva religión; significaba, además, perder su libertad, su autonomía, su cultura ancestral, y aceptar el pesado yugo de la vida colonial, con su inevitable secuencia de enfermedades desconocidas, tributos y repartimientos, trabajos forzosos, vigilancia militar, control eclesiástico y dominación política. En comparación con estas calamidades, los bienes ofrecidos por los nuevos amos eran pocos y de poca trascendencia: machetes y hachas de fierro, ropa de lana, perros de guardia y cacería, carne de puerco, legumbres y frutas de Castilla.

     Merrill (1992: 122-124, 145-147, 170) estudiando a los tarahumares o rarámuris (de rará, planta del pie + mu de ma, correr + ri, sufijo formativo: corredores a pie) refiere que un día Dios y su hermano mayor, el Diablo, estaban sentados juntos hablando y decidieron ver quién podía crear seres humanos. Dios tomó barro puro mientras que el Diablo mezcló su barro con cenizas blancas y empezaron a formar algunas figurillas. Cuando los muñecos estuvieron listos, los quemaron para que endurecieran. Las figuras de Dios eran más oscuras (chókame, negras u oscuras) que las del Diablo. Eran los rarámuris mientras que los del Diablo eran chabochis (barbados). Entonces decidieron ver quién podía dar vida a las figuras. Dios sopló su aliento en sus muñecos e inmediatamente tuvieron vida, pero el Diablo, a pesar de soplar, no tuvo éxito. Se volvió hacia Dios y le preguntó: “¿Cómo hiciste eso?”, de manera que Dios le enseñó al Diablo cómo darles iwigá (almas) a sus creaciones. A partir de entonces de la unión sexual de estos primeros seres humanos descienden todas las subsecuentes generaciones de rarámuris y de chabochis. En la relación sexual, un hombre introduce el chi’wa (semen o leche) en la sangre intermenstrual (, sangre) coagulándola. Entonces Dios (o en el caso de chabochis, el Diablo) coloca un poco de sustancia de alma dentro de esta masa de sangre y semen, a la que da forma con sus propias manos.

     Las almas de los rarámuris al morir residen en el cielo por toda la eternidad a menos que hayan cometido ofensas capitales. Si es así son enviados con el Diablo para ser destruidas.          Al morir los chabochis, sus almas automáticamente van con el Diablo, pero no son castigados porque el Diablo es su padre.

     Los rarámuris en relación a la mayor cantidad de pelo corporal de los chabochis algunas veces se refieren desdeñosamente a ellos como kosichí bowéame (“culos peludos”).

     Los tarahumares, según González (1982: 111-112, 125, 186-187); dicen que el infierno no fue creado para ellos, en cambio dicen que los chabochis, por ser malos, se irán todos al infierno. El dios del inframundo era Terégori (el de la casa de abajo), Terégori era también conocido como Witaru (el que es mierda) del cual creían que era un lobo y mataba a los hombres y era además, enemigo de los dioses del cielo o Rewegachi (lugar de los que tienen nombre) y de los dioses del paraíso u Osomachigüi, a donde iban las almas de los muertos y en donde jugaban y bailaban.

     García de León rescata la figura del diablo de algunos cuentos y tradiciones locales más importantes de la cosmovisión indígena. Las siguientes versiones son de una entrevista que él hizo al Sr. Domingo Hernández el 24-04-81.

     Tino Patraca de San Juan Volador se hizo muy rico porque le dio dinero el diablo. Él era muy pobre y se dedicaba a la venta de huevo en Puerto México (Coatzacoalcos). Un día en la noche se le apareció el diablo pero no en la forma en la que es, sino que se le apareció en la forma de un amigo suyo, le dijo que si quería le iba a prestar dinero para que se hiciera rico y le dio un dinero grande. Y le dijo que lo metiera en un baúl. Cuando Tino llegó a su casa y vio que este dinero tenía el nombre y la dirección del diablo comprendió quien era el que había visto. Metió el dinero en el baúl y después se le hizo mucho más. Cuando el diablo vino por él, para llevárselo, Tino lo engañó. Ya lo había engañado cinco veces: la primera vez le dijo que se lo llevaría cuando saliera el sol por el poniente, y como el sol nunca sale por el poniente el diablo fue engañado; la segunda vez Tino vio que el diablo venía a su casa caminando por la noche, y cuando el diablo llegó le empezó a cantar kikiriquí como cantan los gallos y el diablo creyó que estaba amaneciendo y se fue corriendo; la tercera vez, le dijo Tino a el diablo que viniera por él cuando ya supiera Tino hacer polvo las piedras, como nunca supo hacer polvo las piedras fue engañado otra vez; no recuerdo bien, si la cuarta vez  le dijo que viniera un día 30 de febrero, día que nunca llegara porque febrero sólo tiene de 28 a 29 días; la última fue cuando le dijo que viniera por él al ratito, dentro de mil millones de años, como mil millones de años no es un ratito, el diablo fue engañado otra vez.

     Otra de las mentiras usadas para engañar al Diablo es decirle que venga el día que  “pare” la mula.
     Diablo y riqueza. También a Don Guadalupe, el diablo le dio dinero, pero él le fue pagando con sus peones, se los iba dando al diablo para que no se lo llevara a él…

     Refieren George M. Foster (1945: 183), Guido Münch (1994: 181), García de León (2004:59) y López Austin (ll, 2004: 290),  que entre los zoque-popolucas el demonio (Wak-ku ‘v) es un espíritu maligno se asocia al nagualismo y al cerro del Mono Blanco, que puede tomar cualquier aspecto material, y tiene varios rostros diferentes que puede cambiar a voluntad, de modo que puede fácilmente engañar. Más sin embargo, se le puede reconocer porque es un hombre negro vestido de charro, lujosamente ataviado del mismo color, generalmente armado con un látigo, fumando un puro que desprende olor a azufre, tiene las uñas largas y muy grande el pelo y que sólo es visible de noche. Dicen que cabalga en un caballo o una mula negra azabache, que se anuncia al llegar con el particular sonido de los cascos de su cabalgadura, y alumbra las calles nocturnas de cualquier poblado despidiendo chispas por las espuelas y por sus ojos de carbón encendido; que acostumbra llegar a los pueblos durante las fiestas a tomar, cantar y bailar huapango. Los individuos que se quedan con él después de la fiesta mueren. Se aparece a los caminantes en el monte en forma de chango, con grandes garras y labios colorados. Es el patrón de brujos malos, adivinos y bandidos. Se cree que algunas personas, no necesariamente naguales, están ligados al Diablo cuando tienen mucho dinero sin una fuente visible de ingresos. A cambio del dinero los humanos aceptan  entregar al Diablo un pariente cercano (excepto al padre o a la madre) dentro de un cierto periodo de tiempo. Todos aquellos que lo han llegado a ver quedan mudos del susto…

     Un  equivalente del diablo entre los nahuas es el tlacatecólotl. Entre los nahuas de Los Tuxtlas es Miktantek. Entre los zoques de Chiapas Joko´isto (espejo humeante) o yach pa’ti (mal espíritu). En la cosmovisión tzeltal tzotzil el Demonio o Pukuj, es considerado también de color negro. Entre los mayas es conocido como Kisin. De la Fuente (1977: 268) refiere que entre los zapotecos de Yalalag es conocido como Daşigó, visualizado en figura de cabrío, en la forma en que los nativos lo ven en las estampas religiosas. Aunque su lugar es el infierno, aparece en la tierra para tentar a los hombres

     Comenta Olavarrieta (1989: 242), las similitudes existentes entre el Diablo y el dios nahua Tezcatlipoca. Ambos constituían las entidades sobrehumanas protectoras de los hechiceros, y se encontraban igualmente relacionados con: la noche, las cuevas, el negro y el rojo, y con el poder de la metamorfosis, que se les atribuía tanto a ellos mismos como a sus protegidos. Sobre este último punto, vemos que Tepeyolotli – el jaguar, dios de las cuevas, es otro aspecto de Tezcatlipoca. Además, no hay que olvidar que el mono era un nahual de Tezcatlipoca, y que actualmente se considera al Mono Blanco como una figura del Diablo, siendo éste, al mismo tiempo, el nombre que recibe en Los Tuxtlas el cerro donde Lucifer tiene su morada, dentro de una cueva. Según González Phillips (1993: 64), las cuevas y montañas son lugares propicios para invocar al Diablo, pues éste no soporta la luz del día ni lugares claros y abiertos…

     Tanto entre los popolucas como entre los nahuas, Dios y el diablo se consideran que son hermanos. Esta concepción es muy semejante a la que tuvieron los aztecas de Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Una leyenda cuenta que en el principio del mundo Dios y el Diablo compitieron para hacer varias cosas: Dios hizo un muñeco de barro, que se convirtió en el primer hombre. El diablo quiso hacer lo mismo, pero se convirtió en serpiente. Poco después Dios hizo a la mujer.  Cuando les tocó hacer el  machete, Dios hizo uno de madera y el diablo uno de fierro, por lo que se cree que el diablo inventó el metal. Desde entonces, todos los que mueren por causa de fierro- machete, bala, camión, etcétera- no los recibe Dios, van con el diablo. Por eso en el panteón se les entierra aparte. Quizá esa sea también la explicación por la que para matar al Joonchu se necesite un machete de jonote o el machete de madera del telar de cintura. Delgado (2004: 249) y Guido Münch (1994: 161-162).

      El Dios principal entre los reinos de “La Triple Alianza” era Tloque-Nahuaque, y el más convencido y apasionado de sus siervos era el sapientísimo Netzahualcóyotl. Su nombre se compone de las posposiciones tloc y nauac en plural; la primera significa cerca, con, al lado, y la segunda, cerca, alrededor: “Dueño de la cerca y del junto.” Dios supremo conocido también con los nombres de: Ipalnemohuani, “Dador de la vida”; Moyocoyatzin, “El que se está inventando a sí mismo”. Desde otro punto de vista, se consideraba que esta divinidad suprema, siendo única en sí misma, tenía en realidad dos aspectos o rostros, uno masculino y otro femenino. Así era invocada como Ometéotl, “El dios de la dualidad”. Otras veces se le designaba por medio de dos términos. Ometecuhtli y Omecíhuatl, “El señor y la señora de la dualidad.” Otros títulos eran Mictlantecuhtli, Mictecacíhuatl, “El señor y la señora de la región de los muertos”; Chalchiuhtlicue y Chalchliuhtlatónac, “La señora y el señor de las aguas”, etc. Un análisis más cuidadoso del pensamiento de los sabios prehispánicos, los tlamatinime, muestra que al menos en los estratos sociales superiores en realidad se adoraba tan sólo a un único dios, Señor de la dualidad, Dador de la vida, que se está inventando a sí mismo. Era el origen del mundo y para varios de los cronistas del s. XVI, Bernardino de Sahagún entre ellos, era la versión mesoamericana del dios de los cristianos. Rodríguez (2004),  León-Portilla (1992).

     Tranfo (1974: 214-215) comenta que, por otro lado, el culto de los “santitos” en los oratorios familiares y públicos, no es otra cosa que la substitución y la continuación de los cultos politeístas prehispánicos. Ellos protegen la casa, a ellos se dirigen en caso de necesidad y piden ritualmente por la fertilidad familiar y agrícola. También el culto de las imágenes de los muertos, es un testimonio de la continuidad entre “paganismo” y catolicismo. Los “santitos” al heredar características de sus antiguas deidades, no deben ser olvidados, tienen que recibir ofrendas periódicamente o de lo contrario reaccionan, regañan y envían calamidades a las personas o a la milpa. || Greenberg (1987: 136-137) relata que en Oaxaca, entre los chatinos,  uno reza por lluvia, no sólo a ho’o ti’yu, sino también a Jesús Dulce, a la Santa Cruz y a San Pedro, quien posee las llaves del cielo. Ellos compran las imágenes y al igual que a los niños, las consideran como una “no persona” hasta que se le bautiza por un sacerdote, al igual que un niño la imagen requiere de padrino. El propietario coloca al santo en el altar familiar y enciende una vela frente a él. Este acto transforma la imagen de una “no persona”, a kwį’ į ho’o, o “espíritu santo”. Cuando se enciende la vela, “el espíritu santo sale de la imagen, y entonces ya está ahí”. El espíritu santo actúa como un ángel guardián para su dueño. Es una relación íntima y constante aunque, en ocasiones, tormentosa: “se enoja con la gente y la gente se enoja con él”.  Existen muchos espíritus santos. Los brujos hablan con ellos. Pueden mandar a matar a alguna persona. || Huerta (1981: 219), relata que en Oaxaca, entre los triques, el respeto y veneración por la cruz es superior al de los santos, éstos son venerados, pero también castigados cuando se considera que no cumplen con lo que se esperaba de ellos. En estos casos los naturales de Copala los ponen boca abajo o los flagelan en un intento por rescatar sus virtudes sobrenaturales, sin establecer diferencias en cuanto a la jerarquía de la imagen.  Comenta Schendel (1980:181-3) algunos hechiceros mexicanos mezclan las prácticas religiosas con los sucios ritos de la brujería; y así, pueden tratar de “embrujar” a determinada víctima invocando al Diablo en un cementerio, hacia la medianoche y frente a un sepulcro vacío, después de haberlo profanado, para complacer así al objeto de sus invocaciones. Otro brujo puede envolver la imagen de un santo junto con una fotografía de la víctima en las ropas de ésta y colocar algunos pesos en el paquete para “obligar” al santo a prestarle su ayuda. El brujo enciende velas y reza pidiéndole que castigue severamente a la víctima elegida. Como los supersticiosos creen que los brujos reciben su poder del Diablo, habitualmente los curanderos recomiendan a sus clientes que se protejan contra la hechicería utilizando medallas con imágenes de santos. Si se trata de un vecino hostil, el curandero recomendará a su cliente voltear todas las imágenes religiosas a modo de enfrentar la casa del vecino, y regar su propia casa con agua bendita de algún templo.

Véanse  costumbre, hombres rayos, Junchuch, Pukuj, Kisin y  Tlacatecólotl.


     Tomado de mi libro Los Tuxtlas nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las Cosmologías de las Culturas Mesoamericanas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos. Ediciones culturales exclusivas 2007.


LA GUARDIANA DE LA POZA. Diana Pitcher

LA GUARDIANA DE LA POZA
DIANA PITCHER

     En una tierra lejana hay un gran lago. El agua  encuentra una pequeña vía de escape en un extremo del lago y se abre camino, gorgoteando, hacia las llanuras. Corre por estrechas gargantas almenadas de rocas, salta por precipicios y fluye entre la tierra parda y la hierba verde hasta que tres inmensas rocas le cortan el paso.

     Allí el río gira y gira en redondo, en busca de una salida; a fuerza de girar y girar, cada vez más deprisa, crea un gran remolino que traga las hojas doradas y rojas caídas de los árboles umsasa, los mosquitos que surcan veloces la superficie del agua y las mariposas que revolotean entre las aromáticas flores blancas de las plantas lacustres que crecen en la orilla.

     Al fondo del remolino vive una inmensa serpiente pitón de agua plateada, con sus relucientes anillos, sus reptilianos ojos entrecerrados ante los rayos de luz que hienden las aguas y su convulsa lengua: esta hermosa y temible pitón de agua plateada es la guardiana de la poza.

     No se trata de una pitón común y corriente, pues el tacto de su fría y viscosa piel es curativo: la curación de todas las enfermedades y dolencias de hombres y mujeres está reservada a quienes tienen el valor de bajar a visitarla a su hogar de las profundidades.

     Ngosa estaba sentada junto a la poza, contemplando el furioso torbellino de las aguas. El sol brillaba sobre su suave piel oscura y le calentaba el tembloroso cuerpo. Su madre estaba enferma, muy enferma. Ngosa sabía que moriría si no le proporcionaba auxilio. Para ello, tendría que sumergirse en aquellas aguas turbulentas, tocar a la serpiente plateada, mirar de frente sus ojos negros, acercarse a su convulsa lengua… Ngosa se estremecía a pesar del calor. Estaba asustada.

     La Pitón observó a Ngosa desde el fondo de la poza y vio que era hermosa, supo que sentía miedo y anheló tranquilizarla.

     Ngosa oyó un grito a sus espaldas y, al volverse, vio a su hermana menor atravesando los campos a la carrera.

    - ¡Ngosa! ¡Ngosa! –la llamaba-. Date prisa, estoy segura de que nuestra madre se muere.

     Entonces Ngosa recordó muchas cosas. Recordó cómo la había consolado su madre cuando el Cocodrilo estuvo a punto de arrastrarla al río y cómo pasó la noche sentada a su lado, cantándole nanas; recordó que su madre había caminado muchos kilómetros en busca de raíces de rábano rojo para curarle el terrible dolor provocado por la picadura del Escorpión; recordó que su madre espantó a golpes al peludo y monstruoso Babuino que trató de raptar a su hermanito; y recordó cómo compartía discretamente su propia ración de gachas de maíz con sus hijos cuando se abatió sobre ellos una gran sequía y los hombres morían de hambre.

     Ngosa se lanzó al furioso remolino.

     La lengua de la  Pitón se agitó una vez y luego permaneció inmóvil. Sus ojos negros se cerraron. Ngosa extendió el brazo y acarició la piel fría y húmeda de la serpiente. Luego, azotando el agua con brazos y piernas, salió a la superficie de la poza y echó a correr por los campos hacia casa, para transmitir a su madre el toque sanador de la Pitón.

     Esa misma noche, cuando la luna llena se elevó roja como la sangre sobre los  montes, la Pitón desenroscó su cuerpo plateado y subió lentamente a la superficie. De las aguas emergió un joven. Su cabeza, hermosa y erguida, estaba cubierta de apretados rizos negros. Tenía intrépidos ojos castaños y poderosos brazos y piernas. Era, sin duda, el hijo de un jefe. Y, al igual que antaño lo hiciera el primer hombre, miró alrededor y vio que la tierra era buena.

     Atravesó a paso largo los campos y llegó al semicírculo de chozas. En el corral rumiaban pacíficamente las reses y el brillo de la luna aterciopelaba sus pieles negras y  blancas. Una cabra amamantaba a su cría.

     -Ngosa –llamó quedamente- . Ngosa, tu valentía me ha salvado. Cuando la hechicera de las aguas me convirtió en serpiente, me hundí hasta el fondo de la poza. Allí debo permanecer para siempre durante el día, al cuidado de la poza. Pero ahora, gracias a tu coraje, de noche podré adoptar mi forma humana. De noche podré revelarme a quienes son valientes y hermosos. A ti, sin duda, no te falta valentía, puesto que me visitaste bajo mi forma de pitón, y veo que eres hermosa. Ven.

     Cuando Ngosa salió de la choza, el hijo del jefe le puso al cuello un collar de piedras de luna, de un azul y un verde lechosos, ensartadas en un hilo plateado de luz de luna.

     Y ahora Ngosa pasa casi todo el día al borde del remolino, tocando dulces melodías en su ugubhu, porque a las pitones les encanta la música de los seres humanos.

     Y, de noche, Ngosa se pone el collar de piedras de luna al cuello y espera a que el hijo del jefe emerja de las aguas.



     Ugubhu. Instrumento de música de una sola cuerda que se toca con arco. Una calabaza hace las veces de caja de resonancia.

TOMADO DEL LIBRO
MIS CUENTOS AFRICANOS
DE NELSON MANDELA



martes, 25 de noviembre de 2014

HUÉMAC Y TOHUEYO

HUÉMAC Y TOHUEYO
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO
Tohueyo


 Huémac. De hue(y), grande + ma(itl), mano + c, en: “En la mano grande”. Según López Austin (1984: 292), nombre de una divinidad pluvial y agrícola que gobernaba el Cincalco. Llevaban su nombre algunos de los gobernantes de Tollan, que lo representaban sobre la tierra. ||  Gobernante de Tula posiblemente del año 944 al 1010. Extendió el territorio conquistado por los toltecas y se caracterizó por su brutalidad. Se cree que sucedió a Quetzalcóatl en el poder o que mientas él tenía el poder temporal, Quetzalcóatl poseía el espiritual. Los toltecas lo habían encontrado siendo niño, lo habían tomado y lo habían criado y educado. Seguramente era la ofrenda del dios Tezcatlipoca, su hechura y su vestigio, para que los toltecas- chichimecas y los nonohualcas- chichimecas se enfrentaran y se destruyeran. Cuando era ya un joven ordenó que su casa la custodiaran los nonohualcas, y ellos obedecieron. Enseguida les exigió que le trajeran mujeres de la Huasteca, porque allá las había con caderas gruesas de “cuatro palmos de ancho”, nuevamente le obedecieron y trajeron la mujer solicitada, y como él no se conformó, los nonohualcas llenos de disgusto por pensar que se estaban burlando de ellos, les hacen la guerra a los toltecas, dos de éstos Icxicóhuatl y Quetzaltehuéyac, convencen a los nonohualcas que la culpa es exclusiva de Huémac, y él al oír esto, huye. Pronto fueron a perseguirlo los nonohualcas, le dispararon flechas, gritaban detrás de él como si fueran coyotes. En su persecución hicieron que fuera a esconderse en Chapultepec, en la cueva de Cincalco. Después de que allí se metió, por arriba se apoderaron de él, lo hicieron salir, lo flecharon, y lo dejaron muerto. Cuando murió Huémac, regresaron a Tollan los nonohualcas Xelhua y Huehuetzin y los toltecas Icxicóhuatl y Quetzaltehuéyac. Aquí, se convocaron los nonohualcas y dijeron: -Venid y oíd que clase de gentes somos. Quizá hemos hecho una transgresión. Ojalá que por causa de ella no sean dañados nuestros hijos y nietos. ¡Vayámonos, dejemos esta tierra! ¿Cómo habremos de vivir? Ya que Huémac nos ha hecho enemigos, nos ha hecho enfrentarnos, abandonemos a los toltecas. En seguida, en la noche ocultaron todas las pertenencias lo que corresponde a Quetzalcóatl, todo lo guardaron. Luego empezaron a salir de Tollan… (Anales de Cuauhtinchan). Como personaje de poemas es notable su figura y entra en las leyendas fantásticas de la destrucción de la monarquía de Tula.

     Tohueyo. “Nuestro prójimo”. Según Sahagún toueyo, significa “extranjero” y el plural es touyome. León Portilla traduce: to, nuestro + huen-tli, ofrenda + yo(tl), colectivo: Nuestra ofrenda. Tezcatlipoca en su persecución a Quetzalcóatl y a los toltecas en general, bajo el nombre de Titlacahuan, se convirtió en un indio forastero (tohueyo), que desnudo se sentó a vender ají verde en el mercado de Tollan. Huémac, rey de los tulanos en lo temporal, porque Quetzalcóatl era como sacerdote y no tenía hijos, tenía una hija doncella muy hermosa, la cual acertó a distinguir  al Tohueyo desnudo, y el miembro genital, y antojósele tanto que enfermó de amores. Para curarla, pues se moría, fue preciso buscar al Tohueyo, traerle al palacio, vestirle y dársele por esposo, y desde que durmió con ella la dejó buena y sana. Matrimonio tan desigual disgustó a los vasallos, quienes prorrumpieron en destempladas murmuraciones. A fin de acallar el disgusto público, Huémac determinó deshacerse de su importuno yerno; envióle a la guerra de Cacatepec y al Coatepec simbólico, ordenando secretamente a sus capitanes le hicieran perecer. En la batalla dejaron abandonado al Tohueyo con los pajes, enanos y cojos; mas cuando el enemigo los acometió, pelearon con tanto brío, que salieron vencedores. Fue indispensable que Huémac y los tulanos salieran a recibir al plebeyo con gran fiesta poniéndole las armas quetzalapanecayotl y el xiuhchimalli, divisas de los triunfadores y llegando al palacio emplumáronle la cabeza y tiñéronle todo el cuerpo con color amarillo, y la cara con color colorado, y lo mismo a los pajes: este era el regalo que solían hacer a los que venían triunfantes de la guerra. Las artes de Titlacahuan habían traído el descrédito a Quetzalcóatl y a su amigo el rey Huémac.

    Para solemnizar al triunfo, Titlacahuan reunió una gran multitud para cantar y bailar a un lugar que se llama Texcalapa, entretúvolos hasta la media noche, en que los danzantes se despeñaban en el barranco del río Texcaltlauhco, convirtiéndose en piedras.

   Melville J. Herskovits encontró en la cosmogonía dahomeyana de la costa del Golfo de Guinea un personaje de origen divino llamado Twhwiyo, el cual tiene semejanzas con la leyenda de Tohueyo.

     Los huaxtecos eran considerados inmorales y borrachos. En uno de los mitos del descubrimiento del pulque el cacique de los huaxtecos se emborrachó y se quitó el máxtlatl o taparrabo, descubriendo sus genitales; por esta razón fue reprobado y tuvo que huir con toda su gente hacia Pantlan o Pánuco, en donde se quedaron adoptando la costumbre de no usar máxtlatl y recibieron el nombre de tohueyo “nuestro prójimo” y cuextécatl.

     Los hombres huastecos se distinguían porque iban desnudos, se perforaban el septum nasal y ahí colocaban un adorno con plumas rojas; llevaban el cuerpo tatuado y los cabellos peinados hacia arriba y teñidos de rojo o amarillo. Códice Florentino, libro IX, f. 50v.
    
     Cuextécatl. De cuex(antli), espacio entre la cintura y las rodillas + t(ecatl), gente, habitante de + ecatl, viento, aire: “Gentes que traen el espacio entre la cintura y las rodillas al aire o descubiertas”. Sobrenombre al igual que tohueyos, que recibían los huaxtecos. Huasteco, huasteca. De huaxteca, habitante de la región de Huaxtla, (de huaxin, guaje + tla, lugar abundante en: “Donde abundan los guajes o calabazas”).   

     Xiuhchimalli. De xihuitl, turquesa y color azul + chimalli, escudo o rodela: “Escudo azul por estar adornado con turquesas”. Era el escudo con que premiaban a los grandes triunfadores en la guerra. Sahagún refiriendo las proezas que hizo Tezcatlipoca, disfrazado de Tohueyo, en Tula, dice que cuando Huémac mando que el Tohueyo, su yerno, fuera a la guerra para que abandonado por los toltecas, fuera muerto por los enemigos, el Tohueyo triunfó de éstos, y Huémac tuvo que ir a recibirlo en triunfo y le colocó el Xiuhchimalli, honrando su valor.


     Quetzalapanecayotl. Brillante armadura que se daba en recompensa a los guerreros vencedores.



martes, 21 de octubre de 2014

CUAUHTÉMOC, último tlahtoani azteca.

CUAUHTÉMOC
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO



     Cuauhtémoc. (1502- 1525). n. en Tenochtitlan y m. en Izancanac. De cuauh(tli), águila + temo, descender, caer:“Águila que desciende o que cae.” Fue el decimoprimero y último de los tlahtoani mexicas, de 1520 a 1521. Hijo de Ahuízotl y  descendiente de Netzahualcóyotl por parte materna (su madre era Tiyacapantzin o Tilalcápatl). Otras versiones señalan que su madre era una princesa chontal y que nació en 1496. Señor de Tlatelolco, tomó posesión del trono a la muerte de su primo Cuitláhuac, en diciembre de 1520. Debido a las circunstancias en que se encontraba el pueblo a consecuencia de la invasión española, no se celebraron fiestas y se sacrificó a unos cuantos prisioneros de la batalla de la Noche Triste. Desplegó entonces una gran actividad diplomática tratando de ganar aliados entre sus antiguos vasallos, a los que prometió no cobrar más tributo en tanto que les advertía del peligro que significaba para ellos la caída de Tenochtitlan, ciudad que fortificó en espera del ataque de Cortés, quien contaba  con  más de 80,000 aliados, principalmente los tlaxcaltecas, mientras que el joven emperador trataba de prepararse a la batalla con los pocos recursos que le quedaban, debido a que la epidemia de viruela mató un gran porcentaje de la población y gran parte de sus soldados quedaron ciegos a causa de la misma. El ejército de Cortés era mayor que el de Cuauhtémoc y finalmente después de 93 días de sitio aquel tomó la ciudad el martes 13 de agosto de 1521. Cuauhtémoc se embarcó en una canoa junto con su familia: Tecuixpo su mujer, el tlahtoani de Tlacopan Tetlepanquetzal, el Cihuacóatl Tlacotzin, el tlahtoani de Texcoco Coanacotzin, y otros caudillos para ponerse a salvo pero fue alcanzado por un bergantín al mando de García Holguín y hecho prisionero de los españoles. Llevado ante Cortés pronunció las palabras que describen claramente su carácter, y que han pasado a la historia como muestra de su valentía y nobleza: “Ya que hice cuanto era necesario en defensa de mí ciudad y de mí pueblo y no puedo más. Y puesto que  vengo preso y por la fuerza ante tu persona, toma luego el puñal y mátame con él”. Cortés admiró la valentía del prisionero, motivo por el cual fue benévolo con él, en un principio. Padeció el tormento de serle quemado los pies con aceite hirviendo para que revelara en dónde se encontraba escondido el tesoro de su pueblo. Lo cual causó que quedara baldado para siempre. Cuauhtémoc lo sufrió junto con Tetlepanquetzal, señor de Tlacopan, y cuanto éste no pudo resistir más, se quejó desconsoladamente. El joven emperador dijo: ¿estoy yo acaso en un deleite o baño? Que más tarde se transformara como: ¿estoy yo acaso en un lecho de rosas? Cuauhtémoc fue casado con Tecuichpo (Copo real de algodón), quien era hija de Moctezuma ll. 


     Después de la caída de Tenochtitlan, fue bautizado como Fernando de Alvarado Cuauhtémoc, y su esposa como doña Isabel Moctezuma. El caudillo quedó inválido teniendo que usar muletas y, al igual que otros dignatarios indígenas, fue dejado como señor de Tlatelolco (1521-1523), para auxiliar a los conquistadores en funciones judiciales y administrativas, especialmente en la recaudación de tributos. Cortés dirigió una expedición hacia las Hibueras (Honduras) llevando consigo al  emperador azteca, así como al señor de Texcoco y al señor de Tlacopan. 


     La expedición atravesó lo que hoy se conoce como los estados de Veracruz y Tabasco; pasando vicisitudes, llegaron finalmente a un lugar llamado Acallán (Alcalá) en los primeros días de febrero de 1525. Cortés recibió rumores por parte de Mexicantzincatl de que Cuauhtémoc y sus compañeros trataban de recuperar el poder y decidió darles muerte, mandándolos a la horca, en la ciudad de Izancánac la noche del 28 de febrero de 1525, poniendo como excusa la conspiración. Algunos historiadores difieren de la fecha y lugar donde fue muerto. Hace algunos años se dijo haber sido descubiertos los restos de su cuerpo en Ichcateopan, Gro. Más que los huesos cercanos al polvo vale la grandeza de su alma y de su ejemplo para la juventud mexicana, o como bien lo comenta el verso de uno de nuestros poetas modernos: “Único héroe a la altura del arte”.


     Cuauhtémoc, Último mensaje de. El lunes 12 de agosto de 1521, un día antes de ser capturado, Cuauhtémoc llamó a su Consejo de Gobierno y emitió lo que se conoce como:


“El último mensaje de Cuauhtémoc”

Nuestro destino ya se ocultó,
Nuestro sol ya majestuosamente desapareció su rostro,
Y en un lugar completamente oscuro
Nos ha dejado.

Ciertamente sabemos otra vez volverá,
Que otra vez saldrá
Y nuevamente vendrá a alumbrarnos.
En tanto que allá entre los muertos permanezca
Muy rápido reunámonos
Congreguémonos
Y en el centro de nuestro corazón escondamos
Todo nuestro corazón lo que ama
Y sabemos nuestra riqueza
Nos es como gran esmeralda
Hagamos desaparecer nuestros templos,
Nuestras escuelas de altos estudios, nuestros juegos de pelota,
Nuestras escuelas para jóvenes, nuestras casas de canto,
Que sólo queden nuestros caminos
Y nuestros hogares que nos preserven.
Hasta cuando se digne salir nuestro nuevo sol,
Los venerados padres y las veneradas madres
Que nunca se olviden de
Decirles a sus jóvenes
Y enseñarles a sus hijos,
Mientras vivan,
Precisamente cuan buena ha sido
Hasta ahora nuestra amada ANÁHUAC,
Donde nos cuidan nuestros dioses,
Su voluntad y su deseo,
Y sólo por causa de nuestro temor de ellos y nuestra humildad ante ellos
Que recibieron nuestros venerados antecesores
Y que nuestros venerados padres,
A un lado y otro en las venas de nuestro corazón,
Los hicieron conocer en nuestro corazón.
Ahora nosotros entregamos la tarea a nuestros hijos:
Que no olviden, que les informen a sus hijos
Intensamente cómo será su elevación,
Cómo nuevamente se levantará nuestro venerable sol;
Y precisamente cómo reservará su fuerza
Precisamente cómo cumplirá grandiosamente su promesa
Esta nuestra venerada y amada tierra madre ¡ANÁHUAC!

(Tlacatzin STIVALET)


     Tomado de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las cosmologías de las culturas mesoamericanas. Ediciones Culturales Exclusivas. 2007.


martes, 7 de octubre de 2014

CALMÉCAC Y TELPOCHCALLI

CALMÉCAC Y TELPOCHCALLI
ANTONIO FCO. RODRÍGUEZ ALVARADO


Calmécac. De cal(li), casa + meca(tl), cuerda, lazo, cordel, mecate y figuradamente los corredores largos y estrechos + c, en:   “En el cordel o hilera de casas”.  Escuela azteca en que se preparaban los hijos de los nobles para ser sacerdotes o jefes. Dentro de los calmécac más antiguos figuraban los de la ya abandonada ciudad de Xochicalco, donde recibió durante veinte años toda su preparación Ce-Acatl Topiltzin Quetzalcóatl. Los calpullis (barrios) más importantes contaban de ordinario con un calmécac, existían al menos 6 calmécac en Tenochtitlan. Recibían educación civil y religiosa bajo una disciplina muy severa, pues los dedicaban a los oficios más rudos y a hacer sacrificios cruentos en su cuerpo. Era una especie de monasterio y de colegio, pues allí moraban sacerdotes en gran número, que educaban a los muchachos. Se sustentaba una estricta preparación del cuerpo para la batalla, de la mente para vivir y servir, y del espíritu para el perfeccionamiento interior como meta suprema y a la vez para llegar con dignidad a la muerte. En esa casa estaba la imagen de Quetzalcóatl. Velasco Piña (2003), Rodríguez (2003).



Telpochcalli. De telpochtli o telpuchtli, muchacho, adolescente, + calli, casa: Casa de los jóvenes. Colegio, universidad destinada a los jóvenes de clase media. Casi todos los calpullis (barrios) tenían su propio telpochcalli. Estaban consagrados al dios Tezcatlipoca. Estaban dirigidos por jefes llamados Telpuchtlato. Pintábanse el cuerpo de negro, a excepción del rostro, vestían el máxtlatl (mastate, taparrabo), y por todo abrigo la manta llamada clalcaayatl, de pita torcida de maguey, en forma de red floja y rala; era este el distintivo de estos colegios civiles. La embriaguez era castigada con pena de muerte. De estos seminarios se retiraban para casarse; y para lograr su separación daban al Telpuchtlato diez o doce mantas grandes, llamadas cuachtli (cuascles); el superior les hacía un largo razonamiento recomendándoles sus deberes. Chavero, tratando de señalar las diferencias entre el calmécac y el telpuchcalco, dice que el calmécac era uno solo y estaba en el templo mayor; los sacerdotes daban en él la educación, y sus mancebos se sujetaban a la jurisdicción del sacerdocio, que podía condenarlos aún a muerte.  Enseñábanse allí las ciencias, que eran patrimonio exclusivo del templo; su objeto principal era formar ministros de sus dioses; pero se daba como asesoría la instrucción militar. El telpochcalco tenía por objeto principal la instrucción en las cosas de guerra, aunque por la conexión que había entre el sacerdocio y el poder guerrero se hacían también ejercicios religiosos. En las pinturas de los Códices se manifiesta esta diferencia poniendo negros el cuerpo y el rostro de los mancebos del calmécac, y únicamente el cuerpo de los del telpochcalli. Velasco Piña (2003), Rodríguez (2003).


    Tomado de mi libro: Los Tuxtlas nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca. Analogía con las cosmologías mesoamericanas. Incluye diccionario de localismos y mexicanismos. 2007. Ediciones Culturales Exclusivas. Boca del Río, Veracruz.


martes, 23 de septiembre de 2014

EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA

EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel,
Si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo,
Si los rollitos no te generan trauma,
Si nunca has sufrido de anorexia,
Si tu estatura no afecta tu desarrollo personal,
Si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas,
Si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas,
Si sabes cómo se prepara un arroz,
Si puedes preparar un almuerzo completo con postre,
Si tu prioridad no es ser rubia para llamar la atención,
Si no te levantas a las 4:00 a.m. para llegar primera al gimnasio,
Si puedes salir con ropa de gimnasia tranquila a la calle un domingo, sin una gota de maquillaje en el rostro…
ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN… ¡Eres una mujer exquisita!
Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies;
Si no aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.
Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo;
Es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa, con una simple caricia y un buen consejo puede alegrarte la vida.
Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos;
Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes… y los que estamos fuera de foco somos los hombres); sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.
Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia; es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.
Y un HOMBRE… UN HOMBRE EXQUISITO es aquel que valora a una mujer así.
Que se siente orgulloso de tenerla como compañera…
Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento…
Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y tender la ropa, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes…
La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser ‘Muy machas’ nos llevan gran recorrido…
¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el “regalo” solamente por la vistosidad de su empaque…!

Tonto y mil veces tonto el hombre o la mujer que come mierda en la calle, teniendo un exquisito manjar en casa.



lunes, 22 de septiembre de 2014

JERÓNIMO SAVONAROLA

JERÓNIMO SAVONAROLA
PRECURSOR DE LA GRAN REFORMA 1452-1498


Todo el pueblo de Italia afluía a Florencia en número siempre creciente. Las enormes multitudes ya no cabían en el famoso Duomo. El predicador Jerónimo Savonarola abrasaba con el fuego del Espíritu Santo, y sintiendo la inminencia del Juicio de Dios, tronaba contra el vicio, el crimen y la corrupción desenfrenada en la propia iglesia. El pueblo abandonó entonces la lectura de las publicaciones mundanas y banales, y comenzó a leer los sermones del fogoso predicador; dejó de cantar las canciones callejeras y se puso a cantar los himnos de Dios. En Florencia, los niños hicieron procesiones para recoger las máscaras carnavalescas, los libros obscenos y todos los objetos superfluos que servían a la vanidad. Con todos esos objetos formaron en la plaza pública una pirámide de 20 metros de altura, y le prendieron fuego. Mientras esa pirámide ardía, el pueblo cantaba himnos y las campanas de la ciudad repicaban anunciando la victoria.
     Si entonces la situación política allí hubiese sido igual a la que hubo después en Alemania, el intrépido y piadoso Jerónimo Savonarola habría sido por cierto el instrumento usado para iniciar el movimiento de la Gran Reforma, en vez de Martín Lutero. A pesar de todo, Savonarola se convirtió en uno de los osados y fieles heraldos que condujo al pueblo hacia la fuente pura y las verdades apostólicas de las Sagradas Escrituras.

     Jerónimo era el tercero de los siete hijos de la familia Savonarola. Sus padres eran personas cultas y mundanas y gozaban de mucha influencia. Su abuelo paterno era un famoso médico de la corte del duque de Ferrara, y los padres de Jerónimo deseaban que su hijo llegase a ocupar el lugar del abuelo. En el colegio fue un alumno que se distinguió por su aplicación. Sin embargo, los estudios de la filosofía de Platón, así como de Aristóteles, solo consiguieron envanecerlo. Sin duda alguna, fueron los escritos del célebre hombre de Dios, Tomás de Aquino, lo que más influencia ejerció en él, además de las propias Escrituras, para que entregase enteramente su corazón y su vida a Dios. Cuando aún era niño, tenía la costumbre de orar, y a medida que fue creciendo, su fervor en la oración y el ayuno fue en aumento. Pasaba muchas horas seguidas orando. La decadencia de la iglesia, llena de toda clase de vicios y pecados, el lujo y la ostentación de los ricos en contraste con la profunda pobreza de los pobres, le afligían el corazón. Pasaba mucho tiempo solo en los campos y a orillas del río Po, meditando y en contemplación en la presencia de Dios, ya cantando, ya llorando, conforme a los sentimientos que le ardían en el pecho. Siendo aún muy joven, Dios comenzó a hablarle en visiones. La oración era su mayor consuelo: las gradas del altar, donde permanecía postrado horas enteras, quedaban a menudo mojadas con sus lágrimas.
     Hubo un tiempo en que Jerónimo comenzó a enamorar a cierta jovencita florentina. Sin embargo, cuando la muchacha le hizo comprender que su orgullosa familia Strozzi nunca consentiría su unión con alguien de la familia Savonarola, que ellos despreciaban, Jerónimo abandonó por completo la idea de casarse. Volvió entonces a orar con un fervor creciente. Resentido con el mundo, desilusionado de sus propios anhelos, sin encontrar a nadie que le pudiese aconsejar, y cansado de presenciar las injusticias y perversidades que lo rodeaban, sin poder remediarlas, resolvió abrazar la vida monástica.
     Al presentarse al convento, no pidió el privilegio de hacerse monje, sino solamente que lo aceptasen para realizar los servicios más humildes de la cocina, de la huerta y del monasterio.
     En el claustro, Savonarola se dedicó con más ahínco  aún a la oración, al ayuno y a la contemplación en la presencia de Dios. Sobresalía entre todos los demás monjes por su humildad, sinceridad y obediencia, por lo que lo designaron para enseñar filosofía, posición que ocupó hasta salir del convento.
     Después de haber pasado siete años en el  monasterio de Boloña, Fray Jerónimo fue para el convento de San Marcos, en Florencia. Cuando llegó, su desilusión fue muy grande al comprobar que el pueblo florentino era tan depravado como el de cualquier otro lugar. Hasta entonces no había reconocido que solamente la fe en Cristo es la que salva.
     Al completar un año en el convento de San Marcos, fue nombrado instructor de los novicios y, por fin, lo designaron predicador del monasterio. A pesar de tener a su disposición una excelente biblioteca, Savonarola usaba cada vez más la Biblia como su libro de instrucción.
     Sentía cada vez más el terror y la venganza del Día del Señor, que vendrá, y a veces se ponía a tronar desde el púlpito, contra la impiedad del pueblo. Eran tan pocos los que asistían a sus predicaciones, que Savonarola resolvió dedicarse por entero a la instrucción de los novicios. Sin embargo, igual que Moisés, no podía de esa manera escapar al llamamiento de Dios.
     Cierto día, al dirigirse a una monja, vio de repente, que los cielos se abrieron, y delante de sus ojos pasaron todas las calamidades que sobrevendrán a la Iglesia. Entonces le pareció oír una voz que desde el cielo le ordenaba que anunciara todas esas cosas a la gente.
     Convencido de que la visión era del Señor, comenzó nuevamente a predicar con voz de trueno. Bajo una nueva unción del Espíritu Santo, sus sermones condenando el pecado eran tan impetuosos, que muchos de los oyentes se quedaban por algún tiempo aturdidos y sin deseos de hablar en las calles. Era común durante sus sermones, oír resonar los sollozos y el llanto de la gente en la iglesia. En otras ocasiones, tanto hombres como mujeres, de todas las edades y de todas las clases sociales, rompían en vehemente llanto.

     El fervor de Savonarola en la oración aumentaba día por día y su fe crecía en la misma proporción. Frecuentemente, mientras oraba, caía en éxtasis. Cierta vez, estando sentado en el púlpito, le sobrevino una visión que lo dejó inmóvil durante cinco horas; mientras tanto su rostro brillaba, y los oyentes que estaban en la iglesia lo contemplaban.
     En todas partes donde Savonarola predicaba, sus sermones contra el pecado producían profundo terror. Los hombres más cultos comenzaron entonces a asistir a sus predicaciones en Florencia; fue necesario realizar las reuniones en el Duomo, famosa catedral, donde continúo predicando durante ocho años. La gente se levantaba a media noche y esperaba en la calle hasta la hora en que abrían la catedral.
     El corrompido regente de Florencia, Lorenzo de Médicis, trató por todos los medios posibles, como la lisonja, las dádivas de cohecho, las amenazas y los ruegos, inducir a Savonarola a que desistiese de predicar contra el pecado y, especialmente, contra las perversidades del regente. Por fin, viendo que todo era inútil, contrató al famoso predicador Fray Mariano para que predicase contra Savonarola. Fray Mariano predicó un sermón, pero el pueblo no le prestó atención a su elocuencia y astucia, por lo que no se atrevió a predicar más.
     Fue en ese tiempo que Savonarola profetizó que Lorenzo, el Papa y el rey de Nápoles iban a morir dentro de un año, lo que efectivamente sucedió.
     Después de la muerte de Lorenzo, Carlos VIII de Francia invadió Italia y la influencia de Savonarola aumentó todavía más. La gente abandonó la literatura banal y mundana para leer los sermones del famoso predicador. Los ricos socorrían a los pobres en vez de oprimirlos. Fue en ese tiempo que el pueblo preparó una gran hoguera en la “Piazza” (plaza) de Florencia y quemó una gran cantidad de artículos usados para fomentar vicios y vanidades. En la gran catedral Duomo ya no cabían más los inmensos auditorios.

     Sin embargo, el éxito de Savonarola fue muy breve. El predicador fue amenazado, excomulgado y, por fin, en el año 1498, por orden del Papa Alejandro VI, fue ahorcado y su cadáver quemado en la plaza pública. Pronunciando las palabras: “¡El señor sufrió tanto por mi!” terminó la vida terrenal de uno de los más grandes y abnegados mártires de todos los tiempos.
     A pesar de que hasta la hora de su muerte sustentó muchos de los errores de la Iglesia Romana, enseñaba que todos los que en realidad son creyentes están en la verdadera iglesia. En todo momento alimentaba su alma con la Palabra de Dios. Los márgenes de las páginas de su Biblia están llenos de notas escritas mientras meditaba en las Escrituras. Conocía de memoria una gran parte de la Biblia y podía abrirla y hallar al instante cualquier texto. Pasaba noches enteras orando, y tuvo la gracia de recibir algunas revelaciones mediante éxtasis o visiones. Sus libros titulados “La humildad”, “La oración”, “El amor”, etc., continúan ejerciendo gran influencia sobre los hombres. Previamente habían ingresado al índice de Libros prohíbidos.
     Destruyeron el cuerpo de ese precursor de la Gran Reforma, pero no pudieron apagar las verdades que Dios, por su intermedio, grabó en el corazón del pueblo.

  Orlando Boyer  Biografía de grandes cristianos. 2001, Editorial Vida, Miami, Florida.