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viernes, 14 de marzo de 2014

LA SELVA DE LOS TUXTLAS Alejandro Estrada/Rosamond Coates

LA SELVA DE LOS TUXTLAS
ALEJANDRO ESTRADA/ROSAMOND COATES-ESTRADA



  
Cada amanecer en la selva de Los Tuxtlas al sur de Veracruz es el inicio de una sinfonía de la vida, como ha sucedido cada día durante millones de años. Parvadas de pericos y tucanes vuelan sobre las copas de los árboles. Grupos de monos aulladores en las copas emiten sus sonoros bramidos, que pueden ser escuchados hasta a 2 km de distancia, avisándole a otros grupos vecinos de su localización en la selva. Colibríes visitan las flores de numerosas plantas en el piso de la selva. Las abejas euglosas se preparan para volar grandes distancias en búsqueda de  néctar y polen. Al anochecer, la vida nocturna es una sinfonía aún más compleja, con la actividad de numerosos insectos, reptiles y anfibios. La noche es el mundo de los murciélagos en busca de frutos, néctar y pequeñas presas y el universo de otros mamíferos como las martuchas, los cacomixtles y el puerco espín arborícola. Es el mundo también de los aromas producidos por las flores de muchas plantas y que pueden olerse a docenas de metros de distancia, señalando a insectos y a otros polinizadores la presencia de alimento. A medida que el amanecer se vuelve día o el anochecer se vuelve noche, la vida en la selva asume el rico ritmo de una antigua danza de nacimientos, hambre, crecimiento, muerte y descomposición.

     Las selvas húmedas, como las de Los Tuxtlas, son universos verdes especialmente complejos. Las partes más altas del dosel, que llegan a alcanzar hasta 40  o más metros de altura, están ocupadas por las copas de los árboles emergentes que, en conjunto con las numerosas plantas trepadoras, bromelias y orquídeas, permiten que sólo lleguen unos cuantos rayos de Sol al suelo. Gigantescas torres formadas por los troncos de los árboles en conjunto con las lianas y otras plantas trepadoras sostienen el techo de la selva. En el suelo predomina la penumbra. Esta penumbra inhibe el crecimiento de las plantas, por lo que el piso de la selva está sorprendentemente  libre de vegetación. Una delgada alfombra de materia orgánica formada por las hojas, ramas y otras partes de las plantas, y que llamamos hojarasca, yace en el piso.

     A medida que caminamos por la selva, el aire se siente húmedo y cálido. La lluvia matutina aún escurre rítmicamente de las hojas de las plantas. Esta humedad atrapada en el interior de la selva sostiene una exuberancia de plantas y animales. El dosel retiene la humedad, modera los cambios diarios de temperatura y detiene la fuerza de la lluvia y los vientos. Parados en el piso de la selva notamos pocos cambios en la temperatura y humedad, pero un mono aullador o un mono araña posado en la parte más alta de las copas debe enfrentarse a temperaturas mucho más elevadas, a fuertes vientos y a un ambiente más seco.

     Desde el techo de esta catedral natural hasta la corteza del árbol que tocamos con nuestras manos, la selva aloja numerosos inquilinos. Los árboles proveen pequeños hábitat para diferentes tipos de plantas, capaces de sobrevivir bajo condiciones muy especiales. Los musgos y líquenes cubren las superficies de las ramas. Las bromelias, que obtienen sus nutrientes de la materia orgánica y de la lluvia atrapada por las copas, proliferan sobre los troncos y ramas. Cada estrato vertical de la selva es un hábitat único ocupado por insectos, aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Así, en el piso de la selva podremos encontrar, entre una gran variedad de insectos, a las hormigas arrieras acarreando miles de fragmentos de hojas de los árboles hacia sus nidos. Más arriba podemos ver lagartijas anolis y colibríes junto con otras llamativas aves. Aún más arriba encontramos ardillas, mariposas y aves de bellos colores, como las tangaras. En las partes más altas del dosel están, entre muchos otros habitantes, los monos aulladores, los tucanes y el gavilán blanco.









TANGARAS





     FRAGMENTO. Introducción al libro Las selvas tropicales húmedas de México. 3ª reimpresión 2000. Fondo de Cultura Económica. México, D. F.


LA MUERTE José Luis Herrera García.

LA MUERTE
JOSÉ LUIS HERRERA GARCÍA



La muerte llegó envuelta en delirio, astenia,
anorexia y vómitos,
así también de temblor e incoherencia.

Todo mundo cree que ella llega de repente,
y no es cierto.
Llega poco a poco y se va metiendo en ti,
Tú la vas sintiendo tuya, como una parte de ti,
Así que te acostumbras a ella.

Ella te sonríe, vacila contigo, te hace cosquillas,
y tú sonríes, puedes estar hasta contento.
Pero ella ya está ahí participando de tu vida, y tú no lo sabes.

Ella llega como las novias, algo nuevo, diferente,
y se acomoda contigo.

A algunos los hace soñar,
se porta como un perrito faldero, tranquilo, tímido,
condescendiente, amoroso,
de repente te muerde, te desgarra, te desangra,
te aniquila.

A veces se tranquiliza y te deja vivir un poco,
mientras ella se complace y se solapa en tu dolor,
hasta que un día, amanece de malas y llegan los dolores,
las fiebres, las náuseas, y vómitos, la falta de hambre,
la falta de aire, la hinchazón y el sufrimiento constante,
y tú sucumbes.

Pero también la muerte te libera,
te deja limpio,
te regresa a la tierra, al polvo, al camino.
La muerte no te desaparece,
sólo te cambia, te transforma,
y aunque no lo quieras,
te mantiene vivo.


     De su libro: Relatos y Versos. Al paso del tiempo…

     Guadalajara, Jalisco, México. 07-03-2014


lunes, 10 de marzo de 2014

NEONATICIDIO POR INDIA GUAIQUERÍ

INDIA GUAIQUERÍ MATA A SU BEBÉ NEONATO PARA QUE NO SUFRA EN LA VIDA


      Al hablar de la nación Guaiquerí, entre otras razones que da el P. Joseph Gumilla de su cortísimo número de individuos (unos 60 hombres), nos dice que las mismas madres al cortar el cordón umbilical de sus hijas, lo hacían de manera que la niña muriera desangrada a los pocos momentos.

     “Supo de una india, la más capaz de aquellas colonias, dice él, que había cometido aquel crimen y, pasado un mes, tuvo el mismo Padre noticia cierta del hecho. ‘Pasado un mes, dice, hícele cargo de su inhumanidad con toda viveza, energía y nervio de razones que pude por largo rato. Escuchóme la india sin levantar los ojos del suelo y, cuando yo pensé que ya estaba del todo convencida y arrepentida, me dijo: ‘Padre, si no te enojas te diré lo que hay en mí corazón’. ‘No me enojaré, bien puedes hablar’, le dije. Entonces, ella me contestó de este modo (pongo una literal traducción de la lengua betoya al castellano): ‘Ojalá mi Padre, ojalá mi madre cuando me parió me hubiera querido bien y me hubiera tenido lástima de tantos trabajos como hasta hoy he padecido y habré de padecer hasta morir. Si mi madre me hubiera enterrado luego que nací, hubiera muerto y con ello me hubiera librado de la muerte que vendrá y me hubiera escapado de tantos trabajos tan amargos como la muerte; y ¿quién sabe cuántos otros sufriré antes de morir? Tú, Padre, piensa bien los trabajos que tolera una pobre india entre estos indios; ellos van con nosotras a la labranza con su arco y flechas en la mano y no más; nosotras vamos con un canasto de trastos a la espalda, un muchacho al pecho y otro sobre el canasto; ellos se van a flechar un pájaro o un pez y nosotras cavamos y reventamos en la sementera; ellos a la tarde vuelven a casa sin carga alguna y nosotras, a más de la carga de nuestros hijos, llevamos las raíces para comer y el maíz para la bebida; ellos en llegando a la casa se van a parlar con sus amigos y nosotras, a buscar la leña, traer agua y hacerles la cena; en cenando ellos se echan a dormir, más nosotras, casi toda la noche, estamos moliendo el maíz para hacerles su chicha; y ¿en qué para nuestro desvelo? Beben su chicha, se emborrachan y, ya sin juicio, nos dan de palos, nos cogen los cabellos, nos arrastran y pisan. Ah, ¡mi Padre! Ojalá que mi madre me hubiera enterrado luego que me parió. Tú bien sabes que nos quejamos con razón, pues lo que te he dicho, lo ves cada día; pero nuestra mayor pena no la puedes saber, porque no la puedes padecer. Sabes, Padre, la muerte que es que la pobre india sirve al marido como esclava en el campo sudando, y en casa sin dormir y al cabo de veinte años toma otra mujer muchacha sin juicio. A ella la quiere y aunque les pegue y castigue a nuestros hijos, no podemos hablar, porque ya no nos hace caso ni nos quiere; la muchacha nos ha de mandar y tratar como a sus criadas, y si hablamos, con el palo nos hace callar; ¿cómo se sufre todo esto? No puede la india hacer mayor bien a su hija que pare que librarla de estos trabajos, sacarla de esta esclavitud peor que la muerte. Ojalá, vuelvo a decir, Padre Mío, que mi madre me hubiera hecho el cariño de su amor enterrándome luego que nací. ¡Con esto no tuvieran mi corazón ni mis ojos tanto que llorar!

     ‘Lo peor del caso, añade el Padre, es que todo cuanto alegó y mucho más que hubiere dicho, todo es verdad. Tengo por cierto que no hay en el mundo mujeres más desdichadas que las indias’.

     Estas palabras de una mujer indígena hablando acerca de su triste situación son elocuentes por sí mismas.

     DATOS OBTENIDOS DE UNA ENTREVISTA DEL PADRE JOSEPH GUMILLA SOBRE LA TRISTE CONDICIÓN DE UNA MUJER INDÍGENA VENEZOLANA DEL  GRUPO GUAIQUERÍ.



MARÍA SABINA...POEMA

POEMA DE MARÍA SABINA ...


Soy mujer que mira hacia adentro
Soy mujer luz del día
Soy mujer luna
Soy mujer estrella de la mañana
Soy mujer estrella dios
Soy la mujer constelación guarache
Soy la mujer constelación bastón
Porque podemos subir al cielo
Porque soy la mujer pura
Soy la mujer del bien
porque puedo entrar y salir del reino de la muerte.

Soy una mujer sin sangre
El pájaro me roba la sangre
El libro abierto me roba la sangre
El agua me roba la sangre
El aire me roba la sangre
La flor me roba la sangre
Me conocen los santos del cielo y los ángeles
Dios me conoce
El corazón de la Santísima Madre de Cristo
El corazón de Nuestro Señor Jesucristo.

Soy una mujer que llora
Soy una mujer que escupe
Soy una mujer que ya no da leche
Soy una mujer que habla
Soy una mujer que grita
Soy una mujer que da la vida
Soy una mujer que ya no pare
Soy una mujer que flota sobre las aguas
Soy una mujer que vuela por los aires.

Soy una mujer que ve en la tiniebla
Soy una mujer que palpa la gota de rocío posada sobre la yerba
Soy una mujer hecha de polvo y vino aguado
Soy una mujer que sueña mientras la atropella el hombre
Soy una mujer que siempre vuelve a ser atropellada
Soy una mujer que no tiene fuerza para levantar una aguja
Soy una mujer condenada a muerte
Soy una mujer de inclinaciones sencillas
Soy una mujer que cría víboras y gorriones en el escote
Soy una mujer que cría salamandras y helechos en el sobaco
Soy una mujer que cría musgo en el pecho y en el vientre
Soy una mujer a la que nadie besó jamás con entusiasmo
Soy una mujer que esconde pistolas y rifles en las arrugas de la nuca.

Soy mujer que hace tronar
Soy mujer que hace soñar
Soy mujer araría, mujer chuparrosa
Soy mujer águila, mujer águila dueña
Soy mujer que gira porque soy mujer remolino
Soy mujer de un lugar encantado, sagrado

Porque soy mujer aerolito.


jueves, 6 de marzo de 2014

LA TÍA Daphne De Luzuriaga

LA TÍA
 Daphne de Luzuriaga

LA PATRULLA se detuvo frente a la elegante mansión de la Colonia del Valle en la ciudad de México.
     Entre dos policías bajaron a Darío, el cual llevaba las manos esposadas. Se acercaron a la puerta y Darío alzó las manos hasta lograr tocar el timbre. La enorme puerta de madera labrada se abrió, y una joven sirvienta sonrió al ver al recién llegado.
     -¡Joven Darío!... -La sonrisa desapareció al ver las manos esposadas- ¿Qué sucedió, joven?...
     -Nada, no te preocupes. Quiero ver a mi tía. ¿Cómo sigue?...
     -Mal, joven. Siempre hablando y preguntando por usted. A veces tiene mejoría. Pero ya el médico ha dicho…
     -¡Bien!... –interrumpió uno de los agentes- Hemos venido a verla. Anuncie a su sobrino.
     -Voy a avisar a la enfermera… -dijo la muchacha.
     Los hicieron pasar, y por las elegantes escaleras bajó una mujer de mediana edad: la enfermera.
     -¡Por favor…! –Imploró Darío- Quiero ver a mi tía. Pedí permiso de salir a verla, cuando me enteré de la gravedad de ella.
     La enfermera vio las manos esposadas del joven, y dijo:
     -Si te ve así, o ve a los agentes se va a poner mal, y hoy ha estado tranquila... ¿No podrían soltarlo mientras que ve a la Sra. Montalvo?...
     -Imposible. Hay reglamento que debemos seguir… Pero podemos esperarlo aquí, si usted nos asegura que no hay otra salida por donde escape.
     -Si no hay más remedio… Te vendaré las manos y le dirás que te has lastimado.
La enfermera puso un vendaje para tapar las esposas, y condujo a Darío hasta la habitación de doña Celia Montalvo…
     Doña Celia sonrió dolorida al ver al joven, y se enderezó un poco en sus cojines. -¡Darío, has venido por fin!...
     Darío alzó los brazos en un espontáneo impulso por abrazar a su tía, y los vendajes cayeron dejando ver las esposas en las muñecas del joven.
     -¡Darío!... ¡No me digas que…!...
     -¡Tía!... -dijo, echándose de bruces al regazo de la tía- No quería que te enteraras y te haga sentir mal, pero anhelaba verte y pedí permiso… Afuera me esperan los agentes… Por eso no podía venir a verte… Pero sólo me faltan dos meses… He aprendido la lección y no volveré a torcer el camino…
     -Ya, ya… mi amorcito… -dijo la señora Celia mientras acariciaba el rostro y los rizos sedosos y bien cuidados del joven.
     -Te juro que seré otro… Hay una joven que me está esperando. Es una chica buena, modesta y discreta… Tal y como tú me habías recomendado. Se llama Rubicelia… Casi como tu nombre…
     -Bueno, bueno, hijo… Espero tener tiempo para conocerla. Ya la traerás cuando salgas. Ahora vete. Me siento muy cansada…-La dama se dejó caer en las almohadas.
     Darío salió. Los policías lo empujaron a la salida, lo subieron a la patrulla y arrancaron.
     A dos cuadras dieron vuelta a la izquierda. El que manejaba saco el brazo y quitó la torreta, arrojándola a la parte de atrás, mientras el otro “agente” se quitaba la placa, en tanto que decía:
     -Todo salió a pedir de boca. ¿Qué te dijo la vieja, Darío?... ¿Cayó en la trampa?...
-¡Claro!... Quedó segura de mi reivindicación. Y como siempre he sido su sobrino favorito… La herencia de sus cientos de millones está segura… ¡Lo contenta que se pondrá Ruby cuando sepa que sus caprichos serán cumplidos!…
     -Recuerda que a la mujer “ni todo el amor, ni todo el dinero”… -dijo el que iba a su lado.
     En la mansión, la Sra. Celia Montalvo llamó a la enfermera:
     -Por favor, Susy, asómate a la ventana y apunta la matrícula de la patrulla que está abajo. Verifica en la comandancia de policía su autenticidad, y me informas…
     Pocos minutos después la enfermera llevaba la información:
     -Tenía razón, señora. No existe tal patrulla. ¿Cómo lo supo?...
     -Ningún presidiario tiene el cabello tan sedoso y cuidado, un cutis tan terso, ni unas manos suaves y arregladas. Llama ahora al notario. Voy a cambiar mi testamento. Darío no verá ni uno de mis centavos.


     (Este cuento fue inspirado por una noticia televisiva, donde informaban que los uniformes de agentes policiales se venden a cualquiera en Tepito y que no son ya pocas las veces que delincuentes se hacen pasar por policías para cometer sus delitos).


miércoles, 5 de marzo de 2014

MAURICIO GARCÉS Frases célebres

MAURICIO GARCÉS
FRASES CÉLEBRES

     Un día 27 de febrero de 1989, se nos adelantó  Mauricio Garcés. Este es un homenaje con las 25 frases más célebres del Maestro.

1. Arrooooooz.

2. Debe ser terrible tenerme y después perderme.

3. Claro que quiero ser el hombre de tus sueños.... pero para eso, ya duérmete mamacita.

4. Los hombres no mentimos, sólo buscamos alternativas para darles gusto a sus exigencias.

5. No soy un imposible, el que persevera alcanza.

6. "¡Las traigo muertas!"  

7. "¡Te voy a hacer pedazos!"

8. No importa el tiempo, tarde o temprano, todas caen...

9. Una noche sin estrellas, es como mi alcoba sin mujeres, no tiene chiste verla.

10. Casarte, rogarle o pedirle perdón a una mujer es como tentar al demonio, te dirá que sí, pero estarás condenado toda tu vida.

11. Las mujeres son como la gripe mal cuidada, nos pueden hacer llorar y en el peor de los casos hasta matar.

12. Es bueno saber que soy el pensamiento incómodo de algunos maridos.



13. Sólo dame la oportunidad de demostrarte que hoy seré todo tuyo, mañana no te lo aseguro.

14. El juego de palabras que utilizan las mujeres, es como un laberinto sin salida y sin retorno.

15. Si de ganado fino se trata, más vale ser cuatrero perseguido, que ganadero cornudo.

16. ¿Que eres una muchacha decente? No te preocupes. Yo ese defecto te lo corrijo rápidamente.

17. No importa de qué parte del mundo vengas, te voy hacer pedazos.

18. Los hombres somos como el café, tómame calientito y no te dejaré dormir toda la noche.

19. Las mujeres con ideales, son mujeres con pasiones, los hombres con pasiones son ideales para las mujeres.

20. Chiquitita, yo soy como el tiempo, una vez que me pierdes, jamás me recuperarás.

21. Soy un hombre demasiado tranquilo, pero en la alcoba soy una fiera, un atleta de olimpiada con medalla de oro, tú dices si te arriesgas a perder.

22. Soy tu presente, soy tu futuro, pero no te preocupes, en un momento tu marido quedara en el pasado.

23. Mi misión en esta vida es tener a las mujeres contentas, si todavía no llego contigo, es porque no me ha dado tiempo, pero no desesperes hay muchas en la fila.

24. No luches en terrenos donde sólo hay un conquistador, detesto ver llorar a un hombre cuando saben que yo fui el mejor.

25. Yo no soy vanidoso y bien sabe Dios que me sobran motivos para serlo.


     Mauricio Garcés (n. el 16 de diciembre de 1926, Tampico, Tamaulipas - 27 de febrero de 1989, Ciudad de México) fue el nombre artístico de Mauricio Féres Yázbek Garcés, actor mexicano recordado especialmente por su representación satírica en varias películas del galán seductor, maduro y sofisticado de alta sociedad.


     Originario del puerto de Tampico, Mauricio Feres Yázbek nació en el seno de una familia de origen libanés, de la que surgieron reconocidos fotógrafos y su primo también actor Michel Grayeb. A los seis años de edad, la familia de Mauricio se muda al Distrito Federal. Durante la infancia de Garcés en la Ciudad de México, su familia conoció y fue vecina de la familia del actor y empresario Antonio Badú (también de raíces libanesas); ambos artistas fueron amigos desde esa época. Estudió ciencias químicas en la universidad, habiendo de abandonar la escuela para ayudar a ganar dinero a su familia. Ejerció varios empleos hasta que su tío el fotógrafo Tufic Yázbek ayudó a introducir al joven Mauricio de poco más de 20 años en el mundo de la farándula mexicana.
     Su carrera como actor contó con el apoyo de otro tío, el productor José Yázbek, quien lo incluyó en el reparto de La muerte enamorada (1950), comedia protagonizada por Miroslava Stern y Fernando Fernández. A partir de esa película, Mauricio adoptó el apellido artístico Garcés por considerar que la letra G podría traerle buena suerte y convertirlo en una estrella del calibre de sus ídolos Clark Gable, Gary Cooper y Cary Grant.


Incursiónó además en teatro y televisión.

     Dentro de sus películas más taquilleras están:

Don Juan 67
El matrimonio es como el demonio
Click, fotógrafo de modelos
El criado malcriado
Departamento de soltero
Fray Don Juan
Modisto de señoras
Vidita negra
El cuerpazo del delito


     En la última década de su vida, su salud se ve afectada por su adicción al tabaco muriendo de enfisema pulmonar en 1989. Perdió grandes cantidades de dinero por su afición a las apuestas y juegos de azar, cosa que hizo muy complicado el costo del tratamiento de su enfermedad en los últimos años de su vida.


     En contraposición de sus interpretaciones de galán conquistador de mujeres, Mauricio Garcés era de personalidad tímida y retraída. Permaneció soltero a lo largo de toda su vida.



martes, 4 de marzo de 2014

ANTONIO MARIANO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ

ANTONIO M. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ

“El canario es un europeo que nace en África y emigra a América”. Sentencia antigua.





     “La Amistad”, “Ninfa de los Mares”, “El Triunfo”, “La Verdad”, “El Rosario”, eran los veleros que construidos con maderas del Valle de Aridane surcaban el Atlántico, de España hacia Cuba. Varios de ellos naufragaron en Las Bermudas por fuertes temporales. El velero “El Rosario”, en el transcurso de dos años fue ocupado por la familia Rodríguez González, haciendo travesía desde el puerto de Naos. Eran de 18 a 20 días, lo que duraba el viaje.

     Emigraron de los Llanos de Aridane, en La Palma, de las Islas Canarias. Embarcaron en el velero “El Rosario” y del puerto de Naos le dijeron adiós a la Isla Bonita, su último lugar de Europa fue la Gomera y de ahí surcaron el Atlántico para llegar a Caibaren, provincia de las Villas, en la Isla de Cuba.
     Se habían reunido en Los llanos, Antonio con sus padres y sus hermanos, en una tarde de verano, cuando la brisa cargada de humedad estaba presente, y en forma decidida optaron por radicar en América, Cuba o México, sus planes incluían vender su casa y tres fincas, pero solo cuándo hubiesen adquirido una nueva propiedad en el Nuevo Continente.

     La casa de los abuelos, a tres cuadras del centro, era bastante amplia con un jardín interior, llena de espacios, con flores y un hermoso y milenario drago (Dracaena draco). En la sala sobresalía un típico balcón canario.
Islas Canarias
     En el velero “El Rosario”, había tiempo suficiente para pensar, en los molinos de viento, pensaban que dejaban atrás la tradicional loa a la Virgen y la danza de los enanos, y se despidieron solemnemente de la Virgen de los Remedios, lo último que vieron en la isla fue la caldera del Tamburiente, un gran cráter en forma de herradura abierto al mar por la barranca de Las Angustias, y también vivieron los últimos vientos alisios que hacía muy placentero el clima.


     Toda la familia, en el transcurso de dos años, entre 1885 y 1888, se asentaron en la isla caribeña. Pedro Rodríguez P. y Petra González L. fueron mis bisabuelos, y sus hijos eran Manuel, José, Pedro, Josefa, Antonio y Felisa, esta última viuda de Federico González, traía a su hijo Federico de tres y medio años de edad. Al llegar a Cuba quedaron maravillados por el azul turquesa del Mar Caribe y por la prosperidad agrícola de la región. De Caibaren marcharon en tren al pueblo de Camajuani, y de este último sitio a Jagüeyes, a la finca Barrabas y palo Prieto, que previamente mi abuelo Antonio les había preparado para su residencia a toda la familia y para que se dedicaran a la agricultura. Barrabás está situado en las inmediaciones del camino de Camajuani a Santa Clara, siendo atravesada en forma tranquila por el río de Sagua la Chica, que al humedecer la tierra en sus proximidades la hacía más apta para la siembra del tabaco y de la caña de azúcar, cultivos a los que la familia se dedicó en la isla caribeña.

     No hacía aún un año que ya estaba reunida la familia, dedicándose a los trabajos agrícolas, cuando Felisa enfermó de una salmonelosis y murió el 17 de octubre de 1889, sólo tenía 27 años de edad. La tifoidea ocupaba un lugar predominante en las defunciones, por la ausencia de antibióticos. Eran presa fácil de ésta y de otras enfermedades.

     A los dos meses siguientes, en diciembre de 1899, el bisabuelo Pedro Rodríguez, también fallece de tifoidea, en la finca Jagüeyes, ambos están sepultados en el cementerio de Camajuani, provincia de las Villas. Manuel Rodríguez, en ese tiempo fue a los Llanos de Aridane, con todo el poder que le otorgó su madre, con el fin de proponer la casa y las tres fincas, realiza las ventas, cobrando en onzas de oro, pero en el trayecto de su travesía, muere en los primeros días de 1900, sepultándolo en el cementerio de Jíbara, en la provincia de Oriente. El capitán del velero “El Rosario” mandó un telegrama a sus hermanos, para explicarles lo sucedido y entregarles sus pertenencias y el dinero de la venta de las propiedades que había realizado en La Palma. El velero estaba fondeado en el puerto de Caibaren. La madre recibió todo el dinero y el equipaje que traía con una carta explicativa del doloroso caso. La bisabuela, a los 67 años murió en Camajuani, el 27 de noviembre de 1901, de un infarto al miocardio. Pedro, al faltarle su madre, estaba inconsolable, vendió su casa en Camajuani y embarcó para México en 1902, desapareciendo por encanto, porque nunca más en la vida se volvió a saber de él. José residía en Sagua con su familia, su esposa y sus dos hijos y falleció en 1920. Josefa, se casó con un inglés, y ella falleció en 1932, en la Habana, probablemente también de una infección intestinal.

     Mi abuelo Antonio, hombre muy trabajador, gana dinero en las zafras del tabaco y en las moliendas del Ingenio, retirándose de esos trabajos, se dedica al comercio de víveres.

     Se casa en Cuba, y la esposa muere al nacer una niña. Las desgracias no vienen separadas, con ello, pierde su comercio en un incendio, una noche de 1893, pudiendo perder la vida ya que entró al establecimiento imprudentemente, al tiempo que una garrafa de alcohol, hacía explosión.

     Viudo y desalentado por la tragedia vendió sus propiedades y no le quedó un palmo de tierra en el país que le había dado cobijo. -No me duele mi ruina, dijo antes de partir a México, dos años antes de la Guerra de Independencia,  en busca de fortuna; viajó en el barco "Nuestra Señora del Rosario" y arribó al puerto de Veracruz en donde se dedicó al comercio. Vendía vinos, licores y puros. En uno de sus viajes por el interior del estado de Veracruz llegó a Catemaco en donde conoció a la joven y hermosa         Olivia Mortera Aguirre (hija del último Alcalde del Porfiriato, Don Francisco D.Mortera Sinta), estableciéndose en  dicho lugar, donde inicia su nueva familia, teniendo 11 hijos, tres de ellos murieron muy pequeños. Tenía un terreno a 1 kilómetro del centro de la población, llamado “La Poza”, donde cultivaba frutos menores, tabaco y tenía su ganado vacuno. Este terreno lo compró en junio de 1904 por la cantidad de doscientos pesos a doña Bartola Hernández y a don Onofre Absalón. Diariamente iba a “La Poza”, y en la entrada implantó la “Cruz” en recuerdo de Santa Cruz de Tenerife, en sus Islas Canarias. Pasaba por el camino de Tataltetas, y trabajaba cultivando la tierra para sostener a su numerosa familia. Su casa céntrica y confortable, con amplias piezas y un gran patio donde estaba un pozo de agua limpia, árboles frutales, cultivo de verduras y gallinas.

     Los hijos que le sobrevivieron fueron: Esperanza, Hilda, Isabel, Pedro, Francisco, Carlos, Antonio y Manuel. (No recuerdo el nombre de la hija nacida en Cuba).

     Mi abuelo Antonio, era alto, robusto, con unas grandes manos, frente alta, pelo castaño oscuro, ojos café oscuro, usaba lentes, monedero, reloj de bolsillo y cinturón ancho. Era muy alegre pero sereno en sus resoluciones. Tomaba mucho café y fumaba puro; a veces pipa bañada en vino. Sus hijos y sus nietos le llamábamos “Papatoto”. Murió de cáncer en la garganta. Su esposa Olivia era bondadosa, fuerte, sana y alegre. Dueña de su hogar, excelente cocinera y todas sus actividades femeninas eran llevadas a cabo de excelente forma, se esmeraba en los panqués y fabricaba un chocolate casero de inmejorable calidad. Pero lo más importante en ella, era el amor que les daba a sus hijos.



     Esta es la biografía de mi abuelo paterno Antonio Mariano Rodríguez González, realizada por mi primo hermano Armando Ramírez Rodríguez en su libro “La Torre del Tiempo” en junio del 2003. Tiene muy pequeñas adiciones de su hermano Roberto Ramírez Rodríguez y mías.