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jueves, 4 de diciembre de 2014

NATIKI Glaudien Kotzé

NATIKI
GLAUDIEN KOTZÉ


     El sol crepuscular del Kalahari se hunde tras los espinos. Los cazadores regresan de la sabana. Los habitantes del kraal charlan y ríen.

     Las dos hermanas de Natiki y su madre se untan el cuerpo de grasa. Están poniéndose guapas porque esta noche se celebra la danza de la luna llena.

     Natiki arde en deseos de asistir con ellas a la gran danza, pero cuando le pregunta a su madre si puede ir, ella le dice:

     - Ve a buscar las cabras y tráelas a casa antes de que caiga la noche. Recoge leña y prepara una buena fogata para mantener a distancia a los animales salvajes.

     La madre y las dos hermanas tratan realmente mal a Natiki. Están celosas  porque es más hermosa que sus dos hermanas mayores. Y les da miedo que algún cazador se encapriche con ella en la danza.

     Así pues, Natiki se va a la sabana. Cuando regresa al kraal con las cabras, su madre y sus hermanas ya han salido hacia la fiesta.

     Natiki coloca sobre la tapia del recinto para cocinar un puñado de púas de puerco espín que ha recogido por el camino. Se Cepilla el pelo con una ramita de espino y se unta en la cara un ungüento amarillo preparado a base de grasa y corteza triturada. Se pone un collar de cáscaras de huevo de avestruz, se entreteje el cabello con ristras de cuentas y se ata a los tobillos orejas de gacela secas y rellenas de semillas. Por último, mete en una bolsita de cuero las púas de puerco espín.

     La luna ya está alta cuando echa a andar por el sendero. Según avanza, va clavando de tanto en tanto en el suelo púas de puerco espín.

     Cuando llega a lo alto del promontorio y divisa la gran fogata de la danza, se pone un poco nerviosa. ¿Qué van a decir su madre y sus hermanas? Pero, al oler la carne sobre el carbón, sus pies empiezan a brincar y las orejas de gacela de sus tobillos hacen shirr-shirr.

     Natiki llega a la hoguera y, al principio, se queda un poco apartada. Ve a  su madre y a sus hermanas; éstas, como las demás mujeres, se están preguntando quién habrá llegado tan sola a la fiesta, y para colmo es una desconocida.

     Luego Natiki se dirige hacia las mujeres que están cantando y batiendo palmas. Se suma a los cantos, da palmas y sus pies se mueven ligeros. Un cazador joven le sonríe al pasar de largo bailando. Sus ojos se detienen en ella.

     Las hermanas de Natiki empiezan a bostezar en cuanto se hace tarde, abriendo de tal modo sus bocazas que se las ve aún más feas. La madre recoge sus cosas y luego les dice a sus dos hijas mayores:

     -Id a coger un poco más de carne para vosotras y nos marchamos a casa –y, con esto, se retiran.

     Natiki canta y bate palmas con las otras mujeres durante largo rato. Al final cuando todas están rendidas de cansancio, el joven cazador se acerca a ella.

     -Caminaré contigo- le dice.

     Mientras van siguiendo el rastro de púas del puerco espín que les conducirá a la choza de la madre de Natiki, la muchacha le cuenta al joven cómo la maltratan su madre y sus hermanas. Y qué furiosa se pondrá su madre si se da cuenta de que Natiki ha asistido a la danza.

     Entonces el cazador dice:

     -Te voy a llevar conmigo, lejos de ellas. Yo me encargo de hablar con tu madre.

     La madre y las hermanas oyen voces que se aproximan desde la lejanía.

     -Debe de ser ella, que vuelve a casa con uno de los cazadores –dice la hermana pequeña.

     -Qué va, ¿quién querría caminar con ella? Pregunta la hermana mayor, que siente muchos celos de Natiki.

     Entonces aparecen en el rojo resplandor del fuego Natiki y el joven cazador. Ella está muy hermosa.

     -Mala hija, ¿qué habrás estado haciendo? –la regaña la madre.

     Al ver que Natiki se echa a temblar, el joven cazador se vuelve hacia la madre.

     -Voy a llevarme de aquí a Natiki esta noche, para siempre –dice-. Y me ocuparé de que sus pucheros nunca estén vacíos.

     -¡Ya verás qué inútil es! –chilla la madre, y se levanta de un salto para separar a Natiki del cazador. Pero la joven es más rápida que ella. Se aparta de un salto y se refugia detrás del cazador. Su madre ya no puede hacer nada.

     Y, así, Natiki se marcha con el cazador hacia el lugar donde habita su pueblo, muy, muy lejos.

     Todas las tardes, cuando la madre y las hermanas regresan cargadas con grandes haces de leña a la espalda, las hermanas mascullan:

     -Natiki, Natiki, cualquier día volverás.

     Pero Natiki vive feliz y contenta, cuidando muy bien a su esposo y a sus hijos. Y el cazador cumple su promesa: nunca falta carne para sus pucheros.


     Kraal. Agrupamiento de chozas ocupadas por una familia o un clan; campamento. El kraal de estos relatos en particular sería un conjunto de chozas hechas con esteras de caña o junco, de forma que sea fácil desmontarlas, transportarlas y volver a montarlas en otro lugar.

TOMADO DE
MIS CUENTOS AFRICANOS
DE NELSON MANDELA

     El desierto del Kalahari atraviesa con sus más de 930.000 km² varios países del sur africano (Botsuana, Namibia y Sudáfrica). En el desierto del Kalahari podremos encontrar una fauna sorprendente: roedores, antílopes, jirafas y leones.

El primer explorador extranjero que consiguió atravesarlo fue el británico David Livingstone en 1849. Peor suerte tuvieron las caravanas posteriores que intentaron llegar hasta Angola por este territorio, muriendo de sed. La palabra “Kgalagadi” (kalahari en tswano) significa “gran sed”.


     En el desierto del Kalahari se encuentra un pueblo nómada único: los khoisans, o bosquimanes, nombre con el que eran denominados anteriormente por la población blanca sudafricana. Pocos cazadores con lanzas envenenadas siguen persiguiendo sus presas en el desierto del Kalahari. El contacto con otras culturas ha hecho que este pueblo se asiente y se dedique a la agricultura y pastoreo.

Kalahari viene de 'kala' la cual significa gran + 'hari' que significa sed.

     También se encuentran los khoikhois, pueblo que se extiende más allá de la frontera con Botsuana en el desierto del Kalahari. Khoikhoi significa “hombres de hombres”, y aunque son definidos como otro pueblo nómada pariente de los san, poseen unas características peculiares que los identifican: los khoikhois van añadiendo piedras en montículos funerarios en sus cementerios cada vez que van, y estos han permitido a los antropólogos descubrir los movimientos migratorios de dicho pueblo. Además, sin llegar a tener una religión completa, creen en una fuerza superior que viene del Este  (por eso sus tumbas están orientadas en este sentido), en la existencia del alma después de la muerte, y en numerosas adoraciones a la naturaleza. Wikipedia.
Una suricata en el desierto del Kalahari


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