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domingo, 9 de julio de 2017

EL COCODRILO QUE DEVORÓ A LA LUNA Antonio Fco. Rguez. A.

EL COCODRILO QUE DEVORÓ A LA LUNA
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Imagen Internet

Se despidió la tarde, llevándose el sol todo su espectro de luces y colores. Pequeñas fogatas titilantes aparecían en el firmamento, dando paso a nuestro pequeño y nocturno sol de plata, el cual empezó a dispersar las densas sombras, e iluminó la noche.


     En una apartada región de la tierra, el colosal cocodrilo se molestó de su brillo, le había interrumpido su modorra. Y al verla reflejada en el centro de las cenagosas aguas del pantano, no lo pensó más: dejo su sitio preferido junto a las raíces de su querido mangle, y dejando atrás lirios y juncos, sigilosamente se sumergió, confundido entre las algas, hasta lo más profundo, para llegar debajo del reflejo de la luna. Tomó fuerte impulso para subir a la superficie y abriendo descomunalmente sus fauces se la tragó.


     El apagón provocado por el saurio desconcertó al resto de los animales noctívagos, quienes emitiendo quejumbrosos sonidos fueron escuchados por las estrellas del cielo. Éstas, en castigo,  lanzaron cientos de rayos sobre el cuerpo del osado animal que al no soportar el gran dolor liberó a la luna de sus entrañas.


     Se dice que a partir del gran número de heridas y quemadas recibidas, el cocodrilo tiene desde entonces su piel llena de crestas y protuberancias óseas.


     Nadie más ha vuelto a meterse con la luna. Y cada vez que veo a las ranas comiéndose a las luciérnagas me acuerdo de esta malograda selenofagia.





Xalapa, Ver. México. 07.07.17 

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