JOSEFA
MURILLO
“La Alondra del Papaloapan”
POETISA. Nació la
inspirada y sentimental poetisa, señorita Josefa Murillo, en Tlacotalpan, Ver.
, el 20 de febrero de 1860, en la casa número 16 denominada antiguamente del
Reloj.
Fueron sus padres el doctor don Mariano
Murillo y la señora doña Manuela Carlín, ambos personas muy honorables y
caracterizadas por sus virtudes.
Comenzó sus estudios de primeras letras en
la casa de sus tías las señoritas Toral, donde se educaban otros niños y niñas
de la localidad. Como fue desde pequeña muy enfermiza, poco estudió allí,
limitándose a repasar la cartilla que entonces se usaba y a aprender a coser. Fue
la única escuela que tuvo.
Más tarde continúo sus estudios en su casa
bajo la dirección de su padre, el filántropo doctor que ya antes mencionamos. Este
señor también se formó solo. Además de ayudar a su hija en sus estudios, puso
en sus manos varios libros, y así fue como la pequeña Josefa siguió ampliando
sus conocimientos.
Fue de un gran talento, tenía una
inteligencia privilegiada; pues no obstante carecer de escuela, porque no
frecuentó ni universidades, ni siquiera planteles de menor importancia llegó su
labor a ser aplaudida y admirada.
Era tanto su amor por el estudio, que
cuentan de ella lo siguiente: ocupaba la Presidencia de la República el
licenciado don Benito Juárez y sabiendo la niña Josefa, porque lo había oído
contar, que don Benito favorecía a cuantos deseaban estudiar, ella tuvo esta idea
que comunicó a su hermana: escaparse de su casa, tomar pasaje en un barco que
hacía la travesía entre Tlacotalpan y Veracruz, para de allí trasladarse a la
capital de la República y solicitar al excelso Presidente su ayuda para seguir
estudiando.
Llegó a poseer un gran caudal de
instrucción que ella misma se proporcionó, leyendo, estudiando, observando la
naturaleza; cosa bastante rara y digna de encomio tratándose de una mujer que
vive alejada, donde no hay muchos estímulos para el trabajo.
Su conversación era agradable y amena, a
la vez que instructiva; revelaba a la mujer culta y virtuosa. Se podía pasar
varias horas conversando con ella sin fastidiarse.
Ya dijimos que sufrió muchas enfermedades
desde pequeña; pero ese cuerpo endeble y delicado encerraba un espíritu superior,
un alma soñadora, un talento nada común.
A la edad de quince años compuso sus
primeros versos; se los inspiró la muerte de una amiguita suya, a la que quería
mucho. La pena despertó su corazón; de un gran dolor surgió la primera estrofa
y la mujer se convirtió en poetisa.
Después siguió haciendo versos; pero en
todos ellos se nota una gran pena; ¿qué habría en su corazón angustiado? Una
decepción, algún amor desgraciado que sufrió en su juventud, hizo que en todas
sus composiciones apareciera ese sentimentalismo que se observa en ellas. Desde
entonces, el dolor fue su musa; pero no empleó en sus versos ese lloriqueo
plañidero y empalagoso de algunos poetas, sino solo la manifestación sencilla
de sus tristezas y dolor resignado.
La cantó al río, al ave, al viento, a la
naturaleza toda. Tiene varias composiciones, entre ellas: “A una estrella”, “¿Para
qué?”, “Tu imagen blanca”, “La ola”, “Quiero
ver”, “contraste”, “Ecos”, “Siempre sufriendo”, “Fugaces” y muchas otras. Todas
sus producciones las firmó con el seudónimo de Xóchitl. No fueron muy conocidas
todas sus poesías porque no era afecta a darlas a la publicidad.
Amaba la poesía como un don divino; la
inspiró aquella exuberante y bella naturaleza del Papaloapan. Poseía la exquisita
sensibilidad del poeta, ese don de poder expresar las emociones sentidas en
lenguaje bello y armonioso.
El éxito
de sus versos consiste en la sencillez y espontaneidad, en la ausencia de
rebuscamiento o artificio. Su lenguaje siempre es claro y sencillo, a la vez
que florido y elegante.
También produjo algunos versos jocosos y
satíricos cuando se encontraba en ratos alegres, aunque fueron pocos, tales
como: ”Don Pegote”, “Desahucio”, “Letrilla chaquistera” y otros.
Causa admiración también la fidelidad con
que pinta y describe cuadros de la naturaleza, hermosos paisajes de su tierra
natal, a la que tanto quiso. En esta poesía descriptiva es una verdadera
artista, como ejemplo de esta clase de composiciones dejó “Vagando en el
terruño” y otras.
A la espiritual y dulce poetisa Josefa
Murillo, por sus inspiradas poesías le llamaban La Musa de la Perla del Papaloapan. Era muy bondadosa, sencilla y
modesta, no obstante su gran valer; recibía con la misma amabilidad al pobre y
al rico. Joven virtuosa, hija excelente, encerrada siempre en el hogar paterno;
hermana cariñosa, amiga fiel y poetisa inspirada, eso fue Josefa Murillo.
Después de larga y penosa enfermedad,
falleció el 1º. De septiembre de 1898 a la 1:00 A. M., en su ciudad natal.
El fallecimiento de la virtuosa poetisa
fue muy sentido por toda la sociedad tlacotalpeña y por las letras patrias, que
perdían a una eminente artista.
Los funerales fueron espléndidos y las
muchas manifestaciones de condolencia que le hicieron demostraron la gran admiración
y cariño que sentían por su musa predilecta, la cantora del Papaloapan. Fue sepultada
bajo la sombra de un bello arbusto de cempasúchil, al que ella cantó.
Como homenaje y ofrenda a la distinguida
poetisa, bajo la dirección del talentoso literato veracruzano, también
tlacotalpeño, don Cayetano Rodríguez Beltrán, se formó un libro conteniendo la colección
de composiciones poéticas y en prosa que con motivo de la muerte de tan
distinguida artista le dedicaron la prensa, muchos amigos, literatos y
escritores de renombre. Figuran composiciones de don Justo Sierra, Amado Nervo, Juan de Dios Peza,
Rafael Delgado, Enrique González Llorca,
Peón del valle y otros más. También contiene algunas de las producciones de la
poetisa.
El 1º. De septiembre de 1913, precisamente
a los quince años de su fallecimiento, un grupo de intelectuales, admiradores
de la poetisa y justos apreciadores de su obra, organizaron unas ceremonias
para llevar a cabo la Glorificación de Josefa Murillo. Los actos que se efectuaron
fueron los siguientes: descubrimiento de una loza conmemorativa en la casa
donde nació la célebre poetisa, plantación de un virzúchil junto a su tumba y
una velada en el Teatro Netzahualcóyotl. En todos los actos se dirigieron
sentidas y bellas composiciones, cantando los méritos y ensalzando las virtudes
de la excelsa poetisa, que fue todo sentimiento, amor y virtud.
Tomado del libro: Biografías de
veracruzanos distinguidos. Margarita Olivo Lara. Tomo 11, M-Z. Primera edición
1998. IVEC.
No hay comentarios:
Publicar un comentario