Translate

viernes, 12 de octubre de 2012

LA VIEJA QUE COMÍA GENTE


LA VIEJA QUE COMÍA GENTE
Cuento tzeltal
Adaptación del cuento  Francisco Hinojosa




De pronto,
le salían patas
y garras de tigre
y los dientes
le crecían tan grandes
como los de un león.


     Una vez, vino de Guatemala una mujer que se quedó a vivir cerca de Tuxtla Chico. Allí, en una cueva, puso su casa. Mala era la mujer, y fea, medio chaparra y con el pelo gris por no bañarse nunca. Su vestido estaba roto de todas partes y era tan sucia que todo a su alrededor olía mal.
     La tierra entera estaba asustada. Ni los animales más pequeñitos ni los más  feroces pasaban cerca de la cueva porque olía muy mal y porque se escuchaban extrañas y horrorosas voces salidas de la boca de la mujer.
     Pero había veces en que viajeros perdidos o un caminante cansado, que no conocía el rumbo, pasaban por allí. Entonces, la vieja los invitaba a que pasaran la noche en un rincón de su cueva para que durmieran allí los buenos sueños del reposo.
     La mujer esperaba a que su invitado cerrara los ojos y, tan pronto se quedaba dormido, empezaba a cantar sus malos hechizos.
     De pronto, le salían patas y garras de tigre y los dientes le crecían tan grandes como los de un león. Luego, se acercaba sigilosamente, como lo hacen los gatos, y se comía vorazmente al pobre hombre, cuentan que de esta manera habían desaparecido familias enteras en una sola noche.
     Vino entonces de Guatemala un buen brujo que conocía muy bien a la vieja y quería vengarse de ella. Al llegar al pueblo convenció a la gente de que él era un yerbero con buenas intenciones y que podría acabar con la mala mujer. Todos estuvieron de acuerdo en aceptar su ayuda.
     Hace mucho tiempo este brujo había sido una de esas grandes esculturas de las civilizaciones antiguas. Una noche cobró vida, y así como era, un hombre de piedra, tomó el camino para Tuxtla Chico. No se le notaba que su cuerpo era de piedra porque iba vestido como campesino, aunque sus pies eran tan pesados que se hundían en la tierra que pisaba.
     Así, se fue rumbo a la cueva y le pidió posada a la vieja. Ella lo mandó a dormir al único rincón limpio que había. El brujo se acostó y se dispuso a dormir hasta que la vieja, convertida en animal, se acercó a él.
     Fea era ella, con cara de vieja y dientes de león, cuerpo de culebra y patas de tigre. Le dio la primera mordida y sus dientes se quebraron contra la piel de roca. Furiosa, lo arañó, y sus uñas se le desprendieron. Desesperada, lo pateó, y sus pezuñas se rompieron.
     La vieja cayó al piso de tanto dolor mientras el brujo, tranquilo, seguía durmiendo.
     A la mañana siguiente, el brujo despertó y vio que a su lado estaba la vieja, muerta, más fea y horrible que nunca. Desde entonces, la gente de Tuxtla Chico vive contenta. Ahora, los animales andan tranquilos, el aire es bueno y la cueva limpia.



1 comentario:

  1. Gracias por compartir!!
    Yo tenía ese cuento y otros mas en una colección de una editorial, pero no sé en dónde habrán quedado ahora...

    ResponderEliminar