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miércoles, 5 de febrero de 2020

¿QUÉ PASARÍA...? Mario Benedetti


¿QUÉ PASARÍA...?
MARIO BENEDETTI


Imagen Internet

¿Qué pasaría si un día
despertamos dándonos
cuenta de que somos mayoría?


¿Qué pasaría si de pronto
una injusticia, sólo una,
es repudiada por todos,
todos los que somos, todos,
no unos, no algunos, sino todos?


¿Qué pasaría si en vez de
seguir divididos nos
multiplicamos, nos sumamos
y restamos al enemigo que
interrumpe nuestro paso?


¿Qué pasaría si nos
organizáramos y al mismo
tiempo enfrentáramos
sin armas, en silencio,
en multitudes, en millones de
miradas la cara de los
opresores, sin vivas,
sin aplausos, sin sonrisas,
sin palmadas en los hombros,
sin cánticos partidistas,
sin cánticos?


¿Qué pasaría si yo pidiese
por ti que estás tan lejos,
y tú por mí que estoy tan lejos, y ambos por
los otros que están muy
lejos y los otros por
nosotros aunque estemos lejos?


¿Qué pasaría si el grito
de un continente fuese
el grito de todos los continentes?


¿Qué pasaría si pusiésemos
el cuerpo en vez de lamentarnos?


¿Qué pasaría si rompemos
las fronteras y avanzamos
y avanzamos y avanzamos
y avanzamos?


¿Qué pasaría si quemamos
todas las banderas para
tener sólo una, la nuestra,
la de todos, o mejor
ninguna porque no
la necesitamos?


¿Qué pasaría si de pronto
dejamos de ser patriotas para
ser humanos?


No sé... me pregunto yo:


¿Qué pasaría...?




lunes, 20 de enero de 2020

LOS AMANTES Y EL SEÑOR DE CHALMA Antonio Fo. Rguez. A.


LOS AMANTES Y EL SEÑOR DE CHALMA
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

Dibujo de Alberto Beltrán

A principios del siglo XX, en plena época de la Revolución, antes de que los carrancistas acabaran con el poblado de Milpa Alta volviéndolo un lugar lóbrego y solitario, que hasta un par de ánimas errantes llegó, para quedarse en él; los habitantes acudían, en el mes de enero, en procesión año tras año al Santuario de Chalma, situado a 60 kilómetros, en donde en la cuarta década del s. XVl los frailes agustinos habían llevado un Cristo Negro para suplantar a la divinidad prehispánica Tezcatlipoca, llamado por los frailes Oztotéotl, Dios de la Cueva, colocándolo en la gruta de éste. La gente devota y ferviente acudía a agradecer o a pedir favores al Señor de Chalma, el cual decían que era muy milagroso. Casi todos, en la medida de sus posibilidades, llevaban como ofrendas ramos de flores, floreros, candeleros, cirios, veladoras, aceites y manteles para el altar. Era usual, además, llevar un estandarte que indicaba de dónde venían.


La procesión recorría esa distancia en dos días, parando en poblados y parajes intermedios para descansar y tomar sus alimentos. La penúltima parada la hacían en un lugar simbólico, después de Ocuilan, en donde se encuentran dos árboles de pino sobre el camino. La historia de estos pinos es la siguiente:


Se comenta que una pareja de pocos años de casados, la cual vivía plenamente enamorada, quiso ir a pedirle con mucha ilusión al Señor y Padre de Chalma que bendijera de por vida su gran amor. El Santo al escucharlos, supo que el esposo en un par de años se enamoraría inevitable y perdidamente de otra mujer, y que la joven esposa ante la ruptura de amor, deshecha en un mar de lágrimas, moriría de dolor. El Santo, quiso concederles el deseo expresado por ellos, y a la vez, tratando de evitar el cruel desenlace que el destino les tenía preparado, los convirtió en un par de árboles que se mantienen abrazados de por vida, y al pie de ellos hizo pasar un arroyo como muestra de las lágrimas de felicidad de la joven enamorada.


Después de esta conversión a la pareja, se acostumbró que todo peregrino que iba por primera vez tenía que bailar frente a estos árboles. Unos hombres dejaban el sombrero. Algunas mujeres bailaban y otras se cortaban el pelo o se rompían las ropas y colgaban ambas cosas en el árbol. Había quien colgaba en el árbol el ombligo de un niño. Habiendo bailado y todo ya colgado, continuaban su camino hasta Chalma. Se decía que en ese lugar se dejaba todo el cansancio debajo de esos árboles.


La mayor afluencia de peregrinos se produce durante el primer viernes de cuaresma, cuando se combinan ritos católicos y paganos, como el dedicado a la deidad mazahua Oztotéotl.


Xalapa, Ver. México. 18.01.2020


Algunos datos sobre la peregrinación y los árboles los tomé de la Memoria Náhuatl de Milpa Alta relatada por dona Luz Jiménez, en el libro de Fernando Horcasitas.



domingo, 5 de enero de 2020

MI POEMA, SON TU MUNDO Y TU SONRISA Gloria Echeagaray/ Antonio Fco. Rguez. A.


MI POEMA, SON TU MUNDO Y TU SONRISA
Gloria Echeagaray Blancarte (GREB)
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

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Me miras seriamente y me dices aquel viejo poema:

Me gustas, porque no soy tu Mundo,
ni tu Sonrisa y tampoco soy tu razón de vivir.
Cuando te encontré, ya tenías tu propio camino
y tus motivos para sonreír.
Yo solo llegue para admirar tu grandeza
y acompañarte en tu vuelo.


Reflexiono tus palabras y te contesto:

No sé, pero tu  mundo y tu sonrisa,
forman mí más bello poema,
tu vida, es la razón de mi locura.
Y cuando te encontré
y te besé debajo de la lluvia,
ese beso despertó mis alas dormidas
y tomados de la mano
aprendí a volar contigo
por encima de todos los caminos,
los mares y los cielos.



Me dices esta vez con suavidad:

Llueve... tu voz de inviernos repletos, 
tu mirar rozando mis orillas.
Sentimiento certero, mi pensar, 
mi voluntad... cae la lluvia dentro de mí.


Y finalmente... entendimos los dos
Que por muy largo que sea el tiempo
Siempre lo más hermoso y querido
será nuestro mágico momento.



Mazatlán, Sinaloa, México 05.01.20


TEMBLOR Antonio Fco. Rguez. A.


TEMBLOR
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado

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Fuerte temblor el de anoche cuando sentí la presencia de alguien detrás de la puerta, ver girar el picaporte, abrirse la puerta lentamente y aparecer mi buecina más bella que nunca, con una cara entre alegre y rencorosa diciéndome: - ¡Hola vago, espero te hayas divertido mucho, en lo que yo te extrañé, y llegué a odiarte por haberme abandonado tanto tiempo! 


Quedé estupefacto, nervioso, mudo, con un complejo de culpa. No sabía que responderle. Ella noto mi turbación, y entonces sonriendo, se acercó a mí, me abrazo tan cálidamente, restregando su cara con la mía, irrumpiendo en sollozos al momento en que me llenaba de besos diciéndome: -te perdono, te perdono... porque te quiero. ¡Qué bueno qué estás bien, estaba tan molesta que temí no volver a verte! Pero comprendí que para ti tan sólo soy eso: -tu “buecina” que tanto te adora y te procura en todos los sentidos, sin esperar mayor reciprocidad de tu parte, en que me brindes un poco de tu amor. Lo demás, no me importa, sabes que mí único interés por ti eres tú, tal como eres. Es más, no deseo que cambies tu esencia porque ella me motiva y da valor a mi vida. ¡No puedo exigirte más de lo que sé que no puedes darme!


Así fue mi temblor de anoche, tan fuerte, que aún no he dejado de temblar…



Xalapa, Ver. 05.01.20



viernes, 13 de diciembre de 2019

EL EVANGELISTA Teodoro Torres


EL EVANGELISTA

Plaza santo Domingo CDMX

Un evangelista, o escriba, en los portales de la Plaza de Santo Domingo, en la ciudad de México, es alguien que escribe. Cartas, solicitudes, recibos, facturas, etc.  Los evangelistas llevan ese nombre porque, al igual que los evangelistas bíblicos, escriben lo que otro dicta. En 1926, evangelistas y tipógrafos fundaron la Asociación de Mecanógrafos y Tipógrafos de México.


En los años 70,  la figura del evangelista se coló hasta el cine: en 1972, Ignacio López Tarso se convirtió en El profeta Mimí, donde era un evangelista en la mañana y un asesino en serie por las noches. Tres años después, Cantinflas se sentó en una silla frente a una mesa celeste con una máquina de escribir grande, mecánica, negra. Una fila de mujeres le dictaba cartas en El Ministro y yo.


Un tipo de exclusiva procedencia mexicana y que no tiene nada que ver con los memorialistas de otros países, es el Evangelista, o sea el encargado de redactar las cartas y escritos de los que no pueden hacerlo por su propia cuenta. La diferencia que hay entre estos secretarios de nuestro pueblo y los de otros países es la calidad de los trabajos que tienen que desempeñar, pintorescos aquí en extremo porque casi siempre se trata de misivas de amor en las que los Evangelistas tienen que apelar a curiosos recursos de poesía y folklore, adecuados a la idiosincrasia de los solicitantes.

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Los evangelistas están instalados en la plaza de Santo Domingo y su trabajo fue regularizado por los Ayuntamientos de la época colonial concediéndoseles un número que era el despacho necesario para ejercer sus funciones. He aquí como los describe la misma fuente de donde hemos tomado los datos para hablar de las costumbres mexicanas de hace dos siglos.


     “El tipo que voy a describirte; carísimo lector, era por regla general, un ser que a su extremada pobreza unía su natural inclinación a la independencia individual, como que, en efecto, de nadie dependía y a nada se sujetaba, ni aún a la tiranuela gramática. El Diccionario era para él un mueble inútil, pues sólo procuraba darse a entender, no necesitando de otros elementos para desempeñar bien su oficio sino de los siguientes: en lo espiritual, un caletre algo aguzado, y en lo material una vieja papelera de cubierta inclinada, dos sillas de asiento de tule para él y para su cliente, unos cuantos cuadernos de papel de diversas formas, clases, colores y tamaños, un tintero, dos o tres plumas de ave y una navaja para tajarlas. Como era a la vez fabricante y expendedor de tinta de huisache, tenía a los pies de la papelera un cántaro lleno de aquel líquido y en la boca de ese cántaro un pocillo de loza poblana que le servía de unidad de medida. Con los productos de esta pequeña industria el Evangelista aumentaba un tanto cuanto los que le proporcionaban los honorarios de su oficio, bastante escasos de por sí”.

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     “Generalmente, el Evangelista era un individuo ya entrado en años, y tenía que habérselas con personas de todas clases y condiciones”.


     Esto por lo que se refiere al evangelista del siglo pasado y aún al de los principios del presente. El tipo ha cambiado notablemente amoldándose a las necesidades del progreso pues actualmente tiene máquinas de escribir y sus facultades se han desarrollado hasta el grado de que no se concreta a las cartas de amor y a la correspondencia de los menesterosos sino que se puede enzarzar con el más peliagudo epistolario, desempeñar funciones de copista literario, hacer escritos, presentar informes y desempeñar, en una palabra las más delicadas funciones del secretario más entendido.


      La competencia que abarca ya a todos los sectores de las actividades, le ha quitado la exclusividad al portal de Santo Domingo y a la fecha el Evangelista se instala en los zaguanes, pone máquinas de escribir en los “escritorios públicos”, y ya no es en suma el tipo romántico que venimos describiendo sino uno de tantos seres que luchan por la vida confundidos con la corriente humana, sin características definitivas.


Teodoro Torres. Orígenes de las Costumbres. 

Ediciones. Editora Mexicana S. A. México, D. F. 1935






UN HEMISFERIO EN UNA CABELLERA Charles Baudelaire


UN HEMISFERIO EN UNA CABELLERA
CHARLES BAUDELAIRE

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     Déjame respirar mucho tiempo, mucho tiempo, el olor de tus cabellos; sumergir en ellos todo mi rostro, como hombre sediento en el agua de un manantial, y agitarlos con mi mano, como pañuelo fragante, para sacudir recuerdos al aire.


     ¡Si pudieras saber todo lo que veo! ¡Todo lo que siento! ¡Todo lo que oigo en tus cabellos! Mi alma viaja en el perfume como el alma de los demás hombres en la música.


     Tus cabellos contienen todo un ensueño, lleno de velámenes y de mástiles; contienen vastos mares, cuyos monzones me llevan hacia encantados climas, donde el espacio es más azul y más profundo, donde la atmósfera está perfumada por los frutos, por las hojas y por la piel humana.


     En el océano de tu cabellera entreveo un puerto donde se oyen cantos melancólicos, y hormiguean hombres vigorosos de todas las  naciones y navíos de todas las formas, cuyas arquitecturas finas y complicadas se recortan en un cielo inmenso en que se arrellana el eterno calor.


     En las caricias de tu cabellera vuelvo a encontrar las languideces de las largas horas pasadas en un diván, en la cámara de un hermoso navío, mecidas por el balanceo imperceptible del puerto, entre macetas y jarros refrescantes.


     En el ardiente hogar de tu cabellera respiro el olor del tabaco mezclado con opio y azúcar; en la noche de tu cabellera veo resplandecer lo infinito del azul tropical; en las orillas vellosas de tu cabellera me embriago con los olores combinados del alquitrán, del almizcle y del aceite de coco.


     Déjame morder durante mucho tiempo tus pesadas y negras trenzas. Cuando mordisqueo tus cabellos elásticos y rebeldes, me parece que muerdo recuerdos.

Charles Baudelaire (1821-1867)

Poeta, ensayista, crítico de arte y traductor francés. Paul Verlaine lo incluyó entre los poetas malditos de Francia del siglo XIX, debido a su vida bohemia y de excesos, y a la visión del mal que impregna su obra.



martes, 10 de diciembre de 2019

UNA VEZ ATRAVESÉ UNA POPULOSA CIUDAD Walt Whitman


UNA VEZ ATRAVESÉ  UNA POPULOSA CIUDAD…
WALT WHITMAN

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Una vez  atravesé  una populosa ciudad, imprimiendo en mi cerebro, para recordarlos más tarde, sus espectáculos, arquitecturas, costumbres, tradiciones.

A pesar de ello, ahora de toda aquella ciudad, sólo recuerdo a una mujer que encontré allí por azar y que me retuvo porque me amaba.

Día tras día y noche tras noche estuvimos juntos…
Todo lo demás lo olvidé hace tiempo.
Sólo recuerdo, digo,  a aquella mujer que se unió
apasionadamente  a mí.

De nuevo erramos juntos, nos amamos, nos separamos,
de nuevo me retiene de la mano para que no me vaya.

la veo muy cerca de mí, con sus labios mudos, triste y temblorosa.




Walt Whitman (Estados Unidos 1819-1892)