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lunes, 28 de octubre de 2019

SOMBRA Antonio Fco. Rguez A.


SOMBRA
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado


Imagen Internet

Sombra. Ecahuil o ecauillotl en náhuatl. Según Aguirre Beltrán (1992: 107), la susuma (sombra) es parte de la herencia africana. Entre los verdaderos negros de la costa de Guinea y los bantúes del Congo y la Angola existe la creencia de que una contraparte de la personalidad, abandona el cuerpo durante el sueño y cuando la mente vagamundea, y es la responsable de enfermedades y trastornos frecuentes ya que, en sus extracorporales aventuras, puede ser objeto de la acción maléfica de un hechicero que la sujeta y daña. En tales casos el médico negro se ve obligado a recoger la sombra y volverla a su continente habitual para lograr la curación de quien la ha perdido. || Refiere García de León (1969: 288), que además, la sombra puede escapar del cuerpo durante una hemorragia. Si se pierde la sombra, la persona se debilita, palidece, contrae calenturas y lentamente va empeorando. El tiempo que una persona puede mantenerse viva sin su sombra depende de la edad y de la fuerza que tenga, y varía desde un día hasta una semana. || Según López Austin (1984: 296), entre diversos grupos indígenas actuales, entidad anímica que sale espontánea  o accidentalmente del cuerpo y que puede ser capturada por seres sobrenaturales. Es el antiguo tonalli. || Finalmente, la sombra la perdemos cuando un hechicero la llama y con la muerte. También podemos perderla durante una intoxicación etílica, y por qué no, durante la edad avanzada, con el  Alzheimer.


     Flanet (1977: 104-105, 115, 117, 190), refiere que, entre los mixtecos,  el cuerpo muere, pero la sombra, especie de doble etéreo del cuerpo humano, vive más allá de la muerte; en cierta medida, la sombra, materializa al difunto y si se le presenta a algún familiar, se dirá que esa alma está en pena. La sombra obtiene el reposo sólo si permanece en la sepultura. Es por esto que al noveno día, un rezandero y los hermanos del difunto, acompañados por algunas personas cercanas, van a “levantar la sombra”: se hace una cruz con flores de  itacuaan” (flores de muerto o, literalmente, “flores amarillas”) y veladoras allí donde el individuo perdió la vida; el hermano mayor quita las flores, después de rociarlas con agua bendita y quemar copal, y las deposita en una caja; al alba, las flores son llevadas a la tumba del difunto; en ese momento ya su sombra se ha reunido con el cuerpo en la tumba. La sombra del individuo que ha matado o robado no tiene reposo y vendrá a manifestarse entre los vivos. Cuando se dice que algunos lugares son “pesados” o “sombrosos”, quiere decir, que allí “espantan las sombras”.


     Entre los mixes, en el lugar donde murió la persona, mientras se reza el novenario, el voluntario que va cargar el espíritu del muerto se acerca más, se hinca y va pronunciando estas palabras: “Perdona, no vayas a hacerme daño, súbete a mi espalda que te llevaré a tu casa, para que no andes llorando y asustando a las gentes”. El cargador del espíritu siente el peso del muerto y sufre un escalofrío; enseguida se levanta y camina atrás de los rezanderos hasta llegar a la casa, dentro de la cual deben de apagar todas las luces y guardar silencio todas las personas para no ahuyentar al espíritu, entrando el cargador empiezan un rezo y encienden las luces. Al día siguiente, muy temprano, los rezanderos empiezan el rezo y al término de éste las mujeres recogen las flores del altar y entre todos se dirigen al cementerio a dejar las flores en la sepultura. Si no se efectúa este rito el alma queda penando y con mucho sufrimiento, entonces, por medio del sueño se comunica con algún pariente o amigo pidiéndole que le hagan su ceremonia y levanten su espíritu. Ciclo de vida entre los mixes (1983: 65-66, 72).


     Underhill (1975: 35) refiere que entre los pápagos se pide al muerto que no vuelva a molestar a los vivos, y para evitarlo procuran no volver a pronunciar su nombre, y se refieren a él usando descripciones o eufemismos.


     Según Chevalier y Gheerbrandt (1991: 956) cuando se es un pecador –cuando un individuo ha vendido su alma al Diablo- el cuerpo pierde su sombra, pues la luz que iluminaba al cuerpo se ha apagado. En relación a este concepto Alfredo Rosas (2005: 16) opina sobre la sombra sin cuerpo. Esto es, todavía hay luz en su estrella; pero es una luz negra que anula el cuerpo para resaltar la sombra total, ya que el pecado –como acto dirigido contra Dios- requiere la oscuridad.


Extraído de mi libro "Los Tuxtlas, nombres geográficos pipil, náhuatl, taíno y popoluca". Analogía de las cosmologías de las culturas mesoamericanas. El cual incluye un diccionario de localismos y mexicanismos. Ediciones Culturales Exclusivas, Boca del Río, Veracruz, México. 2007.




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