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miércoles, 27 de julio de 2022

OYENDO A DEBUSSY María Elena Muñoz

 

OYENDO A DEBUSSY

MARÍA ELENA MUÑOZ

(Montevideo, Uruguay 1905-1964)

 


 Pórtico de luz que se abre

a lejanías brumosas,

ríos cuajados de estrellas,

afluencia de ocultas ondas.

 

Desprendimientos humanos,

lastres que se van perdiendo.

Voces que tienen su fuente

más allá del Universo.

 

Luces que se desvanecen

en las orillas remotas,

aguas silenciosas que hunden

sus angustias en la sombra.

 

Lluvia en jardines difusos

que se derrama indolente

y pone su balbuceo

en las estatuas silentes.

 

Cristales de aguas ligeras

que las corrientes agitan.

A las distancias de nieblas

llegan lentas y perdidas.

 

Campanario submarino...

Alma gris de la campana

que apaga sus elegías

bajo el manto de las aguas.

 

Resurrecciones, torrentes,

fragua donde arde un anhelo,

irrupción de astros y llamas

que alumbran antros desiertos.

 

Secretos de altas regiones

en los ramajes del viento,

ascensión del alma errante

por los caminos del cielo.

 

Nieve que cae de la luna,

albas plumas de la nieve

suspensas en el espacio

por un hálito celeste.

 

Sordinas en los paisajes

donde cruzan con sigilo

visiones que en nebulosas

sueñan los astros dormidos.

  



María Elena Muñoz (Montevideo, 1905-1964) fue una poeta uruguaya.

Hay discrepancias en cuanto a su año de nacimiento, se considera que nació en el año 1905 o 1873 y falleció en 1964. A pesar de estar alejada del ambiente literario de los años 20 y 30 en Montevideo, sus obras aparecen editadas en las revistas destacadas de la época como La Cruz del Sur, Alfar, Pegaso (revista) e Izquierda.

Su vida se extinguió en 1964, dentro del silencio en que se había instalado durante más de 30 años, esta figura trémula, un poco siempre en vago más allá, un poco siempre entre los ámbitos de la tarde y la noche.

Sus días y años en qué concitó la atención fueron en torno a 1925, cuando sus sobrinos Gervasio y Álvaro Guillot Muñoz que redactaban en La Cruz del Sur, forzaron su modestia. Los muchachos de su época estaban entusiasmados. La colocan al lado de Delmira Agustini, de María Eugenia Vaz Ferreira y de Juana de Ibarbourou. Y aparecieron entonces sus poemas, rodeados siempre de palabras de cariño y de estímulo. Leandro Castellano Balparda ilustrará tres, en 1931. "Cartel", de Ferreiro, reaniman la siempre débil fe de María Elena, una y otra vez. Luis Giordano le dedica una conferencia entera en la "Historia Sintética de la Literatura Uruguaya, Plan del Señor Carlos Reyles" (1931), Jules Supervielle califica de admirable hallazgo su poema "Llueve". Eduardo Dieste, en "Teseo" (1930) habla de "Horas Mías" como de un libro que "si no es definitivo, revela un talento definitivo".

Aunque hija de una antigua familia muy respetable y entroncada con los fundadores de la nación, creciendo en medio de élites sociales e intelectuales y educada con una cultura europea, María Elena buscó siempre por naturaleza, la penumbra, la soledad más que la sociedad, y el silencio más que la conversación animada -bien que fuese la afabilidad y delicadeza en persona.

Su obra Horas mías tiene el prólogo de Juana de Ibarbourou y fue publicada en 1924. En 1926 publica "Lejos" con prólogo de Pedro Leandro Ipuche.

 

Obra

 

En verso

Horas mías (1924)[5]

Lejos (1926)

Puñado de Agua (1931)

 

En prosa

Refracciones, (1929)




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